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Recorrido por los 'horrores' de la estación de Urzáiz

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Recorrido por los 'horrores' de la estación de Urzáiz Marta G. Brea

Obras son amores pero las del complejo comercial Vialia en Vigo acarrean verdaderas molestias para los de momento únicos usuarios: los pasajeros del tren. Los viajeros que llegan o salen de esta estación deben cruzar una infraestructura en construcción a través de un intrincado paseíllo para alcanzar los andenes. A estos comprensivos afectados se suman los trabajadores que sufren durante horas las precarias condiciones de sus puestos.

FARO ofrece un recorrido visual por las entrañas de la estación en obras. Imágenes que respaldan las denuncias efectuadas por representantes sindicales de la plantilla de la estación sobre las condiciones en las que trabajan y las que padecen también los viajeros. Se trata de una situación que aun siendo temporal releva a juicio de los denunciantes la falta de planificación de los responsables de la actuación, Adif.

“Hace tiempo que esta apertura en precario estaba prevista y entonces advertimos de que si no se preparaban bien las cosas esto podría ocurrir”, apuntan fuentes sindicales. Eso evitable que finalmente ha ocurrido produce una imagen impropia de una infraestructura llamada a convertirse en el icono de la primera ciudad de Galicia. Esa edificación que embellecerá una entrada a Vigo machacada por la construcción de una autopista a golpe de regla y cartabón sin pensar en cómo influiría en los residentes el ruido del tráfico y sin contar con la necesidad de instalar servicios básicos para sus viviendas.

“Se abrió la estación sin previsión y sin las herramientas adecuadas ni las condiciones dignas para trabajar”. Las implicaciones de esta queja pasan por soporta frío, polvo, ruido y hasta goteras por la filtración de agua de la lluvia. Para estos trabajadores la obra se centra en el centro comercial “porque ferroviariamente no se ha hecho nada”. De hecho ponen como ejemplo que su función se limita a asistir personalmente a los viajeros en la compra de pasajes en las máquinas automáticas. “Porque ni siquiera existe la venta de billetes”, concluyen.

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