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El confinamiento baja los casos críticos por accidentes de tráfico

La doctora Sabela Vara Adrio, en la UCI del Cunqueiro. FDV

La atención, desde hace un año, está volcada en la nueva infección que ha puesto patas arriba al mundo. Pero al hospital siguen llegando pacientes por otras cuestiones. En las unidades de críticos, el COVID ha disminuido el espacio y recursos de otros enfermos. Pero en las del Álvaro Cunqueiro no han tenido que renunciar a tratar a ninguno. ¿Cómo? Por un lado, porque han podido ampliar las camas hacia otras áreas –salas de Reanimación– aunque con la misma plantilla facultativa y ampliando algo la de Enfermería. Y, por otro, porque han registrado “un descenso generalizado en los pacientes no COVID”, según explica la doctora Sabela Vara. Uno de los más llamativos fue el de los traumatismos por accidentes de tráfico: bajaron un 37% al pasar de los 52 de 2019 a los 33 de 2020.

El desplome fue más acusado durante la primera ola, en la que tuvieron entre 5 y 6 politraumatismos al mes, frente a los 26 que hubo en verano cuando, ya tradicionalmente hay un mayor número. “Pero este año la diferencia es mayor porque hubo muchos menos en primavera”, destaca la intensivista.

Así, la caída durante los picos epidémicos se compensó en verano. En general, el año pasado, tuvieron 154 pacientes por traumatismos frente a los 176 del anterior. Los que no bajaron e, incluso, puede que subieran, fueron los domésticos porque “la gente hizo mucha vida en casa, arreglando cosas...”. Más allá de los efectos de la pandemia, al igual que la tendencia en los últimos años es a una reducción de los pacientes críticos por accidentes de tráfico, también se produce un aumento de las caídas fortuitas por el envejecimiento de la población.

Infecciones

Los casos que asimismo registraron un importante descenso en la UCI del Cunqueiro fueron los de las infecciones, con la desaparición de la gripe en esta campaña y el desplome de las neumonías no vinculadas al COVID. “Seguramente muchos crónicos y muchos EPOC estuvieron confinados”, indica la doctora Vara, que recuerda que también bajaron los infartos. “Al haber menos actividad física, también incide en que los eventos cardíacos fueran menos”, apunta. Además, subieron casos que se asocian al sedentarismo, como los tromboembolismo.

Otros neurocríticos

Salvo los traumatismos, los pacientes neurocríticos se mantuvieron muy parecido a otros años. No bajaron las hemorragias, como las subaracnoideas –sangrado entre el cerebro y los delgados tejidos que lo recubren–. “Se deben a otro tipo de factores y muchos son espontáneos, a veces, por hipertensión, hay más incidencia en ciertas épocas del año como la primavera y el otoño... “ detalla.

“Los neurocríticos se han mantenido en las olas y las no olas y no ha habido ningún retraso diagnóstico, que eso es importante”, subraya la intensivista y añade: “A lo mejor, de otras patologías la gente se quedaba más en casa, pero con estos pacientes no pasó, tienen una sintomatología, como cefalea, por la que vienen”. A pesar de la mayor carga asistencial con el COVID, no solo mantuvieron la atención, sino que crearon protocolos nuevos para hemorragias subaracnoideas. Pide a la gente que no deje de acudir al médico por la pandemia. “Que no se relaje ante ningún signo de alarma, se hacen las cosas bien y no va a pasar nada; hay otras cosas que no son coronavirus y también pueden ser graves”, resalta.

Sobre lo que está por venir, sostiene que “la perspectiva ahora no es del todo buena”. “La tercera ola ha sido muy parecida a la primera pero con una vida relativamente normal de la gente. Y nos ha cogido en pleno invierno. Ese descenso que hubo el año pasado de ciertas patologías, ahora no lo tenemos. Vuelve a haber pacientes infecciosos porque la gente vuelve a hacer vida normal, vuelve a haber accidentes de tráfico...” Y recuerda que la UCI sigue reservando la mitad de sus 30 camas para COVID y que nunca han dejado de tener casos positivos. Ni en verano.

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