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Cuando aprobar conlleva más esfuerzo

Un vigués con hiperactividad, otro con trastorno del espectro autista y otra con hospitalizaciones frecuentes, son 3 de los 5 alumnos del IES Valadares premiados por superación personal

Desde la izquierda, Alberto Montull Caramés, María Fernanda Fernández Gómez y David Comesaña Oliveira Marta G. Brea

Superar la Educación Secundaria Obligatoria no es una tarea sencilla. Pero hay situaciones personales, educativas o socioculturales que pueden ponerlo aún más difícil. Como el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) de David Comesaña Oliveira, los ingresos frecuentes de María Fernanda Fernández Gómez en el hospital o el trastorno del espectro autista (TEA) en grado uno de Alberto Montull Caramés. A pesar de estos obstáculos, estos tres jóvenes vigueses de 17 años lo lograron y la Xunta los ha premiado como ejemplos de superación.

De la veintena de alumnos gallegos que reciben este año este galardón de la Consellería de Educación, hay siete de Vigo y cinco corresponden al instituto de Valadares. Entre ellos, los protagonistas de este artículo.

“Mis profesores se preocupan de ayudarme para que me esfuerce”

Alberto Montull Caramés

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Escuchando a los padres de Alberto Montull Caramés, no parece una casualidad. Padece lo que antes se conocía como síndrome de Asperger. Pero eso es algo que no supieron hasta que tuvo 13 años. Recuerdan que mostraba “una gran inteligencia e ingenio desde pequeño”, pero en Primaria empezaron a percibir dificultades para relacionarse con sus compañeros. Sufrió “cierto grado” de bulling por parte de unos compañeros que se aprovechaban de su incapacidad para defenderse. Con los profesores tampoco conectaba. Alberto es muy bueno en lo que le gusta, como los ordenadores o el mundo audiovisual. Pero sus intereses son muy restringidos y no entiende por qué tiene que estudiar lo que está fuera de ellos. En matemáticas, por ejemplo, solo contestaba a la mitad de los exámenes porque un 5 llega para aprobar. A veces, los docentes pensaban que les tomaba el pelo. No comprendían que “no tiene maldad ninguna”; que es incapaz de mentir; que es muy literal al entender lo que le dicen; y que no da muchas explicaciones.

En ESO, a su “nula habilidad social” se le sumó su “incapacidad para organizar las tareas”. Aunque llega un diagnóstico de TEA que les da la tranquilidad de saber qué sucede y comienza terapia, en el colegio no recibe el apoyo adecuado. No se cambia de centro por su dificultad para adaptarse a otros entornos. Pero suspende tercero y “toca fondo anímicamente”. “Desesperado”, acepta trasladarse al IES Valadares, con el objetivo de sacarse la ESO “como fuera” y entrar en un ciclo, renunciando a su deseo universitario.

Pero el nuevo instituto cambió su mundo. “Me siento respetado por mis profesores y mis compañeros”, responde Alberto y añade: “Mis profesores se preocupan de ayudarme para que me esfuerce y he encontrado actividades como la radio y la zona audiovisual de la biblioteca”. Habituado al entorno online, no solo se adapta bien al confinamiento, sino que diseña la web Valadares na casa para que sus compañeros puedan seguir de forma cómoda las clases. Durante el verano se implicó en la organización de los nuevos accesos por el COVID y produciendo un vídeo informativo para los alumnos. Aprobó y recuperó su deseo de ir a la Universidad para hacer algo relacionado con Informática o Audiovisuales. El premio es para él una “gran alegría y reconocimiento”.

“Estudiaba desde el hospital, los compañeros me traían los deberes”

María Fernanda Fernández Gómez

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María Fernanda Fernández cuenta que, tras cambiar del colegio al instituto, en primero de la ESO, le costaba mucho estudiar. “Me aburría”, señala y añade: “Iba a clases particulares y perdía el tiempo, porque no estudiaba”. Y repitió. En el instituto le metieron en el Programa de Mejora del Aprendizaje y del Rendimiento (Pmar). “Un grupo reducido para la gente a la que le cuesta estudiar”, explica. Escuchando a su familia y a sus amigos, se concienció de que “en un futuro lo iba a necesitar”. “Cogí cabeza”, destaca. En segundo de la ESO se esforzó. “Y lo conseguí. Fui sacando buenas notas”, resalta.

Un quiste en el ovario estuvo a punto de echar por tierra estos esfuerzos en tercero. Faltó mucho a clase por ingresos frecuentes. “Estudiaba desde el hospital, los compañeros me traían los deberes. Me costó, pero lo saqué”, recuerda y agradece la ayuda de los dos profesores de la escuela de Pediatría del Cunqueiro.

En cuarto pasó al aula normal. Le imponía regresar a una clase con el doble de alumnos y con temario que no había dado, por lo que se preparó por su cuenta en verano. Y también lo logró. Su objetivo ahora es estudiar Psicología, para ayudar a la gente.

“Me gustaría que ahora gente se motivara viendo que hay casos como el mío”

David Comesaña Oliveira

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David Comesaña Oliveira cuenta que, cuando empezó el instituto, “estaba todos los días expulsado”. Fue la psicóloga del instituto la que dio con el diagnóstico que explica su impulsividad. Tiene TDAH. “Me dijeron que tenía mucho, una discapacidad del 33%. Me sentía raro”, recuerda. Le llevaron a conocer a un colectivo con el mismo trastorno. “Es más común de lo que creía”, señala. Le tranquilizó ver que no era “un bicho raro”. “Que no estoy solo y que, si lo llevas bien, puedes hacer lo que quieras”, añade. Ahora espera que su caso también pueda servir de ejemplo para otros.

Con terapia, explica que ahora se controla más. “Estoy más atento y más tranquilo”, describe. Su expediente ya empezó a mejorar en segundo de la ESO. “Los profesores vieron un cambio muy grande en mí”, señala. Sin embargo, en tercero se le cruzó otro obstáculo. Se perdió las recuperaciones por un accidente con una carrilana en el que se fracturó una vértebra. Estuvo un mes sin ir a clase y repitió. Pero también lo superó y ahora estudia un ciclo de mecanizado.

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