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La agudeza ciudadana desvela el "misterio" de Bouzas

La colaboración de un aficionado y la experiencia de los científicos de IEO y CSIC concluyen que el manto rosa sí tiene un origen biológico

El manto rosa que cubre la playa desde la semana pasada. // M.G. Brea

El manto rosa que cubre la playa desde la semana pasada. // M.G. Brea

El "misterio" del manto rosado que desde la semana pasada cubre la playa de Bouzas comienza a ser desvelado. La sagacidad de un aficionado y la experiencia compartida por los investigadores del Oceanográfico (IEO) y el Instituto de Investigaciones Marinas-CSIC ha permitido concluir que las manchas sí tienen un origen biológico y que se deben a cianobacterias que procederían de agua dulce.

Aunque en un primer momento se pensó en un vertido, Diego Muñoz, un ciudadano aficionado a observar muestras al microscopio, contactó a través de las redes con Francisco Rodríguez, experto en microalgas del IEO, para plantearle su convicción de que las cianobacterias eran las responsables del llamativo colorido del arenal.

Así que Rodríguez inició las pesquisas de nuevo para acabar confirmando esta hipótesis. Las cianobacterias se mueren en el mar y pierden su color original, probablemente verdoso o marrón, por la degradación de pigmentos como las clorofilas. Y por este motivo cambian al rosado.

El investigador recogió nuevas muestras ayer mismo en el arenal: "Había muchas manchas y ya fue evidente. En el agua se liberan los pigmentos rosados y la tiñen porque son hidrófilos. Además tienen un olor muy fuerte, característico de cuando decaen estos blooms o proliferaciones por su contenido en azufre".

Manuel E. Garci, biólogo de Investigaciones Marinas, apoya este origen biológico del manto rosado, que aparece todos los años. Y también un técnico del IEO confirmó este hecho, además de ratificar que todavía se desconoce el origen.

Así que los investigadores del Oceanográfico y del IIM siguen manos a la obra de forma voluntaria para arrojar luz sobre este fenómeno natural de origen biológico. José Luis Garrido, del CSIC, está realizando análisis de pigmentos y el grupo de Juan Bellas (IEO) ha realizado ensayos de toxicidad positivos con larvas de erizo.

Los resultados confirman la disminución del crecimiento larvario a la dilución del 25 y el 10% de la muestra, pero todavía no se pueden establecer relaciones causa-efecto, ya que esta toxicidad podría no estar originada por una toxina que produzca la cianobacteria.

Los investigadores del IEO también van a desarrollar análisis genéticos para determinar, al menos, la especie mayoritaria de la proliferación. En sus primeros estudios, Francisco Rodríguez ya identificó la presencia de cianobacterias del género Merismopedia.

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