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Los retornados repuntan un 40% y palían la crisis demográfica

Los gallegos que regresan a la comunidad rozan los 5.400 atraídos por vínculos familiares y calidad de vida

Terminal de llegadas del aeropuerto de Peinador Alba Villar

Hace cinco años, Francisco Castro vivió un momento parecido al de tantos otros gallegos que decidieron el siglo pasado cruzar el charco en busca de una oportunidad para mejorar económicamente. A través de la escuela de canteros en la que estudió en Pontevedra, recibió una llamada. Alguien, también de origen gallego, había telefoneado al centro porque tenía entre manos participar en las tareas de restauración del Capitolio, la sede del poder legislativo de los Estados Unidos ubicada en la capital del país, Washington D. C. Y allá se fue para emprender un trabajo muy rentable económicamente y como experiencia vital durante tres años y medio. Tras la pandemia volvió. “Tenía aquí a toda mi familia, echaba de menos a mis hijos porque no pude volver durante la pandemia de COVID. Sopesé quedarme, pero era empezar de cero y, aunque mereció la pena la experiencia, me daba pereza iniciar una vida allí, además de que obtener la green card (la tarjeta que certifica la posibilidad de quedarse de manera indefinida) es bastante complicado. Preferí volver”, relata este escultor.

La calidad de vida que ofrece Galicia y, sobre todo, los vínculos familiares tiraron de él para volver a la comunidad. Son dos argumentos decisivos en la mayoría de retornados gallegos, que deciden aparcar su periplo en el extranjero para volver a asentarse en la comunidad. La cifra de estos repuntó un 40% el año pasado, superando el bajón causado por el COVID en 2020. Entonces, apenas volvieron a la comunidad 3.842 gallegos. La cifra sumó 1.539 personas más en 2021 hasta alcanzar las 5.381, dato que está lejos de los picos de 2017 (6.548), 2018 (7.024) y 2019 (6.710), según las estadísticas de la Secretaría Xeral de Emigración.

Francisco Castro en su taller de Sanxenxo. FdV

Esta vuelta a casa, sumada a la inmigración de extranjeros, está paliando la crisis demográfica de Galicia, que suma décadas de saldo vegetativo negativo, es decir, con más muertes que nacimientos. El año pasado, Galicia perdió 6.174 habitantes, pero en el primer semestre de este ejercicio ha ganado 2.000 gracias a los retornados y a la inmigración, pues en ese período fallecieron 10.651 personas más de las que nacieron, según el Instituto Nacional de Estadística. El saldo migratorio, por tanto, favorece a Galicia en la primera mitad del año en 12.106 personas, que superan así el balance vegetativo, y sitúan la comunidad como la sexta autonomía con mayor capacidad de atracción en España.

El secretario xeral da Emigración, Antonio Rodríguez Miranda, cree que la tendencia del incremento de los retornados se mantendrá no solo en la segunda parte del año tras el repunte de 2021, sino en los próximos ejercicios. “La calidad de vida de aquí, con una seguridad, por ejemplo, que no existe en muchos lugares de América Latina, genera un efecto arrastre. Muchos llegan y ven que tienen viviendas a precios relativamente asequibles, pese a los problemas de los últimos tiempos con los alquileres, escolarización gratuita y sanidad...”, apunta como gancho para fomentar la vuelta de gallegos que se habían marchado.

Hasta 10.000 euros

La Xunta dispone de ayudas para facilitar este regreso que pueden llegar a los 10.000 euros y que están destinadas a estudiantes y a emprendedores. Castro, por ejemplo, recibió 7.000 euros para retomar el taller de su padre en Sanxenxo tras su estancia en Estados Unidos, donde también participó en proyectos para el Cementerio Nacional de Arlington y para el Museo Botánico de Nueva York. La semana pasada incluso lo premiaron por su trabajo en el Capitolio.

“La mayoría de lo que hago es imaginería religiosa, como santos o vírgenes, pero también hago bustos, escaleras u otro tipo de trabajo de piezas de construcción. El 90% es en piedra”, cuenta Castro sobre su trabajo actual.

“Los empresarios que buscaban gente en la escuela de cantería en la que estudié eran hijos de gallegos”

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Casado y con dos niños, su salto a Washington le generó dudas porque decidió irse solo durante una temporada. “Mereció mucho la pena, aunque Estados Unidos tampoco tiene edificios tan antiguos como los que tenemos aquí, pero fue trabajar en el ombligo del mundo”, recuerda sobre una etapa que se abrió “gracias al boca a boca”. Como antaño. “Los empresarios que buscaban gente en la escuela de cantería en la que estudié eran hijos de gallegos”, se ríe.

Esa red de contactos como puente entre las dos orillas del Atlántico sigue funcionando, aunque adaptada a los nuevos tiempos digitales, sostiene Miranda, que matiza los datos de retornados.

“Jurídicamente, un retornado es un español que vuelve. Aquí son gallegos, pero parte de su familia carece de esa nacionalidad”, aclara. “Muchos vienen con una pareja e hijos que todavía no tienen DNI español, así que figuran como extranjeros”, añade. “Entre el 25% y el 30% de familias que atendemos en las oficinas de asesoramiento a los retornados tienen miembros sin la nacionalidad española”, calcula.

Por edades

Esta vía es la principal fórmula para combatir el invierno demográfico en Galicia, donde un cuarto de la población supera los 65 años. “A medio plazo es una de las soluciones para solventar el reto demográfico, pero no solo en Galicia, sino en toda España”, sostiene Miranda.

Pero, ¿qué tipo de población regresa? “El 80% de retornados tiene menos de 65 años, el 60% no supera los 45 y en cuanto al saldo migratorio, los datos del INE reflejan que el 70% tiene menos de esa edad”, enumera el responsable de Emigración de la Xunta.

Simón Espinosa

Simón Espinosa

Simón Espinosa

En un apartado de las estadísticas de Emigración, se traza un perfil de edades mezclando tanto retornados gallegos como extranjeros, que sumaron 19.719 personas el año pasado, un 35% más que las 14.547 de 2020, el año de irrupción del COVID. Las cifras están lejos, pese a la recuperación, de las 26.932 de 2019: 6.710 retornados y 20.222 inmigrantes.

De acuerdo con estas estadísticas, el 17,8% supera los 55 años (3.518 ciudadanos), mientras que más de la mitad (54,1%) posee menos de 34, lo que ofrece mayores opciones de que contribuyan a corto y largo plazo a la natalidad en la comunidad.

El reparto por sexo es prácticamente igual, con 9.874 hombres y 9.845 mujeres. En este último apartado, el 40% (un total de 3.784) presenta entre 16 y 34 años. 

Fátima Galán Iglesias | Gallega que volvió tras una década en Londres

Fátima Galán, durante un viaje a Brasil. / FDV

“Me fui a Londres para madurar y aprender inglés, volvería a hacerlo mil veces”

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Su periplo londinense le abrió las puertas para trabajar en Inditex

A sus 33 años, Fátima Galán recuerda el momento que vivió poco después de finalizar su carrera universitaria de Magisterio en 2010. Frente a ella, dos caminos: estudiar unas oposiciones o irse fuera y ganar una experiencia vital. “Me fui para madurar y aprender inglés. En principio, iban a ser seis meses, pero estuve casi diez años en Londres”, se ríe sobre un tiempo que se fue acumulando en el calendario. “Volvería a hacerlo mil veces sin duda, pero mi familia está aquí. Empezaba una relación, tenía sobrinos pequeños y ya estaba un poco cansada de aquello”, explica doce años después, asentada en A Coruña, donde reside.

Su estancia comenzó como la de tantos jóvenes que se marchan a la city para aprender el idioma y buscarse la vida. “Empecé con el currículo en la mano pateándome la calle, pero a través de un contacto de mi padre logré entrar en una tienda de Inditex”, comenta sobre un hecho que acabaría definiendo su vida actual, pues trabaja en la sede de la compañía de Amancio Ortega en Arteixo.

Durante sus años londinenses, sin embargo, quiso probar más cosas. “Estuve trabajando en la tienda, pero también alternando trabajos de Navidad con estudios y me picó el gusanillo de intentar hacer algo relacionado con lo que había estudiado. Aunque creo que es un concepto erróneo eso de que tener que trabajar de lo que has estudiado”, comenta.

Estuvo tiempo como profesora asistente “apagando fuegos” en centros de Londres tras ahorrar algo y dejar su puesto de dependienta. “Pero te llamaban un día y te decían que tenías que estar a la mañana siguiente en tal colegio y la siguiente semana, en otro diferente. Así estuve dos años y fue una experiencia dura. Además, tuve que tener otro trabajo porque no me llegaba el dinero”, rememora. Entonces, logró regresar a Inditex, pero en el turno de noche desde donde pudo progresar hasta llegar a las oficinas de Inditex con paciencia y horas de trabajo.

Entonces, llegó el momento que afrontan todas las personas que se marchan a Londres “una temporada”: decidir si ponen fin a esa etapa o se asientan definitivamente. “A mí, Londres me encantaba y me encanta, a pesar del cansancio del estrés. Es adictiva. No llegué a quemarme, pero entre el Brexit, que empezaba una relación con mi actual pareja, que vivía en A Coruña, y que el resto de mi familia estaba en Galicia, como mis sobrinos, cada vez tenía menos motivos para quedarme”, enumera sobre las causas de su regreso, que facilitaron sus jefes y la coincidencia del “momento perfecto”.

Fátima celebra haber mejorado. “Maduré y todo fue muy positivo, pero aquí se tiene mayor calidad de vida. Allí, solo te la da tener el dinero, aquí con poco puedes tener cierta calidad. Pagaba 800 libras por compartir una habitación. No ahorré nada en 10 años, pero repetiría”, zanja.

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