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El retorno a las raíces para un nuevo comienzo

Sonia Pagano, de orígenes gallegos, con su familia con la que emigró desde Argentina; y Ramón Castro, con una de sus baterías de coche reutilizables Marta G. Brea / Javier Lalín

No se conocen. Sin embargo, tienen algo en común. Sus historias son las de dos buscadores de vida que han vuelto a sus raíces por convicción. Ramón Castro y Sonia Pagano representan a los emigrados y retornados del hoy y del ayer. Probablemente sea en el lugar de los retornados donde ahora mismo se sientan más cómodos, más felices. Ambos transitaron por un largo viaje que les trajo de vuelta a donde realmente querían estar, y Vigo, de alguna manera, les ha unido. Sonia Pagano nació y creció en Buenos Aires pero, dentro de su casa en Argentina, se respiraba a Galicia por todos los rincones. “La casa estaba decorada con muñecos de folclore gallego, castañuelas y gaitas”, recuerda. Su familia seguía el calendario festivo de Lugo, tierra natal de sus abuelos –los primeros emigrantes–, y se celebraban todas fiestas “a la gallega”. “Jamás faltaba el pulpo, la empanada y el licor café”. Se emociona al recordar a su abuela rememorando esos momentos gallegos en su casa argentina. “Mi abuela cantaba siempre muiñeiras, no puedo evitar recordarla”.

Aunque nunca la había pisado, Sonia creció amando Galicia, y desde hace años sabe que, si de su voluntad dependía, cruzaría el charco para instalarse definitivamente en “su segunda tierra emocional”. Y ese sueño se cumplió hace tan solo unos meses. Junto con su familia, –su marido, con ascendencia vasca, y sus dos hijas, de 2 y 4 años–, se embarcaron en el proyecto de sus vidas. A través de una beca concedida por la Xunta para hacer un máster en la UVigo, relacionado con su profesión, Trabajo Social, aterrizaron en Vigo. “Lo decidimos en 2017. En un viaje que hicimos a Galicia, para reencontrarme con mi familia gallega. Me enamoré de este rincón. Tenía claro que quería que mis hijas crecieran aquí, en el lugar de donde –de alguna manera–, ellas proceden”, destaca. Aunque Argentina vive una situación convulsa y de fuerte crisis social y económica, no fue la huida la que determinó la apuesta emigrante. “Teníamos trabajo los dos, no vino por ahí la decisión. Fue más bien la fuerte atracción que yo tenía con esta tierra”, matiza. Sus abuelos tomaron uno de los muchos barcos que se iban a “hacer las Américas”, y allí es donde echaron sus raíces. Su abuelo más tarde sería uno de los fundadores de la Casa de Lugo en Buenos Aires. “Para mí era muy importante reencontrarme con las raíces gallegas con las que crecí. Además, aquí hay buenos sistemas, tanto sanitario como educativo. Vivir rodeada de naturaleza y comprobar que todavía aquí permanecen valores que les queremos inculcar a nuestras hijas, es lo que me hizo decantarme”.

“Con licor café todo se consigue”

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Sonia Pagano junto con su familia en el parque de Castrelos. MARTA G. BREA

No le costó a Sonia y a su familia adaptarse a la ciudad olívica y a los gallegos en general. “Superó mis expectativas en algunas cosas”, comenta. Su familia gallega, que se encuentra en Vigo, los acogió con gran alegría. “Nos abrazaron, tanto ellos, como las personas que hemos ido conociendo y nos brindaron oportunidades laborales”. Su marido también logró integrarse laboralmente, trabajando para una empresa de ciberseguridad, y destaca que no le costó mucho convencerle para emigrar a Galicia. “Con un poco de licor café todo se consigue”. Ahora Sonia quiere obtener su máster y superar el curso de gallego en el que está inscrita, para después “trabajar de los suyo”, y terminar sus días en la tierra de sus abuelos. “Quiero envejecer aquí. Yo quiero estar en Galicia, quiero vivir en Galicia y quiero que mis hijas se críen aquí”, dice Sonia, visiblemente emocionada.

Más de 3.000 emigrantes regresaron a Vigo 

Según los datos proporcionados a FARO por la Secretaría Xeral da Emigración, desde marzo de 2020 han retornado a Vigo 1.100 familias emigradas, atendidas en la oficina delegada en la ciudad olívica. Se contabilizan por núcleos de convivencia, por tanto, la cifra de personas que han regresado a Vigo desde los distintos países de destino, podría alcanzar las 3.000 durante el último año y medio. La mayoría de los vigueses que han vuelto a su ciudad provienen de Venezuela, Argentina y Brasil, y una pequeña minoría lo hacen desde Reino Unido y Suiza. En cuanto al perfil del emigrante retornado, aunque no hay datos diferenciados por sexos, lo que sí se sabe es que de las casi 1.100 familias que han sido atendidas por la oficina delegada de Vigo, 9 de cada 10 son menores de 65 años –de los cuales, la gran mayoría tienen menos de 45–, lo que representa un espectro importante de población activa.

Luo Kai, apuesta por su tierra

No sabía Ramón Castro (33) que, después de cursar Ingeniería Mecánica en la UVigo, China le cambiaría la vida. Su vida en Tianjin durante más de tres años no solo fue un choque frontal ante un nuevo idioma y una cultura totalmente opuesta. En su cabeza siempre rondaba la misma idea profesional: enfocarse al sector de la energía sostenible entorno a la edificación y la reutilización de materiales aplicados a los vehículos eléctricos. Desde esa premisa le tocó aprender y ver la manera de llevarlo a cabo. Para ello, recorrió un largo camino que le ha traído de vuelta a su tierra para fundar su propia empresa. El nombre, Luo Kai, tiene miga. “En China tienes que adquirir un nombre en su idioma para identificarte. No podía llamarme Ramón, así que elegí Luo Kai, que significa victoria. Después, a la hora de decidir el nombre de mi marca, no me lo pensé. En aquel país empezó todo. No se me ocurrió uno mejor”, señala. Así nació Luo Kai, en la perla de Oriente. El Institugo Galego de Promoción Económica (Igape) fue el que le dio la oportunidad de aterrizaje a través de un proyecto que le permitió estrenarse como gestor de internacionalización, y poder así conocer las tripas de las relaciones político-empresariales y del mundo de la importación.

Ramón Castro, con una de sus baterías de coche reutilizables. JAVIER LALÍN

Una experiencia, que mucho más tarde, sería crucial para poner en marcha su propia iniciativa emprendedora. “Pero antes tuve que madurar, aprender a adaptarme a un mercado desconocido, aprender a conocer a los chinos, también a perseverar, a luchar, y a creer que puedo ser capaz de conseguir cualquier cosa. Y en parte lo hice. El resto, estoy en ello”, subraya. Después de un año en China, una difícil decisión le puso a prueba. Desde el Igape, le pedían volver a España para continuar con el proyecto, pero Ramón rechazó la propuesta. “Es que me había costado mucho. No era solo aprender chino, o adaptarme a su comida. Es que tanto yo como mis compañeros nos habíamos esforzado por ir mucho más allá: conocer todos los servicios que utilizan ellos, su cultura empresarial, su día a día de verdad y no quería aparcar eso justo en el momento que empezaba a despegar y quería ganar más tiempo”, añade. Y a Luo Kai le tocó buscarse la vida. Acabó recalando en una empresa vasca, Instituto de Máquina Herramienta, donde se implicó de lleno en una iniciativa apasionante, en la cual estaban implicadas varias instituciones chinas y españolas al más alto nivel. El proyecto incluía la construcción de una Escuela de Ingeniería de Formación Profesional dirigida a alumnos con pocos recursos. “Fue realmente estimulante. La escuela, aunque es de titularidad china, su plan de estudios debía ser el español, y el objetivo era que tuviesen mejores posibilidades laborales y poder homologar ese título para venir a España a estudiar la carrera”.

El regreso a casa

“Es duro estar allí. La carrera profesional no lo es todo y cada vez que venía a casa era un dardo que llevaba dentro. Me ofrecían un buen contrato allí, que implicaba estar muchos más años, pero tomé la decisión de volver. No quería que mi vida en Galicia se me escapara”. Y así, el emigrado retornó, por morriña. Regresó hace dos años, justo cuando la pandemia empezaba a asomar sus tentáculos. Dos metas profesionales en la cabeza: electromovilidad y el análisis de datos o Big Data para “acelerar el rendimiento y la toma de decisiones en un proyecto”. En lo primero ya era un experto, pero no en lo segundo. Y decidió ponerle remedio haciéndose un posgrado en tiempo récord. Fue cuando Ramón se reencontró con su Vigo de estudiante. A los pocos meses de dejar China atrás, una empresa olívica le ofreció un contrato que supo aprovechar al máximo. Pero el suero de emprendedor corría por las venas de Ramón Castro. Es así como nació Luo Kai Electric, cuya vocación es la de “promover e impulsar la electromovilidad en España. Movimiento, pero en verde”.

La idea se tradujo en la importación y venta de repuestos de baterías para coches híbridos. “A los 80.000 kilómetros, un coche híbrido debe cambiar la batería y su coste es alto en el concesionario oficial. Luo Kai vende el repuesto de esa batería en talleres no oficiales pero válidos, a un precio mucho más bajo y con todas las garantías para el usuario final”. A través de una red de talleres por toda España con la que colabora, pueden localizarse estas baterías de forma fácil, rápida y segura. Además, también suministra puntos de recarga domésticos, de procedencia Noruega. En estos momentos, se encuentra inmerso en la preparación de la parte energética de la rehabilitación de un conocido edificio de Vigo. “En mi ánimo siempre está trabajar por la transición ecológica, y será un edificio energéticamente neutro”, adelanta. Ramón no para y tiene tiempo para contribuir en causas humanitarias. Acaba de volver de Senegal, donde ha colaborado con la ONG Da Man, con sede en Redondela, en una iniciativa solidaria y altruista para dotar de energía fotovoltaica a las escuelas y así los niños puedan estudiar también cuando oscurece. “Fue muy emocionante ver sus caras cuando vieron la luz en su escuela. Es una zona que necesita una infraestructura de energía sostenible. Era muy importante hacerlo y fue increíble poder haberlo llevado a cabo”, remarca. 

El “fichaje” de descendientes de emigrantes como solución a la crisis demográfica

Lleva siendo una prioridad para el presidente de la Xunta desde hace años. La crisis demográfica en la que está instalada Galicia ya no es subsanable con la población actual de la comunidad. El número de mujeres en período de concepción de hijos es muy bajo, y aunque todas tuvieran descendencia, estaría lejos el equilibrio demográfico. Es por ello que el Gobierno Autonómico ha apostado por tirar de los hijos y nietos de gallegos para que vean en Galicia una oportunidad de futuro permanente. La última vez que el presidente de la Xunta hizo referencia a esta problemática fue hace dos semanas en el Debate de Estado de la Autonomía, en la que se refirió a la misma como “un problema estructural” y recordó el plan de retorno del Gobierno para que regresen muchos de los emigrados. Como por ejemplo, el plan de becas para alumnado extranjero que tengan raíces en la comunidad gallega.

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