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Santiago Lago Peñas Economista, miembro del comité de expertos de la reforma fiscal

“La estrategia racional de cada autonomía es inflar la lista de proyectos para acudir a los fondos de la UE”

El catedrático de Economía Aplicada Santiago Lago.   | // XOÁN ÁLVAREZ

El catedrático de Economía Aplicada Santiago Lago. | // XOÁN ÁLVAREZ

Catedrático de Economía Aplicada de la Universidade de Vigo, Santiago Lago acaba de publicar un libro sobre los 40 años de descentralización del Estado autonómico. Participó en el comité nacional de expertos para la reforma de la financiación autonómica, en el que asesoró a la Xunta por la pandemia y ahora también en el grupo que colaborará en el diseño de la reforma fiscal que planea el Gobierno central.

–En su libro aboga por que la suficiencia financiera de las autonomías no debe llegar por la vía de la transferencia de fondos, sino por el incremento de impuestos y que cada una asuma el coste político...

–Sí, la idea es que las comunidades deben contar con herramientas con las que definir los menús fiscales. Habrá territorios en los que se prefiera invertir más en educación o I+D y otros en los que se prefiera rebajar impuestos. Es la lógica de la descentralización. Debe de haber libertad para subir y bajar. Pero no todos los tributos son igual de apropiados para descentralizar: los impuestos de sociedades y de patrimonio no son buenos candidatos. La experiencia española lo demuestra: los conflictos sobre las llamadas vacaciones fiscales vascas o ahora la polémica sobre el impuesto de patrimonio y sucesiones.

–Propone también que se cree un tramo autonómico del IVA para que las autonomías puedan gestionarlo a su antojo, pero mediante decisiones colegiadas o por mayoría cualificada.

–La idea es que puedan decidir colectivamente sobre los tipos impositivos al alza o a la baja. Es una forma de darles autonomía colectiva y permitirles que solventen sus problemas de insuficiencia sin que tengan que recurrir al Gobierno central.

–¿Qué perspectivas cree que tendrá Galicia en el reparto de los fondos de recuperación de la UE? ¿Hay motivos para el optimismo?

–En este momento nadie puede responder a esta pregunta. Me temo que ni siquiera en Moncloa lo tienen claro todavía. Pero creo que con lo presentado hasta el momento por la Xunta, la Zona Franca de Vigo, las universidades y diversas empresas gallegas acumulamos un volumen de proyectos interesantes para que seamos destino de un porcentaje de fondos coherente con nuestro peso económico y demográfico en España.

–Uno de los proyectos tractores de Galicia es una planta de hidrógeno, pero esta misma idea la proponen también otras autonomías.

–La planta de hidrógeno verde se incluye dentro del llamado Polo Transformador de Galicia que es la apuesta más segura y atractiva de entre todas las que puso la Xunta encima de la mesa. Habrá pocas propuestas mejores y, por tanto, hay que ser optimistas.

Las comunidades deben tener libertad para subir y bajar impuestos, pero no todos los tributos son igual de apropiados: los de sociedades y de patrimonio no son buenos candidatos

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–Parece que Cataluña ya cuenta con apoyos en el Gobierno para la planta de baterías. ¿Cuenta más la solidez de un proyecto o el peso político del territorio?

–España necesita engancharse al tren de la fabricación de baterías. Dada la relevancia de España como productora e automóviles (segunda de Europa), puede existir más de una fábrica en España. Y la que se ha propuesto desde Zona Franca de Vigo y que integra a multitud de agentes debe ser una de ellas. Confío en que el Gobierno de España apueste por nosotros.

–¿En vez de que cada comunidad presente una lista interminable de proyectos susceptibles de financiación europea, no sería mejor una coordinación previa entre todas para hacer una criba y evitar redundancias?

–Yo habría sido partidario de una participación más activa de las autonomías a la hora de identificar e impulsar proyectos generadores de valor añadido y empleo. Sin embargo, se ha optado por un modelo más centralizado.

Me temo que ni siquiera en Moncloa tienen claro todavía el reparto de los fondos, pero espero que Galicia sea destino de un porcentaje de fondos coherente con su peso económico y demográfico

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–¿Se exceden, tal vez, las autonomías en sus propuestas para luego utilizarlas como arma política si no son atendidas sus proyectos?

–Sin duda, en la forma en la que se ha planteado, la estrategia racional para cada comunidad es inflar la cartera de proyectos, incluso incluyendo muchas ideas que responden más a la lógica de los fondos de cohesión y regionales que a la del Fondo Next Generation EU.

–La reforma fiscal en la que participa, ¿tendrá recorrido o pasará al cajón de los proyectos sin desarrollar? Usted también ha colaborado en el diseño del nuevo modelo de financiación autonómica que sigue esperando días mejores.

–Yo soy algo más optimista. La propuesta que hicimos en 2017 ha pasado en lo fundamental: el filtro de los directores generales de las comunidades autónomas. Las tensiones independentistas en Cataluña, primero, y la pandemia, después, han detenido el proceso de reforma. Pero cuando la situación se normalice estoy convencido de que se retomará la propuesta. En el caso del actual comité de la reforma fiscal, es pronto para decirlo.

–Otra reforma pendiente es la laboral, una promesa electoral del actual Gobierno de derogar el marco heredado del PP. ¿Cómo lo ve?

–El Ministerio de Trabajo acierta cuando supedita los cambios al diálogo social. En España contamos con una larga y exitosa tradición de pacto y acuerdo entre empresarios y sindicatos. Sería un error romper con ella. La elección del gallego Antón Costas como presidente del CES es otro gran acierto. Porque manda un mensaje de que se apuesta por el rigor y el “sentidiño” y porque puede ayudar notablemente a perfilar cambios laborales.

–¿Cree que finalmente se acometerá esta reforma? La crisis económica derivada de la pandemia, la polarización política, la falta de mayorías absolutas consolidadas y que en el Gobierno central haya dos corrientes que chocan bastante entre sí –Nadia Calviño por un lado y Yolanda Díaz por otro– no parece que ayuden.

–Sin duda van a producirse más cambios en el vector laboral. Y acabarán siendo un equilibrio entre la posición del Ministerio de Trabajo, la de la vicepresidencia económica, los resultados del diálogo social, los informes de los expertos que asesoran al ministerio y los requerimientos de Bruselas. Soy optimista sobre el resultado final. Comparativamente, veo más incertidumbres en el frente de las pensiones.

–¿Es tiempo de revoluciones o de apostar por la vía más ortodoxa en el aspecto económico?

–Confieso que yo soy amigo de las reformas graduales y el ajuste fino. Si se tiene paciencia suficiente, se consiguen grandes resultados, menor conflictividad y se puede ajustar sobre la marcha si se demuestra que algo no va como se esperaba o cambian las condiciones.

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