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La enseñanza virtual que la pandemia hizo real: 10.000 reuniones en un día

Los usuarios de abalarMóbil se incrementaron un 54% desde finales de diciembre y son ya 300.000

Imagen de archivo de alumnos en una clase de E-Dixgal. |   // IÑAKI OSORIO

Imagen de archivo de alumnos en una clase de E-Dixgal. | // IÑAKI OSORIO

La pandemia dejó las aulas vacías y a estudiantes, padres y docentes llenos de dudas acerca de cómo saldría adelante el proceso de enseñanza. Lo hizo gracias a la digitalización y la opción on line, que de repente saltó al primer plano. Hasta el punto disparó el confinamiento la enseñanza digital que la Xunta llegó a registrar en un solo día cerca de diez mil reuniones virtuales en el servicio de conferencia puesto en marcha desde el inicio del estado de alarma por la Administración autonómica para comunicar a docentes y a alumnos como parte del plan B para que los estudiantes no perdieran el curso.

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No es la única cifra que refleja la repercusión y el impulso de la pandemia y del estado de alarma sobre la enseñanza digital. Como explican desde la Axencia para a Modernización Tecnolóxica de Galicia, el confinamiento “disparó el uso de todas las plataformas digitales en el ámbito educativo” y también hizo lo propio con la aplicación de abalarMóbil, que durante los meses en los que se cortó la relación presencial entre la comunidad educativa en colegios e institutos “se convirtió en uno de los canales de comunicación oficial con los centros”, sobre todo, explican desde la Xunta, para la consulta de notas.

Entre los ejemplos que muestran cómo las plataformas tecnológicas sirvieron para compensar la ausencia del cara a cara está el que las aulas virtuales de los centros llegaran a cuadriplicar los accesos, pasando de un millón a cuatro millones. Pero también se intensificó el uso de la plataforma de libro digital, que pasó de una media de un millón de accesos cada hora antes de la crisis sanitaria a 2,3 millones de accesos. Hay que tener en cuenta que a finales de marzo la Xunta anunció que los proveedores de los contenidos educativos digitales presentes en el proyecto con libros electrónicos de E-Dixgal ponían a disposición de todos los centros los contenidos de dicha plataforma.

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Una de las iniciativas digitales educativas más exitosas es la app abalarMóbil, que nació en 2013 para facilitarle a las familias trámites como la justificación de faltas o la consulta de notas. Si a finales de 2019 contaba con 194.000 usuarios, la pandemia provocó más de cien mil altas, un 54% más, y llegar a las 300.000. Durante el encierro, la app registró unas cifras media de accesos de 60.000 usuarios al día, con picos de más de 200.000, indican desde el departamento que dirige Mar Pereira. Con estos datos no es de extrañar que abalarMóbil sea la aplicación más descargada de la Xunta en el último año, por delante de otras tan populares como la de MeteoGalicia. Su histórico asciende a medio millón de descargas y solo este año fueron un total de 200.000.

Manuela Raposo - Profesora de Didáctica en la UVigo

Manuela Raposo en su despacho de Ciencias de la Educación, en la Universidade de Vigo, en Ourense Brais Lorenzo

“La educación on line exige enseñar lo esencial y una retroalimentación”

Manuela Raposo, profesora de Didáctica en la UVigo, cree que las nuevas tecnologías aplicadas a la enseñanza, un campo del que es experta, han llegado para quedarse. No obstante, el docente tiene que formarse para ello, advierte, y hay que tener en cuenta de qué medios disponen los alumnos.

–La pandemia disparó el uso de las nuevas tecnologías en la enseñanza. ¿Irá a más?

–Llegaron para quedarse. Hace tiempo que se habla de integrarlas en los procesos de enseñanza y aprendizaje, pero nunca se vio una evidencia tan clara de su utilidad y necesidad hasta que se hicieron imprescindibles en la pandemia.

–Se percibía y ahora más, su necesidad, pero ¿se usan bien?

–Se trata de hacer un uso creativo, responsable, que responda a los objetivos de aprendizaje, que ayude al desarrollo integral del estudiante, que sea respetuoso con sus necesidades y con su situación de partida y de a dónde queremos llegar. Trasladado esto a una situación de confinamiento, o de enseñanza a distancia, es preciso que el profesor tenga en cuenta varias cuestiones. Primero, la dotación de infraestructuras de cada estudiante y las condiciones de su entorno. Segundo, el asegurarse de que los estudiantes y las familias saben cómo y cuándo se van a hacer las comunicaciones y el seguimiento. Creo que en este proceso que hemos vivido hubo cierto olvido de proporcionar una retroalimentación a los estudiantes sobre las tareas que se estaban planteando. En tercer lugar, ser muy selectivos con los contenidos de aprendizaje, ir a los esenciales, insistiendo en aquellas habilidades que necesitan ser reforzadas. Por último, utilizar recursos educativos en abierto, al alcance de todos.

–¿Están los docentes preparados para asumir el desafío?

–El llegar para quedarse implica nuevas exigencias en formación. En Portugal los docentes cada tres años tienen que demostrar un mínimo de formación para continuar en su puesto. Hay mucha actualización. No quiero decir que sea un buen modelo; hay otros, pero sí echo en falta en nuestro entorno que no tengamos esa obligación de actualización y renovación, sea pedagógica, tecnológica o científica. Como no hay esa exigencia, al final queda un poco a la buena voluntad del profesor. Pero, en cualquier caso, ¿qué puede hacer un profesor en servicio o aún formándose? Una vía de salida es echar mano, ya no de esas ofertas tan regladas o tan rígidas para esas necesidades que tenemos hoy en día, sino acudir a modelos más flexibles, como pueden ser los MOOC.

–En Galicia funciona un proyecto de libros digitales, E-Dixgal. ¿Qué opina de él?

–Es un proyecto innovador y ambicioso, pero no es la panacea. Ir a un modelo de enseñanza- aprendizaje absolutista basado en el libro de texto impreso o basado en el libro de texto digital es igualmente erróneo. Los procesos de enseñanza-aprendizaje han de tener una macedonia de recursos. Hay situaciones que precisan textos escritos, papel y lápiz.

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