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Las emprendedoras que hicieron magia y convirtieron calabazas en chorizos

Keila, Edurne y Sofía, de Fiablone. // Marta G. Brea

Keila, Edurne y Sofía, de Fiablone. // Marta G. Brea

Muchos vegetarianos o veganos que escogieron ese camino por convicción aún echan de menos alguna vez el comerse un chorizo. Al menos así lo demuestra el éxito del "calabizo", un producto creado gracias al trabajo de las tres socias de Fiablone, Edurne Sendra, ingeniera agrónoma, Sofía Calvo, ingeniera técnica en industrias alimentarias, y Keila Pousa, licenciada en Económicas.

En la web de este negocio ubicado en Nigrán presumen de que de su producto no tiene parangón en el mercado; de hecho, está patentado. Aseguran que huele y sabe al chorizo "de siempre", pero está hecho al 100% de calabaza y gracias a esa pequeña sutileza se convierte en un alimento "de alto valor nutritivo, bajo aporte calórico, fuente de fibra, rico en antioxidantes". Por ello ahora aspiran a que el calabizo pueda llevar un apellido, el de alimento "funcional", que es una etiqueta que no se prodiga, explica Edurne Sendra. Sus virtudes tienen que quedar patentes y rubricadas por un centro de investigación y en ello están.

Además, visto el éxito del precedente, quieren desarrollar más productos y explorar qué puede dar de sí otro infravalorado, gastronómicamente hablando, entre los humanos gallegos: el nabo. En ese sentido, trabajar con nuevas variedades es otro de los objetivos para los que cuentan con financiación de la Xunta y la UE.

Y también trabajarán sobre la huella de carbono del producto, que mide su impacto sobre el medio ambiente. El del calabizo, dice Edurne, es "mínimo" al ser, explica, "muy artesanal".

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