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De día y de noche, entre Valenzuela y Porteiro

La noche tiene brillos pero en su osuridad se agazapan riesgos y misterios.

Si sumara todo el tiempo que he invertido en presentar públicamente a personas o libros en mi ya larga (pero no suficiente) vida me temo que no solo llevaría una buena sorpresa sino que, si ganara por ello indulgencias, tendría el cielo asegurado. Tanto hacer de introductor de embajadores con temas tan diversos no me ha sacado de mi indigencia cultural pero algo la ha reducido, por lo que puedo considerarme bien pagado aunque no sea en unidades monetarias. Solo por hablar de estos días, hace dos que hice de moderador en una jornada del centro médico CYGOM sobre dolor y estrés, con una tríada capitalina en la mesa del yoga, la psiquiatría y la medicina interna. El martes, en la viguesa Casa del Libro presentaré un libro de relatos de José Eduardo Valenzuela, “De este y otros mundos”, sorprendente por su factura pero también porque su autor tiene 93 años y aún sigue en la porfía literaria. El miércoles me trasladaré al mundo de los thriller y de esa noche de Vigo que conozco a fondo para hacerle el introito a “Cobardes”, la reedición en castellano del libro de María Xosé Porteiro. Todo sin abandonar el libro que yo mismo estoy escribiendo, sobre la historia de la moda en Galicia, que debo entregar estos días.

 A José Eduardo Valenzuela lo veré el martes en la Casa del Libro cargado con sus 93 abriles, un poco sordo pero con la mente despejada, yo diría que efervescente casi. Mala edad los 93, en que se ha vivido tanto pero tanto se ha perdido, en que aunque no falten medios la soledad acucia y en que, por mucho que hayas sido, eres práctica e injustamente invisible a los ojos de la sociedad, que solo exalta a los que no tienen más bagaje que su juventud y más mochila que la suerte de unos huesos que no chirrían. Ya hablé alguna vez de un libro anterior suyo entre otros diez publicados, escrito cuando andaba en los 80: “Grita cuerpo, mis 80”. Me sorprendió aquella capacidad para narrar como con la vejez cambia hasta la percepción de la distancia, cómo se modifica la relación del cuerpo con el entorno. Este último libro que le voy a presentar el martes se nutre de varios relatos de aquí y de allá, sencillos porque no tienen nada de aventura pero sorprendentes, bien encabalgados y de gran riqueza léxica. ¿Puede usted escribir desde la perspectiva de un ciervo? ¿O de un toro? ¿Puede refrescar la memoria de los primeros años de vida? Por ahí va Eduardo con su libro.

Lo de mi señora Porteiro es otra cosa. En “Cobardes” me he topado conmigo mismo, con la vida de los que, sin dejar el día, hemos tenido la noche y sus ecos como escenario, brillante a veces, apocalíptico casi otras; no de esa noche común por la que pasan de puntillas la mayoría creyéndose que la conocen toda cuando no perciben más que su periferia, su epidermis gozosa. Hablo de una relación con los poderes fácticos de la noche, excitantes; brillosos a veces; malditos otras. Yo en el libro de Porteiro me he visto como se verán unos cuantos porque soy un superviviente de los tráfagos nocturnos y estuve, aquí y allá, por los escenarios y entre los mandatarios que el libro relata aunque, eso sí, no sé nada de asesinos. Al menos convictos y confesos. Bueno, supe, pero esa práctica no la tengo, ni la quiero.

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