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Faro de Vigo

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Industria 4.0: las fábricas del futuro

Industria 4.0, un modelo de fabricación Data-Centric.

"Alicia no podía explicarse bien, del todo, cómo fue que empezaron a correr: todo lo que recordaba es que corrían cogidas de la mano y que la Reina iba tan rápido que ella a duras penas podía seguirla. Pero la Reina continuaba gritándole: “¡De prisa, más rápido!”, y Alicia sentía que no podía más, aunque le faltase aliento para decírselo. Lo más curioso era que los árboles y las demás cosas que las rodeaban permanecían totalmente inamovibles: por más que corrieran no conseguían adelantar nada. “¿No será que todo se mueve con nosotros?”, se preguntó muy intrigada la pobre Alicia. “En mi país cuando uno corre tanto, llega a otro lugar”, dijo Alicia. “Aquí, como ves” -dijo la Reina-, “se ha de correr a toda marcha simplemente para seguir en el mismo sitio. Y si quieres llegar a otra parte, por lo menos has de correr el doble de rápido”.

Este fragmento de Alicia y la Reina de Corazones, que forma parte de la obra de Lewis Carroll Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas, fue publicado hace algo más de ciento cincuenta años, pero tiene un gran parecido con la situación que vivirá el sector industrial durante esta década. El desarrollo acelerado de nuevas tecnologías, y la creciente competitividad sin fronteras ni distancias, exigirá que nuestro tejido industrial esté inmerso en una mejora constante, para quedarnos, como mínimo, en la misma posición en la que estamos. Las empresas que se den cuenta de que esta nueva revolución ha llegado para quedarse, podrán sobrevivir y mantener su cuota de mercado, pero aquellas que crean que la Industria 4.0 es una moda pasajera, corren el riesgo de desaparecer en poco tiempo, aunque consideren que hoy en día están bien posicionadas. Estamos ante una nueva Revolución Industrial, la cuarta de nuestra historia, que ha sido denominada Industria 4.0 en Europa y Smart Industry en EEUU, y que vendrá impulsada por el sector del automóvil para cambiar de manera radical el modelo de nuestras fábricas actuales, lanzándonos a una conexión sin fisuras de los mundos digitales y reales.

Una de las características principales de la nueva Industria 4.0 es su habilidad para transformar los datos en información y la información en conocimiento, de forma que se mejora y se optimiza el proceso de toma de decisiones en los negocios. Es un nuevo modelo de fábrica que destaca por ser Automatizada, para ganar velocidad en los procesos repetitivos, con robots colaborativos realizando las tareas de menor valor añadido y cambiando con facilidad de una tarea a otra. Digital o Conectada, incorporando la electrónica y los dispositivos IoT para capturar datos de forma masiva y gestionar la actividad en tiempo real. Inteligente, interpretando los datos de los procesos y facilitando la toma de decisiones de forma anticipada, potenciando la Mejora Continua y la Innovación. Flexible, en el diseño, en la fabricación y en la logística, para adaptarse de forma inmediata a los cambios de demanda. Sostenible, con un uso racional y responsable de los recursos y la energía. Y Humana, pues todo lo anterior sólo será posible si formamos adecuadamente a nuestros empleados y activamos su talento. Las personas seguirán siendo el centro de la actividad y marcarán la diferencia en este nuevo escenario. Y para alcanzar todo lo anterior, resulta sumamente interesante la asociación y participación en clústeres sectoriales, que nos permitirán reducir costes, gracias a la posibilidad de compartir recursos, capacidades y conocimientos; y la colaboración con startups, como potenciales fuentes de innovación ágil, disruptiva y sin complejos.

Pero ¿por qué apostar por la Fábrica del Futuro? La razón fundamental son las tendencias socioeconómicas que se están produciendo actualmente. La escasez de recursos naturales y la necesidad de adoptar medidas que favorezcan la sostenibilidad medioambiental; el envejecimiento de la población y la jubilación tardía lo que conlleva una reducción de la eficiencia en los trabajos físicos; y la demanda de productos adaptados a las necesidades específicas de cada cliente, lo que choca con la producción tradicionalmente masiva y en serie, donde el eje era la cadena de producción en lugar del producto.

Pero, antes de afrontar importantes inversiones en nuevas tecnologías, es imprescindible dedicar tiempo a elaborar una hoja de ruta visualizando los cambios progresivos que vamos a dar. En primer lugar, será necesario que los empleados y colaboradores conozcan la tecnología que hace posible la Industria 4.0, los cambios que va a generar y los beneficios de su aplicación. Como tendencia natural del ser humano, todo cambio o innovación trae consigo un rechazo, por eso las empresas que se lanzan a la Industria 4.0 deben enfocar el proceso hacia la construcción de un mejor entorno en el lugar de trabajo. En segundo lugar, las empresas deben identificar las nuevas competencias necesarias para la implantación de la digitalización y seguir unas pautas para su puesta en marcha, con especial énfasis en la activación del talento de las personas.

El camino que nos lleva a la Industria 4.0 va a ser realmente fascinante. El hombre llegó a la Luna con un ordenador mucho menos potente que cualquier smartphone de los que se utilizan hoy en día. Si fuimos capaces de alcanzar ese éxito con una tecnología tan básica, los límites de esta nueva revolución industrial serán sólo los de nuestra propia imaginación. Es evidente que la adopción temprana de una tecnología emergente supone la asunción de riesgos, ya que es posible que esa tecnología no madure y no dé el resultado esperado. Pero el riesgo de no hacer nada, en este momento, sería peor que el hecho de intentar mejorar y no acertar a la primera. El camino es sinuoso y difícil de transitar. Si en algún momento tenemos la sensación de que todo está bajo control, entonces es que vamos demasiado lentos. Entender lo que va a suceder y trazar una hoja de ruta tiene que ser una prioridad para cualquier persona, empresa o país, que quiera seguir prosperando y no retroceder. Como bien decía Séneca, no hay viento favorable… para el que no sabe a dónde va.

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