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Faro de Vigo

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Así se gesta un ‘best seller’: el making of de “El último barco”

El escritor vigués Domingo Villar descubre los secretos del proceso de creación de su última obra, una de las novelas más leídas del año en España

El escritor durante una firma de ejemplares de "El último barco" celebrada en la Casa del Libro de Vigo ALBA VILLAR

Durante los multitudinarios actos de presentación en Galicia de “El último barco”, Domingo Villar (Vigo, 1971) debió trasladarse mentalmente al día en que decidió probar suerte en la literatura debutando con un libro sin aparentes grandes pretensiones, Ojos de agua (2006), que le proporcionó un insospechado éxito de público y crítica que, con su segunda novela, La playa de los ahogados (2009), no solo ratificó sino que multiplicó, elevando además a la fama a una de sus criaturas, el personaje protagonista de ambas, el detective Leo Caldas.

Cuando, aunque continuaron vendiéndose masivamente ejemplares, se agotó la vida en primera línea del escaparate de las dos primeras obras de Villar, y muy especialmente a partir de 2013, la impaciencia de su ya amplia legión de seguidores, de la prensa y puede que de sus propias editoras (Siruela y Galaxia), provocó la reverberación de un disque-disque de expectación a la espera de su tercera novela. Se llegó a citar un título “Cruces de piedra” e incluso se manejaron fechas concretas del lanzamiento una y otra vez, en cada estación, en cada temporada…y así ¡sorpréndanse! transcurrieron seis años más hasta que, el pasado mes de abril, por fin, las librerías podían lucir en sus estanterías “a nova de Leo Caldas”. No, no se titulaba “Cruces de piedra” ni tenía 500 páginas. Era (es)  El último barco/O último barco y sobrepasaba las 700. Nueve meses después, se han vendido ya unos 150.000 ejemplares entre sus ediciones castellana y gallega, a las que hay que sumar los ebooks, mientras se preparan traducciones a lenguas como el chino y promete ser el libro más regalado estas navidades en Galicia y, tal vez, en toda España.

Domingo Villar, en el aula de luthería antigua de la Escuela Municipal de Artes y Oficios de Vigo Ricardo Grobas

¿Hay algún misterio que desentrañar sobre el tan clamoroso como inusitado éxito de “El último barco”? Hablamos de ello, en primer lugar, con Domingo Villar, quien esta semana visitó con FARO DE VIGO dos de los escenarios protagonistas de su novela, la Escuela Municipal de Artes e Oficios (EMAO) de Vigo y el barco y la Estación Marítima viguesa en que se vio por última vez a una pasajera llamada Mónica Andrade, sobre cuya desaparición gira toda la trama.

Desgranando el proceso

Es verdad que en el año 2013 se anunció la publicación de un libro con el titulo de “Cruces de piedra”. Era un manuscrito de algo más de 500 páginas, pero no estaba como yo quería y decidí reescribirlo. En diciembre de aquel año se murió mi padre y me encontré en una situación emocional distinta, desde la que el texto estaba falto de hondura. Comencé a corregirlo, pero pronto me di cuenta de que era mejor volver. El caso es que en el resultado final, la trama policial es la misma de Cruces de piedra, pero El último barco es, además, una novela que habla de la paternidad y se sostiene sobre distintas relaciones entre padres y madres e hijos”.

La idea y el método

La trama no es lo primero que busco en mis novelas sino encontrar el escenario, el ambiente en el que quiero desarrollar la historia. Ya se había publicado La playa de los ahogados cuando, una tarde, entré en la Escuela Municipal de Artes y Oficios de Vigo. Lo que encontré allí me pareció mágico y me pregunté cómo era posible que, habiendo pasado tantas veces frente al edificio, no hubiese sabido hasta entonces qué se cocía allí dentro. Aquel día decidí que una parte fundamental de la novela se desarrollaría en la escuela. El resto, la trama y las demás localizaciones, llegó después”.

"Soy un hombre inseguro, un autor bastante frágil"

Domingo Villar - Escritor

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Domingo Villar, en el interior la Escuela Municipal de Artes y Oficios de Vigo donde se inspiró para escribir "El último barco" Ricardo Grobas

Disciplina y autocrítica

“Cuando comienzo a escribir una nueva novela, suelo hacerlo de noche (desde las diez hasta las dos o las tres de la madrugada) y corregir por la mañana; pero en la fase final me paso todo el día frente al texto. Muchas veces mi familia amanece y me encuentra en mi mesa de trabajo, en el mismo sitio en el que me dejaron al acostarse. La verdad es que soy un hombre inseguro, un autor bastante frágil. Tiendo a creer que no vale casi nada de lo que escribo. Mi problema no es tanto de no saber qué contar sino de no ser capaz de hacerlo como me gustaría”.

Apuntes, mapas, libretas...

Cuando estructuro la novela hago mapas con las relaciones entre personajes y esquemas con los hechos que se producen en los distintos escenarios… Empiezo los libros con decenas de libretas llenas de notas que he ido cubriendo mientras me documentaba y en las que me voy a apoyando cuando comienzo a escribir. Luego, a medida que pasan los meses, la literatura toma el mando y dejo de ser fiel al plan original”.

"No sé escribir textos demasiado extensos"

Domingo Villar - Escritor

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Imagen del escritor escribiendo uno de los capítulos de "El último barco" FdV

Autor bilingüe

“Yo no sé escribir textos demasiado extensos. Si me siento pensando que he de escribir 30 o 40 folios me ahogo como si me echase a nadar sin ver la otra orilla. En cambio, sí soy capaz de escribir un capítulo breve, como un pequeño cuento que tiene una introducción, un nudo y un desenlace que no es más que una puerta al “cuento” siguiente. Y, sí, voy escribiendo capítulo a capítulo en gallego y en castellano. He pasado la mayor parte de los últimos treinta años en Madrid. Mi vida discurre casi por completo en castellano y por eso creo que soy más fino cuando escribo los diálogos en esa lengua. Sin embargo, el gallego me hace estar emocionalmente en el lugar en el que quiero estar cuando me siento a escribir. Es como un reflejo condicionado: empiezo la narración en gallego y me traslado de inmediato a la ría. Por otro lado, escribir en dos idiomas permite pasar dos veces el texto por el colador y dejarlo, en ambas lenguas, mucho más limpio”.

Los primeros lectores

“Cuando termino un capítulo lo leo en voz alta en los dos idiomas antes de seguir adelante. Mientras vivió mi padre le leía a él. Ahora tengo otros oyentes: mi madre, mis hermanos, mis hijos… Escucho sus observaciones, claro; aunque no les leo para conocer su opinión sino para escuchar la musicalidad del texto”. 

La relación con Leo Caldas

“Siempre supe que ésta también sería sería una historia para Caldas. ¿Para qué cambiar de compañero de viaje si me encuentro a gusto con él? Caldas y yo estamos hermanados porque los dos somos hijos de un padre bodeguero, por haber nacido y crecido a la orilla de la ría… Al principio, confieso que me parecía un tipo un poco lánguido de más, pero con el tiempo he aprendido a valorar su forma de ser, su discreción, su compasión… He entendido que lo que le mueve a actuar no es el sentido estricto del deber, sino la piedad, el saberse capacitado para redimir parte del dolor de los que se ven afectados por un hecho criminal”.

Control y descontrol de los personajes

Además de a la trama y a los escenarios, yo siempre doy a los personajes la importancia que realmente tienen porque el dueño de la historia soy yo, sí, pero ellos intervienen en los diálogos. Si alguna vez escribo algo que no casa con la personalidad de quien lo dice, hay una vocecilla que me avisa para que lo corrija. Estoy convencido de que son las voces de los personajes”.

Villar, junto a la escultura de Julio Verne en el paseo vigués de As Avenidas Ricardo Grobas

¿Y ahora qué? o el vértigo del éxito

Confieso que yo no sabía si después de tanto tiempo los lectores se acordarían, no ya de mí, sino de mis personajes. Nunca pondré devolver el cariño con el que han recibido el libro. A pesar de que ya han pasado muchos meses, sigo promocionándolo, y cuando viajo no encuentro la tranquilidad que necesito para escribir. Es un pequeño peaje que estoy encantado de pagar.

En estos meses he escrito una obra de teatro que ahora estoy corrigiendo y espero poder sentarme después de la Navidad a trabajar en el próximo libro. Aún no tengo la trama policiaca, pero sí he encontrado el espacio en el que la quiero desarrollar. Será otra vez en la costa gallega, claro, y la verdad es que, al menos de momento, no siento eso que llaman “vértigo” del éxito ni el temor de no estar a la altura de lo que me van a exigir los lectores. Al revés, confío en que todo esto me sirva de estímulo. Me imagino que cuando los jugadores del Real Club Celta salen a jugar a Balaídos y encuentran las gradas llenas, a pesar de que eso signifique más presión, tienen una sensación más grata que cuando está vacío”.

Domingo Villar repasando una de sus libretas de apuntes Ricardo Grobas

Fans: el ejército de Domingo Villar

El librero de Bueu, Fernando Miranda: "Tiene tan buenos fans que le han estado esperando diez años” FdV

En el encuentro previo al lanzamiento en Galicia de “O último barco”, Francisco Castro, director de la editorial Galaxia, consiguió sorprender al autor cuando le informó de que la tirada inicial de la novela, en gallego, iba a ser de 10.000 ejemplares: “¡Dez mil…ti estás tolo!” o algo así le espetó Villar al editor, pero cuatro meses después, en agosto, Castro le comunicaba que ya se estaba preparando una nueva tirada con 5.000 ejemplares más: “Por supuesto que no era ninguna locura, como se ha demostrado -dice el director de Galaxia-. Nosotros, en la editorial, teníamos plena confianza en Domingo; en primer lugar porque sus dos primeras novelas continuaron alcanzando grandes cifras de ventas a lo largo de estos ultimos diez años, lo que significa que estamos ante sendas obras de alta literatura; y, sobre todo, porque Villar, además de ser un gran escritor, es una persona que conecta muy bien con el espíritu del tiempo en que vive. Este libro está armado con las claves que los lectores de novela negra le piden al género, y esto lo hace él espectacularmente bien, porque sabe usar todos los elementos que hasta los más exigentes lectores de novela negra demanda. Para mí, Domingo Villar, y no lo digo porque sea su editor, es uno de los mejores escritores de novela negra del mundo. Pero es que, además de ello, sus libros, como él suele insistir, van mucho más allá de la novela negra. Sus novelas no solo incluyen una trama apasionante, un enigma que atrae desde la primera página, sino que representan una pintura perfecta de un lugar y una época. Lo que hace Domingo, en el fondo, es retratar las vidas cotidianas de los hombres y mujeres de estos principios del siglo XXI”.

Francisco Castro, director de Galaxia: “Es un grande de la novela negra, pero él va mucho más allá del género" FdV

Cuando Fernando Miranda supo por fin la fecha en que iban a llegar los ejemplares que había solicitado de la nueva novela de Domingo Villar, se puso inmediatamente en acción: consiguió que le prestaran una enorme maqueta de un barco del transporte en la ría de Vigo y ocupó todo su escaparate con ella, rodeada de los correspondientes ejemplares solicitados: agotó su primer pedido en muy pocos días. “El de Domingo Villar -afirma el librero de Bueu- es un caso singular en Galicia en tanto en cuanto, desde el primer libro que publicó, se creó espontáneamente una legión de seguidores que va en progresivo aumento. Son como los fans de los grandes artistas, unos fans especiales porque es que, y lo digo porque esto me ha pasado a mí varias veces, durante estos años ha habido una gente que me preguntaba por el nuevo libro de Domingo y, otra, por la “nueva aventura de Leo Caldas”. Estos fans se caracterizan por su fidelidad, y por eso, una década después de la publicación de A praia dos afogados, era de esperar que O último barco se vendiese mucho y bien, como así ha sucedido. Domingo (y Leo) han puesto en marcha un fenómeno similar que me recuerda al de Andrea Camillieri y su comisario Salvo Montalbano”.

Domingo Villar, a bordo del barco que diariamente hace el trayecto Vigo-Moaña Ricardo Grobas

EL FIN DE "CRUCES DE PIEDRA"

El escritor revela que, en el año 2013, cuando ya estaba todo previsto para el lanzamiento de una novela titulada “Cruces de piedra”, el fallecimiento de su padre, además del impacto emocional causado, le hizo percatarse de que aquel texto “estaba falto de hondura”. Así que detuvo todo el proceso y empezó a “contar la historia desde el principio”

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