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Extremadura

La central nuclear de Almaraz será la primera de España que se cierre

Los planes actuales del Gobierno es que los siete reactores del país se paren entre 2027 y 2035 | Los residuos se almacenarán de forma ‘provisional’ 60 años mientras se construye la solución final

Central Nuclear de Almaraz.

El Gobierno acaba de presentar la hoja de ruta para el desmantelamiento de las centrales nucleares y la gestión de los desechos con la propuesta del VII Plan General de Residuos Radiactivos. El documento confirma el cierre ordenado de los siete reactores que permanecen activos entre 2027 y 2035 como ya pactó el Ejecutivo con los operadores en marzo de 2019.

Según el cronograma, la central de Almaraz será la primera en dejar de funcionar. El reactor I cesará su explotación en noviembre de 2027. Le seguirá el reactor II, en octubre de 2028.

Después, Ascó I (Tarragona) en octubre de 2030, Cofrentes (Valencia) en noviembre de 2030, Ascó (Tarragona) en septiembre de 2032, Vandellós II (Tarragona) en febrero de 2035 y Trillo (Guadalajara) en mayo de 2035.

El plan contempla el inicio del desmantelamiento de las instalaciones nucleares a los tres años de su cese de operación definitivo. También incluye la construcción de un almacén centralizado (ATC) para el combustible gastado y los residuos de alta actividad --alternativa que hoy por hoy está bloqueada-- o siete almacenes temporales descentralizados (ATD) en los emplazamientos de las centrales nucleares. Los residuos permanecerán almacenados de forma ‘provisional’ durante seis décadas mientras se construye la solución final, que consiste en un Almacén Geológico Profundo (AGP) donde permanecerán los desechos miles de años a una profundidad de entre 500 metros y un kilómetro. Finlandia es el primer país del mundo que está construyendo este tipo de almacén.

Los costes de apagar el interruptor nuclear y almacenar de forma segura los residuos se pueden ir hasta los 26.500 millones de euros. Pese a que el Gobierno tiene claro que no hay marcha atrás en este calendario, algunos expertos defienden que hay que replantarse el cierre de las nucleares ante la dependencia que tiene España de otras fuentes de energía como el gas, como ha demostrado la guerra de Ucrania, que ha disparado el coste de la electricidad.

En el caso de Extremadura, desde la Junta ya han expresado que deben ser los propietarios de la central -Iberdrola, Naturgy y Endesa- los que soliciten más vida útil para Almaraz. Si fuera así, el Ejecutivo regional apoyaría la decisión. No obstante, habría interés por parte de estas compañías si recibieran ayudas económicas por parte del Gobierno. Así lo han expresado en varias ocasiones.

Los residuos

El Estado constituyó en 1984 Enresa, empresa pública que tiene como misión hacerse cargo de la gestión de los residuos radiactivos y del desmantelamiento de las instalaciones nucleares. La única planta desmantelada casi por completo hasta ahora es la de José Cabrera, en Almonacid de Zorita (Guadalajara).

Fuentes de Enresa explican que el proceso más complejo "lo constituye la gestión de las partes activas de la instalación, especialmente de los elementos internos del reactor (donde se inicia, mantiene y controla las reacciones de fisión nuclear en cadena) y de la propia vasija que los contiene. Se trata de las partes más activadas de una central nuclear que ha cesado, junto con el combustible gastado. Son tareas complejas".

La compañía valenciana GDES (1.700 trabajadores y 124,5 millones de facturación agregada en 2021) tiene una rama dedicada al desmantelamiento de centrales nucleares. La firma acaba de finalizar con éxito los trabajos de postsegmentación de la vasija de la central nuclear sueca de Barsebäck-1, consiguiendo un hito en su carrera al desmantelar por primera vez un reactor de 600 MW. José Tomás Ruiz, vicepresidente y director de servicios nucleares de GDES, apunta que se trata de un proceso industrial que se realiza en un entorno complejo por los condicionantes radiológicos que implica y en el que todo debe estar planificado hasta el más mínimo detalle. "Es importante entender que el desmantelamiento de una central se planifica con años de antelación y que comienza realmente mucho antes del cese de explotación", destaca Ruiz.

Los trabajos empiezan tres años después del apagón porque el combustible gastado debe enfriarse en las piscinas de la central, según advierte Enresa. El desmantelamiento en sí se puede prolongar hasta 10 años. "Un desmantelamiento no es solamente una demolición de edificios. Es un proceso en el que hay que ir desmontando equipos de grandes dimensiones. Debido a los condicionantes radiológicos, hay que utilizar técnicas muy complejas de corte bajo agua con uso de equipos robotizados y otros métodos más o menos quirúrgicos. Además, se deben gestionar los materiales de manera que se reduzcan los residuos radiactivos. Todos estos procesos son supervisados por las autoridades de seguridad nuclear y requieren unos procedimientos muy complejos para garantizar que los trabajos se hacen en condiciones seguras y que se protege el medio ambiente en todo momento", precisa el vicepresidente de GDES.

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