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La precariedad agudiza la crisis y dispara el paro juvenil en Galicia un 22%

Hostelería, ocio y transporte, los tres sectores con más temporalidad, destruyeron 12.700 empleos en un año - Los contratos a jornada parcial aumentaron un 117% desde 2010

Los jóvenes gallegos pagan la crisis laboral generada por la pandemia

Los jóvenes gallegos pagan la crisis laboral generada por la pandemia CARLOS PARDELLAS

Mejores, iguales o peores en el comportamiento individual y colectivo, eso está por ver, inevitablemente la pandemia dejará "profundos cambios estructurales" en la economía, según el Fondo Monetario Internacional (FMI), y "cicatrices duraderas" como "un menor crecimiento de la productividad, pesadas cargas de deuda, elevadas vulnerabilidades financieras y mayor pobreza y desigualdad". En su último informe de Perspectivas Económicas Globales publicado esta misma semana, el organismo señala al empleo entre las principales víctimas del Covid-19 por la "polarización" del mercado laboral, que golpea más a los colectivos que menos tienen -"trabajadores de bajos ingresos, los jóvenes y las mujeres"- y obliga a diseñar planes para "facilitar la recolocación de trabajadores de sectores que probablemente se reducirán a largo plazo". Al igual que ocurrió en 2008, cuando la doble recesión afloró los pies de barro de una etapa de bonanza alimentada con ladrillo y crédito fácil, el shock del coronavirus confirma que la recuperación del empleo en los últimos seis años arrastra profundos desequilibrios. La precariedad abona el impacto de la crisis en la ocupación en Galicia, llevándose por delante a los sectores y colectivos con más temporalidad, especialmente los jóvenes.

La comunidad cerró septiembre con 176.574 parados tras un incremento del 6,2% (10.345 más) respecto a febrero, antes del estallido de la pandemia. En comparación con el mismo mes de 2019, la subida se sitúa en el 12,5%, con 19.590 nuevos desempleados. Hay muchas diferencias en función de la edad. Entre los 50 y los 54 años fue del 9,4% y del 6,2% entre los 55 y los 59. El alza del paro en la franja de los 35 a los 49 años también se mantiene por debajo de la media. Todo lo contrario que en los jóvenes. En los menores de 35 años creció un 22% y hasta un 31% en el caso concreto de los que están entre los 20 y los 24 años, coincidiendo con el fin de los estudios superiores, según los datos suministrados por la Consellería de Emprego al Instituto Galego de Estatística (IGE).

Casi el 14% del total de parados en Galicia, unos 24.100, son analfabetos o no terminaron los estudios primarios. Es un grupo de población con especiales dificultades para la reincorporación al mercado laboral. El desempleo repuntó entre ellos un 23% desde septiembre de 2019 en Galicia. Los menores avances se dan en los trabajadores que cursaron Formación Profesional (9,4%) y los que tienen estudios postsecundarios de primer ciclo (0,7% más). Otra cosa es que estén empleados en puestos acordes a su preparación y en buenas condiciones.

La Encuesta de Población Activa (EPA) del tercer trimestre que se conocerá a finales de este octubre ahondará en la radiografía de las heridas abiertas en el mercado laboral gallego por culpa del Covid-19. La del segundo trimestre, como recuerda el Foro Económico de Galicia en su último Informe de Conxuntura Socioeconómica, "refleja que el ajuste en el empleo se produce en mayor medida en las personas más vulnerables: asalariados con contrato temporales, los más jóvenes, trabajadores a tiempo parcial y con menores niveles educativos". "Atendiendo al tipo de contrato, los asalariados temporales concentran las caídas del empleo, descendiendo un 19,6% -señala el informe-, mientras aumenta la ocupación entre aquellas personas con contratos indefinidos".

Además de las consecuencias evidentes del confinamiento, la hibernación de la economía en abril y las posteriores restricciones de aforo para contener la propagación del virus, todo lo que está pasando no podría explicarse sin las tendencias que el mercado laboral de Galicia venía siguiendo desde el fin de la pasada crisis. El Producto Interior Bruto (PIB) volvió a crecer en 2014. Fue también el punto de inflexión para los contratos que, desde entonces, no han parado de marcar récord en la comunidad. En 2019 se firmaron 1.086.121. ¿Y cuánto aumentó la afiliación? En 17.362 personas. De media, por cada alta neta en la Seguridad Social -diferencia entre en los nuevos cotizantes y las bajas- hubo 52 contratos en los últimos seis años.

¿Cómo es posible semejante proporción? Por el tipo de empleo. De esos cerca de 1,1 millones de contratos formalizados el pasado ejercicio en la región, el 81,5% fueron por obra y servicio o eventuales por circunstancias de la producción. Hay incluso más interinos (8,5%) que indefinidos y conversiones de temporales (8,3%). Pero es que por encima del 36%, casi 400.000 contratos, fueron a tiempo parcial, que suponen uno de cada tres puestos también entre los fijos. La evolución de las jornadas parciales en Galicia desde que arrancó la recuperación económica es vertiginosa. Se dispararon un 117%.

¿Y cómo se reparte esa temporalidad en la ocupación de la comunidad? Si los contratos indefinidos representaron el 18% en la construcción y superaron el 16% en el sector primario y las finanzas durante 2019, en las actividades artísticas, recreativas y de ocio se quedaron alrededor del 2% y del 5% tanto en hostelería como en transporte. Justo los tres sectores que más empleo destruyeron a causa de la pandemia: 12.700. Los servicios de alojamiento perdieron en el último año uno de cada cuatro afiliados (2.943) y uno de cada diez los bares y restaurantes (7.115). Otras 832 bajas fueron del transporte y almacenamiento (caída del 6,7%); 1.343 (9,9%) de actividades relacionadas con el empleo, donde se incluyen las ETT; y casi 900 (9,2% de reducción) en actividades deportivas, recreativas y ocio. Creación y espectáculos disminuyeron su ocupación un 16,2% (454); un 15% (450) los negocios de alquileres no inmobiliarios; un 14,6% (311) las agencias de viaje y operadores turísticos; y un 10,5% (459) las empresas de ingeniería civil. Destaca también la confección textil, con un recorte de 742 empleados (8,5%); los 265 puestos que se fueron en fabricación de muebles (8,7%); y los 265 (8,2% de descenso) en las firmas de bebidas.

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