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Todo al rojo

Los arándanos tienen un aporte energético muy bajo. Shutterstock

Vivir del campo, aunque tremendamente reconfortante, no es tarea sencilla. Primero porque son muchos los factores que determinan la producción; segundo, porque la mayor parte de las veces es la meteorología la que decide cómo será la campaña y, tercero, porque entre quien trabaja la tierra y quien disfruta de sus frutos hay muchos intermediarios que reclaman su trozo del pastel. Resultado: al trabajador se le ofrecen muchas veces solo las migajas. Productores de las comarcas de Deza y Tabeiros-Terra de Montes –entre otros puntos de la geografía gallega– registraron la marca Berries Galicia como paraguas para productos gallegos de alta calidad y con la intención de acortar la cadena entre quien produce y quien consume. La matriz de este proyecto fueron los frutos del bosque, precisamente también conocidos como berries.

El arándano, bautizado por algunos como “oro negro”, protagoniza las plantaciones de muchos productores de la zona, con varias hectáreas en A Estrada, Lalín o Silleda. Algunos comenzaron con este cultivo de manera experimental y han descubierto que las condiciones de la tierra y el clima son especialmente propicios para estos frutos, cada vez más demandados por el mercado por beneficios tan conocidos como la prevención de las cistitis, entre otros.

Las plantas están en pleno apogeo productivo a los cinco años, si bien ya antes ofrecen una cosecha nada desdeñable. Otros están probando también suerte con las grosellas y alguno sopesa comenzar con la frambuesa. En puntos como la parroquia estradense de Berres las fresas llevan años de tradición, llegando a múltiples puntos con un sabor que no deja indiferente. Todos estos productores se unen ahora para seguir creciendo. Suben su apuesta. Todo al rojo.

Ramiro Touceda, en su plantación de fresas en Berres. | // BERNABÉ/JAVIER LALÍN

Una vida viendo madurar unas fresas que cada vez demandan más clientes

Ramiro Touceda es el presidente de Berries Galicia. Aunque se estrena ahora en este cargo, su experiencia en el sector es dilatada. En su momento decidió no probar suerte con los arándanos y continuar cultivando fresas y judías en la parroquia estradense de Berres. Así ha crecido. Las fresas comienzan ya a coger color y en pocas semanas estarán listas para iniciar la campaña y llegar a muchas mesas. “Llevamos muchos años con ellas y cada vez estamos teniendo más demanda”, apuntó Touceda. “A día de hoy está más que demostrado que el sector primario es un sector esencial, pero nadie mira por nosotros; no tenemos representación en ningún lado porque somos todos pequeños. Si quieres producir tienes que caer en manos de comercializadoras que se van a llevar los beneficios, así que lo que buscamos ahora es intentar llegar al consumidor lo más directamente posible”, explicó.

Mientras muestra las fresas que comienzan a estar “pintonas”, Ramiro Touceda calcula que en esta finca tiene unas 50.000 plantas. La cosecha depende de múltiples factores. “En esta misma finca el año pasado murió mucha planta y no dio para gastos; este año todo depende del tiempo”, expone. Sin embargo, si todo va bien, lo habitual es que esta plantación estradense permita obtener entre 10.000 y 15.000 kilos de fruto por campaña. “Ahora está bonita”, observa.Este productor tiene una hectárea plantada de fresas y está preparando otra extensión idéntica para ampliar su cultivo. “Sinceramente, no nos llega la producción para la demanda”, confiesa.

Touceda comercializa su producto a través del Novo Mercado y tiene un puesto en Merca Coruña. En él puede vender entre 300 y 400 kilos de fresa cada día. “En A Estrada, a lo mejor un sábado se venden 200”, añade. Destaca que la asociación que preside ha hecho muchas gestiones para abrir mercados a los productos que se comercialicen bajo la marga registrada de Berries Galicia. Subrayó que tendrán que se productos gallegos y producidos en Galicia, si bien no quiso olvidarse de subrayar la importancia de que el consumidor se conciencie y demande este sello de calidad y productos de temporada. Remarcó que, con esta unión, los productores podrán tener en 24 horas su producto en cualquier punto del mercado nacional y sin romper la cadena de frío, si bien destaca que lo que ahora necesita el nuevo ente que le ha tocado presidir es disponer de un centro logístico para facilitar las labores de distribución.

Eladio Cuiña, con su plantación de arándanos al fondo. | // BERNABÉ/JAVIER LALÍN

Regreso al rural con 1,5 hectáreas, 3.500 plantas de arándano y 20.000 kilos

Eladio Cuiña es un hombre que ha llegado muy alto, pero que tiene los pies tremendamente enraizados en la tierra. Después de muchos años dedicado al mundo empresarial, su vida ha dado un giro de 180 grados que le ha sentado estupendamente. Ha vuelto a sus orígenes, a la parroquia de Prado donde nació su padre y donde su abuelo fundó en, el año 1918, el Muíño de Cuiña, centro neurálgico –en plena actividad– de un entorno maravilloso que este lalinense está construyendo sin prisa pero sin pausa.

Pese a haber plantado la bandera de su empresa en altas cimas –sin ir más lejos en la T4 del aeropuerto madrileño de Barajas–, Eladio habla en un tono bajo y pausado. Sabe que en esta nueva etapa que afronta es la naturaleza la que marca los ritmos y que él ha de dejarse ir. Hace un par de años que vio una plantación de arándanos en flor en Cerdido y se enamoró. Decidió trasladar la experiencia a las inmediaciones de un afluente del Deza que va tomando su nombre de los lugares que atraviesa. La plantación ocupa un lugar en pendiente y rebosa mimo. Está incardinada en un proyecto agroturístico más grande que Eladio Cuiña todavía no quiere desvelar pero, como sucederá con sus arándanos, comenzará a florecer próximamente, previsiblemente en esta primavera.

El entorno en el que crecen estos frutos rojos es un auténtico paraíso de la Galicia interior que este lalinense va construyendo poco a poco, sumando fincas de dimensiones muy reducidas, prototipo del minifundismo existente en esta parte del Concello de Lalín. Su plantación se encuentra a ocho kilómetros de la capital de Deza y a seis de Silleda. En esta hectárea y media de terreno, el frío de la zona y la acidez de la tierra son perfectos para este fruto, como loes el hecho de estar en pendiente. “El arándano tiene que beber y desbeber. En verano cada planta necesita unos diez litros de agua al día, pero no quiere estar encharcado”, explica. Una balsa de 300.000 litros situada en una cota elevada se encarga de alimentar el sistema de riego por goteo. Para el verano de 2022 esperan estar ya en plena producción, aspirando a que sus 3.500 plantas permitan recoger una cosecha de 22.000 kilos de fruto, de cinco variedades distintas.

Subraya Cuiña que, como él lo está en Prado, las plantas tienen que quedar perfectamente enraizadas para soportar el peso de su producción, en torno a seis kilos por arbusto. Es un férreo defensor de que “somos los que comemos” y, por tanto, de cuidar lo que nos nutre para velar por nuestro propio bienestar. Mientras los arándanos crecen y maduran para ser comercializados en el mercado local, nacional y europeo, un campo experimental con 300 plantas de grosellas se prepara para seguir su estela.

Anne Lanevschi y Diederik Pietersma. | // BERNABÉ/JAVIER LALÍN

La pareja que echó raíces en Ribeira y experimenta con 15 variedades de arándano

Anne Lanevschi y su marido Diederik Pietersma se aventuraron en la producción de arándano ecológico desde el rural de A Estrada. Su plantación en la Finca da Condesa, en el parroquia estradense de Ribeira, tiene ya seis años. Anne es natural de Canadá, veterinaria e hija de emigrante retornada. Diederik es holandés e ingeniero agrónomo. Juntos estudian la evolución de 15 variedades de arándano en una superficie experimental de media hectárea, todo en ecológico.

Calculan que sus plantas ofrecen un millar de kilos de fruto por campaña, si bien señalan que es a partir del quinto año –desde este verano– cuando la producción comienza a aumentar. Sin embargo, les ha permitido comercializar ya arándanos en los últimos cuatro años. “La idea es decidir ahora si ampliamos o no”, explica Anne, que señala que también tienen una plantación experimental de avellano en estos terrenos. “El reto es que somos pocos productores con poca superficie y el problema es la salida al mercado”, reconoció.

Tras ver cómo se comporta el arándano en tierras estradenses, subrayan que hay una acidez y unas horas de frío beneficiosas para este fruto, en muchas de sus variedades. “Es importante probar las variedades antes de lanzarse. Hemos notado que algunas pueden florecer mucho antes. Con el arándano el desafío más importante es cogerlo en su punto: no demasiado verde, que impacta mucho el sabor, ni demasiado maduro, que pierde su firmeza”, expone. La producción arranca en mayo con las variedades más tempranas y llega a agosto-septiembre con las más tardías.

Cuando se depende del tiempo y de otros muchos factores ajenos, calcular una producción es complicado. Algunas variedades son de arbusto alto y otras conocidas como “ojo de conejo”, que requieren polinización cruzada, así que el fruto que se comercialice depende de muchos condicionantes. Aunque indican que es en el quinto año cuando la cosecha aumenta, señalan que a partir del tercero ya se puede hacer una buena recolecta.



Javier Agrelo, con sus arándanos en Santo Tomé de Ancorados. | // BERNABÉ/JAVIER LALÍN

Un experimentado pionero en el cultivo de arándanos con sello de A Estrada

Javier Agrelo es joven, pero no es, ni muchísimo menos, un novato en el mundo de la agricultura ecológica. Tenía 23 años cuando se aventuró con su primera plantación de kiwis, toda una hectárea en Santo Tomé de Ancorados. También se animó con los manzanos, frutales que en A Estrada son una apuesta segura, dada la tradición del sector de la manzana y la sidra. Sin embargo, el éxito le llegó con los arándanos, que lo sitúan como pujante productor y ahora lo colocan en la vicepresidencia de Berries Galicia.

En 2013 decidió crear un campo de ensayo con 500 plantas, en un momento en el que solo había algunas plantaciones en Asturias y Cantabria, además de en Huelva, principal punto productor de este fruto a nivel nacional. Esta experiencia terminó siendo un éxito y sirvió para confirmar que las plantas de arándanos arraigaban bien en el terreno y resistían el clima gallego. “Pedí subvenciones, arriesgué y busqué ser más profesional”, explicó a FARO en su día. A partir de ahí buscó crear una producción importante que le permitiese “entrar en mercado y competir”. Para ello creó una plantación que abarca 6.000 plantas en algo más de dos hectáreas de Santo Tomé de Ancorados y en una finca que alquiló en la Anllada (Cuntis).

Cuando toda su plantación esté a pleno rendimiento estima que producirá en torno a doce toneladas de arándanos al año. Llegará entonces el desafío de distribuir todo este fruto, una labor que ya realiza de manera individual y que ahora también hará bajo la marca de Berries Galicia. Agrelo creó también su propia marca, Biofruit Galicia. En la cabeza de este ingeniero bullen las ideas e iniciativas. El campo es el lienzo en el que le gusta pintar y ahora mismo sus arándanos lo hacen con una variada paleta de negro azulado.



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