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El mundo de las estrellas visto desde Santiago (y II)

Ramón Aller aprovecha un artículo del 25 de julio de 1947 para presentar a sus colaboradores y escribir sobre las estrellas dobles

Ángel Docobo Fernández, Juan Manuel Novoa Quintas, Luis Viqueira Vadés, Ramón Aller, Enrique Vidal Abascal, Eduardo García-Rodeja y Rafael Cid Palacios a la puerta del Instituto Gelmírez el 1 de febrero de 1948. // Cedida por Enrique Vidal Costa

Ángel Docobo Fernández, Juan Manuel Novoa Quintas, Luis Viqueira Vadés, Ramón Aller, Enrique Vidal Abascal, Eduardo García-Rodeja y Rafael Cid Palacios a la puerta del Instituto Gelmírez el 1 de febrero de 1948. // Cedida por Enrique Vidal Costa

Ramón María Aller Ulloa aprovecha el artículo publicado el 25 de julio de 1947 en el periódico compostelano La Noche para presentar en sociedad a sus colaboradores en el Observatorio de Santiago, a los que tanto quería. Enrique Vidal Abascal y Eduardo García-Rodeja tuvieron nombramientos oficiales del CSIC de astrónomos adjuntos, siendo el primero el director de la Sección de Astronomía Teórica y Matemática Durán Loriga. José Pensado, Ángel Docobo (tío de José Ángel Docobo) y Andrés Sierra fueron becarios en el Observatorio.

Tampoco desperdicia el momento para dedicarle unas líneas a las estrellas dobles, su tema preferido de investigación y que de hecho introdujo en España. Finaliza llamando de nuevo la atención hacia el Observatorio de Santiago, mencionando la ampliación prevista así como los instrumentos pedidos. A continuación se reproduce el artículo íntegro:

La Noche del 24 de julio del año de gracia de 1947 va a salir un extraordinario dedicado a Galicia en general. El periódico se publica en Santiago, donde hay un Observatorio Astronómico, y, por tanto, nada más natural que requerir al Observatorio que diga algo sobre 'el mundo de las estrellas visto desde Santiago'.

Salir con un artículo de divulgación relativo a cualquier asunto de actualidad astronómica, es escurrir el bulto. Aunque se acierte a buscar una cuestión interesante, mejor iría en otra ocasión. Ahora se pide concretamente algo que muestre cómo se miran las estrellas desde Santiago, y esto, confieso que resulta para mí dificilísimo llevarlo a cabo con acierto.

Si los métodos, tan geniales como bellos de Enrique Vidal Abascal para el estudio de las órbitas, ya elípticas, ya parabólicas, de las estrellas dobles visuales, si los trabajos auxiliares para estas investigaciones realizados por José Pensado, Ángel Docobo y Rafael Cid, si el sagacísimo aglomerado de ingeniosas combinaciones de Eduardo García-Rodeja, para triangular la eclipse, si las pacientes medidas de Andrés Sierra para la primera determinación de nuestra latitud..., si todo ello, en vez de andar en revistas que leen muy pocos, hubiese aparecido en periódicos corrientes, lo que ahora se me pide costaría relativamente poco trabajo, como ocurre cuando se trata de escritos de literatos, poetas, y, aún en cierta medida, de artistas, arqueólogos, historiadores..., pues todo el mundo está enterado más o menos de sus producciones.

El trance en que me ponen es muy distinto. Dar una lista de trabajos, abigarrada de términos técnicos, que a la mayoría le suenan a hueco (¡o a camelo!), es ocupar un pequeño espacio en el periódico, fuera de lugar, a menos que se tratase de una información científica, en pocas líneas. En rigor, habría que comenzar por la divulgación de asuntos que se resisten a esta faena. Así, no sé si puede suponerse bastante divulgada la existencia de numerosos grupos de estrellas, en la mayoría de los casos pares, que describen órbitas en torno del centro de gravedad de cada grupo, o par, como en nuestro sistema los planeta y cometas las describen en torno del Sol; y así como hay métodos para determinar estas órbitas, así también los hay para determinar aquellas. Pero, dado que todo esto no requiere previa divulgación, ¿Cómo me las voy arreglar, por ejemplo, para decir en qué consisten los métodos de Vidal, o, al menos, decir cuáles son sus ventajas? Las estrellas dobles describen sus orbitas en planos orientados de mil maneras; y, al verlos desde la Tierra, los percibimos bajo ángulos muy distintos; permítaseme la frase: vemos las órbitas como 'escorzadas'. Los astrónomos cuando las determinan - un trabajo penoso al comparar sus cálculos con las observaciones - para saber si aquellos van o no acertados, y se ven en la necesidad de pasar 'escorce' a la 'verdadera forma', y después otra vez de ésta al primero. Pues bien, sin contar otras ventajas que no sé cómo señalar aquí, los métodos de Vidal no necesitan más que el análisis del 'escorzo', es decir, de la órbita aparente, para comparar los cálculos con las observaciones.

Tratándose de órbitas, el área (o 'sembradura', como diríamos de una finca) es de capital importancia, porque la segunda de las leyes de Kepler dice que las áreas descritas por la recta que va de una estrella a otra en un par, son proporcionales a los tiempos empleados en describirlas. De aquí que en Astronomía tenga tanta importancia el área como en cualquier asunto de partijas de fincas; solo que los métodos de los peritos, por lo general no resultan. Por ejemplo, clavemos cinco estacas al azar y preguntemos el área de la cónica determinada por los cinco puntos marcados. Cualquier matemático resuelve el problema mediante una sucesión muy larga de deducciones. Pero García-Rodeja nos ha dado una formula con la que, midiendo solo las áreas de los triángulos formados por los puntos, sabemos inmediatamente si hay una elipse que pase por ellos, y en caso de haberla, cuánto vale su área.

Las estrellas pasan por el meridiano de Santiago como por otro cualquiera; pero, a los observadores de aquí, por el momento, una de las cosas que más les interesa es anotar las particularidades de esos pasos que sirvan para fijar las coordenadas geográficas, longitud y latitud, no solo con el objeto de saber cuánto dista el Observatorio del Polo Norte y de los observatorios de posición bien conocidas, con la máxima exactitud que sea posible, sino para examinar la eficacia de los métodos empleados, y si el Observatorio logra la ampliación e instrumentos que tiene pedidos, contribuir al estudio de las posiciones de las mismas estrellas.

Como se ve hay trabajo para los días de cielo claro y para los de cielo turbio; para el momento y para lo sucesivo; y sobre todo, lleva camino de ser? lo que casi no era?

Glorioso Apóstol Santiago! ¡Patrón de España, donde la Astronomía es... la cosa más rara!... ¡Que un rinconcito de tu Compostela, se trasforme en lozano Campo de las estrellas!

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