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Rapa das Bestas

Un garañón de leyenda

Makelele, el mítico garañón del Cávado, hace gala de su espíritu salvaje y vuelve a escaparse del curro

Zepelín, el otro garañón del Cávado // Bernabé/Javier Lalín

Zepelín, el otro garañón del Cávado // Bernabé/Javier Lalín

Su rebeldía le ha hecho famoso, hasta el punto de convertirlo en toda una leyenda. Lo bautizaron con el nombre de Makelele, como el mítico futbolista, a quien emula en capacidad para el regate. Los de Sabucedo solo lograron bajarlo al curro en dos ocasiones, una de ellas el pasado año. En esta última Rapa se intentó que este garañón bajase a la aldea para cumplir con la tradición pero terminó dando esquinazo a los aloitadores y continúa corriendo por el Monte Cávado con sus largas crines mecidas al antojo del viento.

Makelele se ganó a pulso su reputación. Negro como el azabache y con una pequeña mancha blanca, tiene unas potentes condiciones físicas. Es el prototipo de caballo salvaje, con espíritu rebelde que pone las cosas muy difíciles a quien intenta doblegar su voluntad. El presidente de Rapa das Bestas, Pepe Paz, explicó ayer que este garañón -como se conoce en Sabucedo a los machos dominantes de las manadas de O Santo- ganó fama por los sucesivos e infructuosos intentos de hacerlo bajar al curro. Solo se consiguió en dos ocasiones, las mismas en las que el público pudo comprobar la existencia de este legendario caballo. Entonces nació el mito.

Makelele vive en el Cávado, encabezando y protegiendo una manada de 36 bestas. Tiene en estos momentos diez años, según los cálculos de Paz, quien explicó que ello supone para un équido estar en años de plenitud, entendiéndose que a partir de los 17 un caballo entra ya en la vejez.

Zepelín, el otro garañón del Cávado

Zepelín, el otro garañón del Cávado Bernabé/Javier Lalín

El pasado viernes, los aloitadores consiguieron localizar a este garañón a primera hora de la mañana. Lo tuvieron delante durante un trecho del camino, intentando dirigirlo hacia la cima del monte. Aquí se escurrió. No lo hizo solo, se llevó consigo un reducido grupo de yeguas. No lo volvieron a ver en todo el día y, por consiguiente, no pudieron bajarlo a Sabucedo y hacerlo entrar en el curro para raparlo y desparasitarlo. Sobre la arena, Makelele no se amilana. Ni mucho menos. Paz recuerda que planta batalla en el foso para salir de él con el pelo corto.

Este mítico caballo no es ya el único señor en el Cávado, un monte que en los últimos años ha perdido muchos caballos, primero con los incendios de 2006, después tras un duro invierno y finalmente por la acción del lobo. El otro garañón que habita este monte se conoce como Zepelín. Tiene junto a él otras 50 cabezas y este fin de semana sí entró en el curro.

Los garañones tienen el honor, como perpetuadores de la especie, de ser caballos de O Santo. A mayores, Makelele se ha ganado también con su espíritu indomable el convertirse en un caballo de leyenda.

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