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Baloncesto en Silla de ruedas - División de Honor

El reposo del argonauta

Jeison Betancourt, feliz en el Iberconsa | Perdió la pierna en un accidente | Lo expulsaron de la selección de Venezuela por críticas políticas y no ve a sus dos hijos desde hace seis años | En Argentina lo dejaron sin papeles, en Colombia pasó hambre y en Badajoz le deben dinero

Jeison Betancourt, ayer en O Berbés. JOSE LORES

El nombre determina. Jasón, sanador de males, el del pie izquierdo descalzo, marido de Medea y de Creúsa, lideró a los argonautas en la búsqueda del vellocino de oro. Jeison Betancourt, amputado de la pierna derecha, padre de Luis Guillermo y Ashley Sofía, se venda las heridas del cuerpo y del alma. El nuevo jugador del Iberconsa Amfiv emprendió hace mucho su propio rastreo. Lo han expulsado de la selección de Venezuela por críticas políticas. Lleva seis años sin visitar su país natal ni ver a su familia. Le han rugido las tripas y ha dormido sobre el suelo. En un club lo dejaron indocumentado y en otro le deben dinero. Relata su viaje sin amargura. Persigue la felicidad de los suyos. Tal es su vellocino. “Recogeremos la cosecha”, se ha prometido.

Jeison nació en la Valencia de Carabobo hace 35 años. Un chico alegre, de madre venezolana y padre colombiano, cuya pasión por el deporte ha compartido. Él se soñaba pitcher, gigante sobre el montículo como Randy Johnson. No alcanzó los 2.08 del californiano. Se quedó en 2.02. Esa ambición beisbolista ya se había desvanecido el día en que el jeep en el que circulaba con su hermano pequeño John Jairo cayó por un barranco. Las dos piernas diestras sufrieron las consecuencias. John Jairo se rompió tibia y peroné. Jaison salió despedido y el vehículo le pasó por encima. Una infección obligaría a amputarle la extremidad por encima de la rodilla.

Jeison se dispone a lanzar en su debut oficial ante el Amiab Albacete. ALBA VILLAR

A Jeison le cuesta precisar a qué edad sufrió el accidente, si con 23 o con 24 años. “No me acuerdo ya de eso. Desecho las cosas malas y me quedo con lo bueno. El accidente fue como volver a reiniciar mi vida”, conviene. “La pérdida de la pierna nunca supuso una limitación para mí. Pensé: “Es una nueva oportunidad. Yo quiero vivir. Vamos adelante con lo que Dios tenga para mí”. No es que sea muy religioso pero confío mucho en Dios”.

–Mira, Jeison, por allá en la plaza central juegan baloncesto en silla de ruedas –le dijeron unos amigos tras completar la rehabilitación.

A Jeison, pese a su estatura, nadie lo había tentado con el baloncesto convencional. El enamoramiento resultó súbito y completo. “Fui de chismoso, me montaron en una silla, me gustó y hasta aquí”.

Sucedió en 2012. Progresó con rapidez. En 2014 ya estaba compitiendo con Venezuela en los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Mientras, la situación del país se había deteriorado. Poco después acudió a un torneo en la colombiana Cali. Conoció a Mauro Varela, seleccionador argentino, y se ofreció.

–Mire, profesor, yo quiero seguir aumentando mi nivel,. Me han hablado de la liga argentina. Si conoce a cualquier equipo que esté interesado en un categoría 4...

–Ok, Jeison, yo te ayudo.

Por su mediación se enroló en el SICA de Córdoba. Quedaron campeones nacionales. “Pero el presidente se había metido en problemas y lo echaron”, relata. “Quedé indocumentado. Él tenía mis papeles. Cuando traté de salir de Argentina, tuve que pagar multa de mi propio dinero”.

No regresó a casa. Esas puertas se le habían cerrado. En una entrevista con una televisión argentina había criticado “la realidad de Venezuela”, sostiene. Lo expulsaron de la selección. “A las personas que tienen problemas con el gobierno siempre les va mal. Por miedo no he vuelto más”, asegura. En un viaje anterior a Colombia había conocido a su familia paterna. Decidió instalarse en Cali. Se nacionalizó.

Tuve que pasar trabajos, pasar hambre, pasar sueño allí en Colombia”, cuenta. “Me pude defender gracias a mi hermano”. John Jairo es barbero y tatuador. También practica el baloncesto en silla. “Vivíamos en un cuartico pequeño, donde solo cabía la cama de él. Yo dormía en un colchoncito en el piso. Así duramos cuatro meses. Yo nunca me rendí”.

–Tranquilo, que de esta salimos –le aseguraba a John Jairo. –No todo el tiempo va a llover. Tiene que escampar.

El baloncesto lo rescató. Con el Disfad de Cali ganó el campeonato departamental; con la selección del Valle del Cauca añadió otros éxitos. Un amigo de Cucutá. John Hernández, fichó por el Mideba Extremadura en verano de 2021 y lo llamó.

–Hay una oportunidad.

Jeison había dejado en Venezuela a su madre y a su primogénito, Luis Guillermo, hoy de 11 años. Lo tuvo con una chica con la que rompió tras el accidente. Una segunda pareja, con la que había convivido ocho meses en Cali, regresó igualmente a Venezuela, vencida por la nostalgia. Se llevó a su hija Ashley Sofía, de 8. Por ellos dos, a los que envía dinero para necesidades y estudios, decidió aceptar el reto, aunque supusiese alejarse más. “No me podía quedar en el camino. Mis hijos dependen de mí”, argumenta. “Todo el esfuerzo es por ellos. Son mi motor de lucha. Mi familia siempre ha estado ahí a pesar de la distancia. Me aplauden todos mis logros. Yo los siento aquí, conmigo”.

La experiencia en el Mideba no resultó satisfactoria. “Tuve grandes compañeros y un buen entrenador. El problema fue la gerencia. Se tardaban en los pagos y siempre había excusas. Aún le deben a muchos jugadores, como a mí”.

El Iberconsa Amfiv estaba al acecho. “Supimos de él por nuestro jugador argentino Franco Alesandrini hace dos años”, revela el entrenador vigués, César Iglesias. “Nos habló de que en los Campeonatos Sudamericanos había un jugador muy grande y que debíamos verlo. Se nos anticipó Mideba. Poseían una gran plantilla y lo trajeron para un rol secundario. Le vimos características que podían encajar en nuestro equipo”.

Jeison tira a canasta durante el entrenamiento de ayer. JOSE LORES

El capitán del Iberconsa, Agustín Alejos, contactó con Jeison a través de Salvador Sandoval. El Mideba lo liberó del año de contrato que le restaba. Aunque en Las Rozas se habían interesado, se decantó por Vigo. “Tuvimos mucha suerte”, acepta Iglesias. “Al no participar tanto, otros equipos no se fijaron en él. Estamos contentos. Le encanta mejorar. Será un jugador totalmente diferente en dos o tres meses. Trabajamos en que rompa sus miedos. Ha venido al sitio adecuado”.

El argonauta concuerda en que es momento de reposar, al menos durante un tiempo, en su eterno viaje: “Al presidente de Mideba lo vi dos veces como mucho en toda la temporada. Aquí el presidente está en los entrenamientos, en los juegos, es el que toma las fotos, está pendiente de nosotros... Igual que el entrenador, el asistente y los demás jugadores. Eso te llega. Si vienes de donde no eres nadie y te tratan así, te quieres quedar de por vida”.

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