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Directo a la historia

José Suero dedica el título nacional, el primero del boxeo vigués desde 2002, a su entrenador, Manuel Jiménez: “Se lo merecía”

Jiménez aconseja a Suero en la esquina, durante el combate; arriba, el campeón, con su cinturón y vestido con la camiseta de Brais Méndez; abajo, recepción en La Vieja Escuela.

Cada tarde, al salir de su trabajo como cocinero en un restaurante, José Gregorio Suero se paraba delante de la antigua sede de La Vieja Escuela. El joven miraba hipnotizado a los boxeadores, soñándose uno de ellos. Así durante cuatro meses, hasta que venció su timidez, se decidió a entrar y preguntó por el encargado.

Manuel Jiménez –le dijeron, –pero no está, tardará en volver.

–Bueno, pues me quedo –y uno puede imaginárselo concentrando el gesto serio, que le es propio.

Y allí lo esperó, durante hora y media, hasta que Jiménez regresó. Nueve años después de la escena que inició su sociedad, Suero y su entrenador han completado un largo y pedregoso camino, que les abre otros horizontes. El dominicano, afincado en Vigo, se ha proclamado campeón de España superwélter. El primer título nacional de categoría profesional para el boxeo vigués desde el que en 2002 lograse Jorge Araújo en ese mismo peso. El cinturón que acarició Jiménez, sin capturarlo. Suero le cura vicariamente esa amargura. “Se lo merecía”, dice. “Por cómo se ha portado conmigo, era un regalo que tenía que darle”.

Han llegado a Vigo ya avanzada la tarde del domingo, tras recorrer los 765 kilómetros entre Pamplona y Vigo. Solos ellos dos, como tantas otras veces durante los últimos meses, cuando las restricciones de la pandemia han vaciado el gimnasio. En La Vieja Escuela aguardan familiares, compañeros y amigos. “Estoy muy contento. Era el sueño que teníamos. Con trabajo lo hemos logrado”, celebra Suero. “Ya hacía un año de mi última pelea (contra Miguel Aguilar, en Bouzas, el 8 de febrero de 2020) y reaparecer por el título era algo más grande. Aceptamos el reto y nos preparamos para esto”.

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En territorio hostil

El boxeo español vive en una crisis perenne. En Vigo resulta casi imposible reunir la financiación que levante una velada. La crisis del COVID lo ha complicado aún más. No quedaba otra que tentar la fortuna en las peores condiciones; asaltar el Campeonato de España en casa del defensor, un David Soria de registros impolutos (nueve victorias, cero derrotas) y apoyado por el millar de hinchas que el aforo del Pamplona Arena permitía.

“Nos preparamos para diez asaltos. Sabíamos que era un rival duro”, recuerda Suero. “Mucho sacrificio, horas de entrenamiento, lesiones… Pero siempre seguimos por el camino”. Manuel Jiménez había diseñado una estrategia compacta, a desarrollar en los diez asaltos. Tras neutralizar el ímpetu inicial de Soria, un boxeador ofensivo de gran ritmo, José debía imponer poco a poco su superior físico. Jiménez no se había obsesionado con noquear a Soria. Eso hubiera condicionado sus planes e incrementado los riesgos. Pero era deseable porque ganar al anfitrión en las cartulinas iba a ser difícil. “José nunca ha protestado por ninguna decisión. Le han robado muchos torneos en el campo amateur y la pelea profesional que hicimos fuera, en la que le dieron un nulo (en Marbella contra Christopher Mena, al que luego doblegó en Vigo). Nunca levantó la voz para quejarse de los árbitros. Siempre ha demostrado su humildad y ser un caballero del ring. No podíamos jugarnos mucho el tema a las puntuaciones”, confirma Jiménez.

El primer asalto apuntaló sus temores. Suero controló a Soria. Dominó más allá de lo esperado. “Por raro que parezca, ese primer asalto lo ganó clarísimo José. Se lo dieron perdedor todos los jueces menos uno. En el segundo asalto se le dejó trabajar un poco más a Soria porque veíamos que íbamos bien y que le estábamos haciendo daño. Ya tenía un pómulo inflamado, de hecho. En el tercero le dije a José que tenía que meter manos duras y llegó el ‘accidente’”, indica el entrenador sobre el KO. Suero cazó a Soria con un directo a la contra. “Preveíamos una pelea larga, que no se resolviese tan rápido, pero sí esperaba que se notase la pegada de José, que es con lo que no contaban ellos. Cuando llevas el trabajo bien hecho, las cosas salen. Si sufres en el gimnasio, disfrutas en el ring”.

La contundencia del derechazo dejó inmóvil a Soria. Suero se acercó a interesarse por su situación. “He notado un pitido. Hasta ahora no me he dado cuenta de lo que estaba pasando”, admitía el navarro a la conclusión del combate, ya recuperado e incluso retador: “Ese cinturón va a volver a mis manos seguro”.

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Conceden la revancha

Suero y Jiménez están totalmente dispuestos a concederle la revancha. “Le hemos dado la opción, igual que nos la dieron ellos, de la defensa. Si la quieren, la haremos con ellos. Si no, haremos una defensa voluntaria. En el momento que quieran estamos abiertos”, confirma el entrenador, aunque espera que esta vez las circunstancias favorezcan a su discípulo. “Me gustaría que fuese aquí. Yo no suelo protestar mucho, pero creo que es el momento de que Vigo empiece a cuidar a sus deportistas y que no tardemos otros 19 años en tener un campeón de España”.

Manuel Jiménez defiende que esa sequía no obedece a la falta de talento o esfuerzo de tantos púgiles y técnicos sino que “a lo mejor no tuvieron las ayudas necesarias. Nos gustaría que ayuntamiento, diputación y Xunta apostasen un poco por nosotros. No es fácil traer un título de España y más en este peso, donde coinciden campeones de Europa, de la Unión Europea, gente que ha disputado mundiales.... Es el peso más complicado”.

A falta de ese soporte institucional, al menos a Suero, que saltó al cuadrilátero de Pamplona, contra un declarado osasunista como Soria, con la camiseta del céltico Brais Méndez, le consta el cariño de los aficionados olívicos. “Me he sentido muy arropado por toda la gente”, agradece. Es, como Araújo, Pozo, Ferradás y tantos que lo precedieron, un campeón del pueblo.

Autopsia de un golpe

Soria avanza hacia Suero en el tercer asalto. “Infierno” aprieta a “La Sombra”, que se recuesta ligeramente sobre las cuerdas. Soria cree distinguir una grieta en la defensa del vigués, arma la derecha y la lanza. Pero Suero, que ha percibido el movimiento, se ha anticipado. Su mano impacta antes sobre la mandíbula del local. Ha utilizado ese ligero vaivén para cargar energía. A su fuerza se une la del propio Soria adelantándose en dirección contraria. Todos los vectores confluyen sobre ese punto preciso del mentón, que estalla entre gotas de sudor. Soria está prácticamente inconsciente antes de besar la lona. “Es así el boxeo, una mano acaba el combate”, resume Suero. Es mucho más que eso.

Pocas cosas suceden por casualidad encima del cuadrilátero. El pugilismo combina esgrima y ajedrez. En ese golpe que apenas dura un segundo se condensan meses de diagnósticos y ensayos; la táctica de Jiménez y la ejecución de su pupilo. “Soria fue a buscar lo que suele buscar y se encontró con lo que le queríamos dar. Jugamos al fallo del rival”, describe el entrenador. “Habíamos hecho un scouting analizando esos fallos que tiene él, que recoge la mano muy abajo cuando va a golpear. Habíamos trabajado mucho la inclinación que hacía hacia la izquierda. Inició sacar una mano y nosotros le contrarrestamos con la contraria, por encima.Por eso la mano de José se ve tan cortita e hizo tanto daño. Funcionó a la perfección”.

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