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Balonmano - Primera Nacional Masculina

Bendita la rama: Adrián Teixeira dirigirá al Rodosa mientras su padre lucha contra el cáncer

Adrián Teixeira, ayer, en el banquillo del pabellón de Chapela

Adrián Teixeira, ayer, en el banquillo del pabellón de Chapela Ricardo Grobas

El Rodosa Chapela recibe este sábado al Tejina La Laguna en el reinicio de la competición en Primera Nacional. El equipo local, tercero, compite por el play off de ascenso. La situación habitual. Lo extraño se condensa en una ausencia. Faltará Fran Teixeira. Apenas ha sucedido desde que regresó al Chapela, hace ya doce temporadas. Incluso sancionado se ubicaba lo más cerca posible del banquillo y solo necesitaba elevar la voz. No le alcanzará esta vez. Convalece en una cama del Hospital Clínico de Santiago tras su última batalla contra el cáncer de colon. Habrá, sin embargo, un Teixeira al frente: su hijo Adrián, ayudante y sustituto, de niño en el regazo a báculo devoto.

Los dos Teixeira se han emulado en cierta manera en el itinerario deportivo. Porque Adrián, como antes su padre, se dedicó al fútbol de joven. A ambos los quiso reclutar el Celta para sus categorías inferiores. Fran se formó en el Santa Mariña. Adrián militó en Alerta, Areosa, Gran Peña y Coruxo antes de colgar las botas a causa de los estudios. Cierto que a Fran le llegó pronto la epifanía balonmanística e incluso la de la dirección técnica. Inició durante su servicio militar en Ceuta, adiestrando al equipo del ejército, esa carrera que en Mercantil,Lalín, Teucro, Octavio, Sporting de Lisboa y Chapela ha cuajado como una de las más brillantes en la historia del balonmano gallego.

Adrián, que hoy frisa los 30, ha avanzado a otro ritmo. “Del balonmano he sido seguidor toda la vida. Desde pequeño estuve muy pegado a mi padre viendo partidos y jugadores. Iba con él incluso a sus entrenamientos”, relata el joven. “En cuanto pude me puse, poco a poco, a ayudarle en la preparación”. Hace cinco temporadas comenzó a ejercer como segundo: consejero, montador de vídeos y encargado de la preparación física. Se ha sacado dos de los tres carnets de entrenador. La vida iba a demandarle un compromiso aún superior.

A Fran le diagnosticaron cáncer de colon en verano de 2017. Coincidió con la pretemporada, que gestionó Adrián. De la intervención quirúrgica, la primera de muchas, se recuperó a tiempo de iniciar la competición y en aquel ejercicio no se perdería ningún partido oficial. Pero la enfermedad ha terqueado. Y aunque Fran ha acudido a los partidos muchas veces directamente desde la sesión de quimioterapia, en la temporada 2018-2019 se perdió finalmente un partido, contra el Ribeiro. Y en la 2019-2020 otro, contra el Lanzarote. Ambos en casa y con su hijo reemplazándolo.

Adrián recuerda aquel debut suyo ante el Ribeiro (“cuando está sancionado no cuenta, se sitúa en la grada y dirige él). Ocho horas antes de que Fran pasase por quirófano, jugándose el pellejo, se juntaron de noche en el Cunqueiro a preparar el partido. “Es algo impensable para cualquiera. Nadie lo haría, sólo él”, se emociona. “Tiene una mentalidad supertrabajadora y superganadora”.

Contra el Lanzarote, al año siguiente, faltaría Fran por la extrema debilidad que le provocaba el tratamiento. “Se quedó en casa aunque era para ir a Urgencias”, recuerda Adrián. “Le dije que ni siquiera viera el partido (todos se ofrecen por streaming), que se olvidase, que se centrase en recuperarse porque se iba a poner nervioso y empeorar”. El sancionado aquel día era Adrián, que se sentó tras el banquillo. Al frente, el delegado, Pedro Cid, su primo. “A los 20 segundos nos metieron el primer gol y ya me estaba sonando el móvil. Era mi padre. Y así estuvimos, con él llamándome cada dos por tres para que le transmitiese instrucciones a Pedro”.

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Solo dos partidos de baja desde 2017, gracias a cierta tregua en el proceso de la enfermedad. Pero con mucho sufrimiento camuflado bajo el sempiterno ímpetu de Fran, que también se ha sostenido sobre Adrián. “Cuando está él, yo me situó en un segundo, tercer o cuarto plano. Es el que manda. Pero si no se siente fuerte, porque lo conozco o porque él me lo ha dicho, estoy más pediente de cómo se encuentra, de intentar pararlo, de tranquilizarlo para que no se altere... Aunque al final resulta imposible. Es como es”. Y actúan como uno porque en cierto modo lo son por amor y genética. “Percibo cuando él se sienta porque está cansado y tiene que recuperar un poco. Y cuando me mira, sé que yo me tengo que levantar, no a dirigir pero sí a mantener a la gente centrada, a animarlos. Con una mirada basta”. Advierte Adrián, no obstante, que “el genio y el carácter, la forma de vivir los partidos, son iguales. Cuando él no está, también yo me suelo poner bastante nervioso y tenso”.

Esta situación, tan infrecuente hasta ahora, se ha repetido más en los últimos tiempos. El tumor había reaparecido en una zona delicada. Fran, esta vez en Santiago, ha vuelto a someterse a una operación devenida en triple –acumula siete en total– debido a ciertas complicaciones. Adrián tuvo que dirigir al equipo en tres partidos antes del parón navideño. Y lo dirigirá en los que toquen mientras su padre, parece que bien encaminado pero todavía delicado, se restablece.

El Rodosa Chapela ha mantenido su nivel competitivo pese al tormento que padece su entrenador. Y de hecho Adrián ha ganado todos los partidos en los que Fran ha faltado. “Cuando ocurre esta desgracia de que no pueda estar, el comportamiento de todos los jugadores siempre ha sido de diez. Entienden perfectamente la situación personal que vive mi padre y también yo”, argumenta. “Dan un plus, hacen un trabajo extra e intentan ayudar al máximo. Es fruto del trabajo. También influye la suerte. No sabemos cuánto tardará en reincorporarse. Estoy convencido de que tal y como se está esforzando la gente, con la ayuda de Pablo Casal y Pedro (los otros integrantes del cuerpo técnico), podemos seguir ganando y dándole alegrías a mi padre”.

Lo difícil será impedirle a Fran conectarse a la web para seguir los encuentros. “Siempre se pone nervioso pero más cuando no está él. No quiere que la gente piense si perdemos que es por mi culpa o que me miren más con lupa. Me está ayudando muchísimo, en todo lo que puede y más”. Porque Adrián confiesa sin reparos que no necesita construirse una personalidad diferenciada como entrenador. “Me tomo todos sus consejos al pie de la letra. Me dice que intente estar tranquilo y aunque es como es, que a los árbitros ni mu. Llevo 30 años aprendiendo de él y seguiré aprendiendo de él muchos más. A la hora de tomar decisiones, me paro a pensar y pienso en qué haría él. Para mí, su manera de ver el balonmano es la mejor, es el mejor entrenador que hay. Y hacer las cosas como lo haría el mejor es lo que intento”.

Adrián nunca se ha planteado un futuro en el balonmano independiente de Fran. No ha llegado ese momento. “Ahora mismo lo único que quiero es seguir con él en el banquillo. Todos los años que él quiera estar yo quiero estar con él, disfrutando del balonmano con él, disfrutando de cómo él dirige y disfrutando como padre e hijo. Ojalá que nunca se retire. Es muy bonita la forma en que lo vive. Es cierto que me gustaría dirigir a algún equipo. La sangre es la sangre. Pero si me lo tengo que plantear, espero que sea dentro de muchos años”.

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