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El cierre transfronterizo frustra el Lanzo da Cruz entre Tomiño y Valença

Miembros de la Asociación Lanzo da Cruz (Sobrada), con su homónima lusa al fondo.

Miembros de la Asociación Lanzo da Cruz (Sobrada), con su homónima lusa al fondo. Gustavo Rivas

Mañana, como todos los lunes de Pascua, estaba previsto el tradicional Lanzo da Cruz, la tradicional romería por mar de Sobrada (Tomiño), y Cristelo Côvo (Valença). Pero por segundo año consecutivo esta celebración, que se realiza desde hace más de cinco siglos, se ha tenido que suspender debido fundamentalmente al cierre de fronteras a causa del COVID, por lo que los vecinos de ambos lados del Miño no pueden participar en su cita anual con la tradición. El Lanzo da Cruz es una cita trasfronteriza en el que las poblaciones de Sobrada y Cristelo Côvo cruzan el río festejando la amistad que las une. El párroco gallego, en procesión por el río, visita el lado portugués donde besar la cruz. Y su homólogo luso hace lo mismo en Galicia. El Lanzo da Cruz está organizado por las asociaciones de uno y otro lado y supone un encuentro único que atrae a los vecinos de los alrededores. “Un encuentro entre amigos, hermanos, vecinos, pero también con las raíces de ambos pueblos donde una vez más recuerdan la buena salud de las relaciones transfronterizas”, apuntan.

Los lances son un ritual en el que el párroco bendice a los barqueros y a sus redes para que tengan buena pesca y el Miño “no cobre su foro” (el foro entendido como la muerte). A cambio, los barqueros le ofrecen al sacerdote la primera lamprea del lance.

Foto de archivo de una de las romerías. Pily Reñones

El Lanzo da Cruz es una práctica que se venía realizando desde aproximadamente el año 1500 a lo largo del último tramo del río Miño y que en la actualidad solo se celebra en la parroquia de Sobrada y en Cristelo Côvo. Ambos lados comparten tradición y celebran viajes rituales como antaño, en los lunes de Pascua.

“Una de las peculiaridades de esta romería es que desde su inicio fue una iniciativa de los vecinos, no salió del ámbito institucional. Incluso durante la dictadura las autoridades permitían llevarla a cabo”, asegura la historiadora Natalia Jorge, una de las portavoces de la comisión de Sobrada que organiza este evento.

La simbiosis de los elementos históricos con la modernidad, hacen de esta romería un acto singular y que representa la excepcionalidad de la frontera del Baixo Miño. Una cita única que reúne todos los años a vecinos y turistas que no se quieren perder una romería tan singular.

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