“El deporte es un elemento transformador de la sociedad”. Así lo sostuvo ayer Javier Trigo (Vilanova de Arousa, 1957), autor de “Dios es deportista. Una visión cristiana del deporte” (EUNSA), en el Club FARO. El especialista en Educación Física y director del servicio de Deportes de la Universidad de Navarra, presenta en esta obra veinte historias inspiradoras que reflejan la presencia del espíritu divino en el mundo del deporte, y muestra la visión del deporte de la iglesia católica

Trigo explicó que los últimos papas –san Juan Pablo II, Benedicto XVI y el actual Francisco– han insistido y continúan haciéndolo en el valor del deporte para mejorar a las personas y a la sociedad, para construir un mundo más humano y pacífico, y para hacer llegar el mensaje cristiano del amor a los demás. Por ello, en esta obra se encuentran también desarrolladas algunas de estas ideas que la Iglesia quiere hacer llegar a quienes forman la familia del deporte: deportistas, entrenadores, profesores, periodistas, aficionados, árbitros y dirigentes.

“Los valores cristianos del deporte son los mismos que los del deporte. No hay separación”, aseguró en la charla-coloquio que mantuvo en el MARCO de Vigo con Rosa Montenegro, escritora y especialista en Educación.

Como cristiano, expresó su convencimiento de que el mundo fue creado por un dios creador y que su obra maestra es el ser humano. “Podría habernos dado cualquier instrumento para aprender, pero incorporó al sistema operativo del ser humano el juego como elemento de aprendizaje, por lo que Dios, que nos hizo a su imagen y semejante, es, como nosotros, sociable y le gusta jugar y, por tanto, es un deportista”, dijo.

Trigo enumeró como algunos de los valores del deporte la capacidad de superación, el trabajo en equipo y la cultura del esfuerzo. Aseguró que el deporte es un instrumento, no un fin por sí mismo, por lo que puede ser bueno o malo, dependiendo del uso que se le dé y que solo será positivo si está vinculado a la dignidad humana. “El sentido del deporte es ayudarnos a construir una sociedad mejor– sostuvo–. Nos enseña a superarnos a nosotros mismos y nos muestra que todos tenemos la posibilidad de luchar”, dijo. Y para ilustrar esto explicó una de las historias que narra en “Dios es deportista”, la de su amigo Rafa, un hombre con parálisis cerebral que no se detiene ante nada y que le ha enseñado, reconoció, a no rendirse nunca, que todo puede ser posible si se intenta y que si no se consigue, tampoco importa. “Lo realmente importante es haberlo intentado”, aseguró Trigo.

Según el ponente, como este ejemplo hay cientos en el deporte, aunque no se conocen, como el protagonizado por los atletas Jesse Owens y Luz Long en los Juegos Olímpicos de 1936, El deportista alemán podría haberse con el Oro, pero prefirió decirle a su rival cómo podía mejorar su salto. El estadounidense siguió su consejo y al final se hizo con la medalla. “Cuando le preguntaron a Owens que fue lo mejor que se trajo de los Juegos dijo que no fue el Oro, sino su amistad con Long. El deporte tiene que hacernos mejores personas”, añadió.

Trigo también habló de la influencia que tienen deportistas y entrenadores en los más jóvenes y la responsabilidad de ambos a la hora de transmitir valores a quienes les siguen e imitan. En cuanto al papel del entrenador en los resultados de su equipo, aseguró que es determinante. “El papel del entrenador es saber hacer equipo y conocer a sus jugadores para que cada uno saque lo mejor de sí mismo”, opinó. También se refirió al deporte en las universidades españolas, que, aunque aún es mejorable, aseguró, “mejorado bastante” en los últimos años.

Otras historias inspiradoras que recoge la obra son las de Charlotte Cooper, tenista y primera campeona olímpica; Didier Drogba, excapitán del equipo de fútbol de Costa de Marfil y reconocido por su papel vital en la batalla por la paz en su país; la gimnasta Simone Biles, la gimnasta más laureada de todos los tiempos, tanto en la categoría masculina como en la femenina y que tuvo que retirarse de los Juegos Olímpicos de Japón por estrés, y la piloto de automovilismo española María de la Villota, fallecida en 2013.

Y dio un consejo, el mismo que da a los jóvenes: “Si queréis ser felices, practicad un deporte”.

La práctica deportiva como pasión y como compañera de fe y vida

“El deporte es una pasión. Lo ha sido para mí desde pequeño, lo sigue siendo y creo que moriré con ella”, asegura Javier Trigo en la introducción de “Dios es deportista. Una visión cristiana del deporte”, en la que repasa su trayectoria en el deporte, desde su infancia en su aldea natal, Caleiro, en Vilanova de Arousa, hasta el presente, en el que es director de Deportes de la Universidad de Navarra. Diego Maraña, presidente de Alumni, la asociación de antiguos alumnos de esta universidad, en Pontevedra viajó desde Oviedo para presentar a este otro “alumni”. Baloncesto, fútbol, squash, esquí, pádel, bádminton... son algunos de los deportes de los que ha sido jugador o entrenador, cuando no las dos cosas, y, también, profesor. Actualmente el pádel y el bádminton continúan formando parte de la práctica deportiva habitual de Trigo, que siempre ha entendido el deporte como una herramienta no solo como elemento educativo, sino también, en el caso de los cristianos, como una oportunidad “para ser personas más humanas, transformar la sociedad, amor a los demás y tratar a Dios”. Trigo recuerda que los papas san Juan Pablo II y el papa Francisco , a través de sus mensajes, mencionan más de cien valores diferentes que se pueden adquirir, desarrollar y trabajar a través de la práctica deportiva “Dios es deportista. Él nos ha dado el deporte como un regalo divino”, concluye.