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Faro de Vigo

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La mayoría de la hostelería abrió en Vilagarcía

Gran parte de los locales cerrados no suelen trabajar los lunes | Ahituvi admite la baja participación y considera que la huelga “debería ser general porque nos afecta a todos”

Uno de los pocos establecimientos de Vilagarcía en los que se podía ver el cartel de “Eu pecho!". Iñaki Abella

El lunes es el día elegido por varios hosteleros de Vilagarcía para descansar. Por ello, no todos los establecimientos que ayer tuvieron la verja bajada fue por secundar el paro convocado por la hostelería contra la desorbitada subida de los precios del combustible y de la energía. De hecho el seguimiento fue bastante escaso, tal y como admiten desde Ahituvi (Asociación de Hostelería de Vilagarcía), la entidad convocante en la ciudad, al igual que otras organizaciones del resto de Galicia.

Una terraza que tuvo actividad ayer en el centro de Vilagarcía. Iñaki Abella

Así, los carteles de “Eu pecho!” se pudieron ver en pocos negocios. “La participación ha sido muy baja, aunque ya era lo esperado cuando desconvocó Santiago”, comenta Mani Fernández, secretaria de Ahituvi. Explica que el objetivo de esta huelga “es dar visibilidad a un problema”. “Pero no es un problema solo del transportista o del hostelero, es un problema que sufrimos todos y por tanto el paro debería ser general”, arenga la portavoz del colectivo.

Un sector muy castigado

Reconoce que la situación en su sector es crítica y que muchos compañeros ya han tenido que cerrar de forma definitiva. Y es que tras el duro varapalo de las restricciones sanitarias derivadas de la pandemia de coronavirus, ahora el encarecimiento desproporcionado de la factura de la luz, de los carburantes y de las materias primas están asfixiando a los negocios. “Estamos tirando de lo que ganamos en verano y Semana Santa, pero a ver lo que aguantamos. Aunque nos suba el aceite, los huevos, el pan, la luz, ... Nosotros mantenemos los precios”, comenta la hostelera, quien ve “incongruente” esta situación con el incremento de los alquileres comerciales en la capital arousana, que al igual que ocurre con los de las viviendas, están por las nubes.

“Si la gente no tiene dinero para pagar la luz de su casa o para alimentar a sus hijos, ¿de dónde va a recortar? De los gastos que no son necesarios. Y nosotros no somos de primera necesidad”, concluye Mani Fernández.

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