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Arranca la temporada ballenera en las Rías Baixas

Una de las ballenas estudiadas por el BDRI en las Rías Baixas durante la anterior edición del proyecto Balaenatur.

Una de las ballenas estudiadas por el BDRI en las Rías Baixas durante la anterior edición del proyecto Balaenatur. BDRI

Comienza la temporada ballenera en Galicia. Y no una de aquellas que en el pasado sirvieron para dar caza a los grandes cetáceos hasta provocar su práctica desaparición. Lo que arranca es la campaña de observación e identificación de esos majestuosos rorcuales que, de un tiempo a esta parte, parecen aumentar sus visitas a la costa de las Rías Baixas.

Con la ballena azul como mayor aliciente, el Instituto para el Estudio de los Delfines Mulares (BDRI, por sus siglas en inglés) será uno de los centros de investigación que se ocupen del seguimiento de estos cetáceos, tratando de conocer más y mejor sus hábitos y, en la medida de lo posible, determinar el impacto que el cambio climático está causando en ellos, y en el ecosistema marino, en general.

Uno de los rorcuales identificados en la campaña anterior. BDRI

Lo hará, como se avanzó hace unos meses, al abrigo del proyecto “Balaenatur: ballenas azules y el cambio climático dentro de la Red Natura 2000”, impulsado con ayuda de la Fundación para la Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.

Es la segunda edición de un ambicioso proyecto que “está permitiendo obtener amplia información sobre la relación existente entre el cambio climático y las ballenas que en estas fechas comienzan a visitar nuestras aguas”, explica el doctor Bruno Díaz López, director del BDRI.

El proyecto Balaenatur permite conocer mejor los hábitos de los grandes cetáceos. BDRI

Unas visitas que, a tenor de lo sucedido en los últimos años, serán intensas y se prolongarán hasta noviembre. De ahí las esperanzas que el BDRI ha depositado en esta nueva temporada de monitorización y fotoidentificación a desplegar por tierra y por mar con ayuda de diferentes técnicas e importantes equipos técnicos y humanos.

“La información que obtengamos nos permitirá diagnosticar la vulnerabilidad de las ballenas frente al cambio climático”, pronostica Bruno Díaz, sabedor de que el mismo, unido a la actividad humana, “tendrá importantes efectos sobre la biodiversidad marina en España” durante los próximos años.

Unos efectos, dicho sea de paso, que “serán particularmente severos en especies amenazadas de carácter migratorio, como el rorcual azul y el rorcual común, así como en ecosistemas que, como la costa gallega, se caracterizan por su rica biodiversidad y la gran presión antrópica”.

Un total de 186 rorcuales comunes, 30 azules y 19 aliblancos

El año pasado se detectó en las Rías Baixas el número de cetáceos más alto desde que se aplicó la moratoria a la caza ballenera en aguas gallegas, en la década de los ochenta.

Así lo destacaba el BDRI tras observar y estudiar en verano y otoño un total de 235 ejemplares, de los cuales, 186 eran rorcuales comunes –vistos entre junio y octubre– y 19, rorcuales aliblancos.

Una ballena azul se da un festín cerca de Ons FdV

Junto a ellos, 30 ballenas azules –de entre 14 y 20 metros– que fueron identificadas entre agosto y octubre. Uno de los aspectos más llamativos es que se observaron agregaciones de hasta cinco ejemplares, lo cual no resulta nada sencillo, y que en varias ocasiones se pudieron ver agregaciones mixtas de ballenas azules y rorcuales comunes alimentándose en la misma zona, llegando a formar grupos de hasta 21 individuos.

276 millones de euros y otros beneficios

El BDRI cifra en 276 millones de euros los beneficios generados por las grandes ballenas que cada verano visitan Galicia. Una valoración que se calcula “en base a los resultados obtenidos en el proyecto Balaenatur y las últimas investigaciones científicas financiadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI)”, explican en el centro.

Eso sin olvidar “su contribución a la lucha contra el cambio climático, la captura de carbono en sus cuerpos y los potenciales beneficios que reportan para el turismo, el ecosistema y la sociedad”, por ejemplo mediante “la fertilización del océano, lo cual aumenta la productividad pesquera y marisquera de Galicia”.


Nuevos LIC y avisos a navegantes en verano

La del año pasado, que fue la primera edición del proyecto Balaenatur, se convirtió en “una de las campañas de seguimiento de ballenas más extensas de cuantas se han realizado en el territorio nacional, aportando valiosa información sobre la presencia de cetáceos en la costa gallega que pueden servir de base a futuros trabajos científicos, másteres y doctorados”.

La embarcación principal del BDRI.

Así lo explicaba el director del BDRI, Bruno Díaz, en el momento de detallar que los resultados obtenidos demuestran la enorme riqueza de las aguas gallegas, convirtiéndose las Rías Baixas en una enorme despensa de alimento que se antoja fundamental en los movimientos migracionales de los grandes rorcuales.

Avistamiento de cetáceos con el proyecto "Balaenatur". BDRI

A su vez, esto demuestra, a juicio del propio Bruno Díaz, que “la recuperación de los rorcuales es posible si se aplican las preceptivas medidas de conservación”, tales como “la designación de nuevos Lugares de Importancia Comunitaria (LIC) que den paso a futuras Zonas Especiales de Conservación (ZEC) de ámbito marino”.

En este contexto, el BDRI sugiere que “los nuevos LIC deben concretarse siguiendo los resultados obtenidos en el proyecto Balaenatur, protegiendo las zonas en las que se ha detectado una elevada presencia de especies de cetáceos para garantizar un estado de conservación favorable de los tipos de hábitats naturales y las poblaciones de cetáceos, algunas como la ballena azul o la marsopa común, seriamente amenazadas”.

Observación de ballenas a cargo del BDRI.

En base a los mismos estudios, el BDRI llegó a proponer “el establecimiento de un sistema de avisos a los navegantes durante los meses de verano y en las zonas con una mayor densidad de ballenas, tratando así de que extremen la cautela durante la navegación para minimizar el riesgo de colisión entre las embarcaciones y las ballenas”.

Asimismo, el BDRI también incide en que trabajos como el Balaenatur permiten “incrementar el conocimiento sobre el nivel de impacto de actividades humanas como la pesca, el tráfico náutico y el turismo en los rorcuales”.

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