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El tesoro de la iglesia de Vilanova, en la casa del sacristán

Una celebración en San Cipriano en Vilanova de Arousa

Una celebración en San Cipriano en Vilanova de Arousa

El sacristán de la iglesia parroquial de Vilanova de Arousa es investigado por el juzgado de instrucción número 1 de Vilagarcía por un presunto delito de apropiación indebida tras localizarse en dos viviendas de su propiedad varios objetos sagrados como cálices de oro, candelabros de plata, vestimentas de santos y otros bienes de alto valor económico e histórico, además de dinero procedente de los cepillos y las cuentas de la iglesia.

Miguel, como es conocido en la localidad, era la mano derecha del fallecido y apreciado párroco Antonio Sineiro, “Tucho”. Cuando este falleció, en agosto del pasado año, la gestión de la iglesia quedó en manos del sacristán, a quien se encomendó la responsabilidad de custodiar los bienes existentes, entre ellos el importante tesoro y el dinero que pudiese entrar por diversos medios.

Aunque se depositó dicha confianza en él, como se refleja en el atestado de la Guardia Civil, parece que hace unos meses “algunos feligreses iniciaron una campaña para apartarlo de la gestión de la parroquia de Vilanova e incluso tuvo que intervenir el vicario de Pontevedra quien lamentó la decisión de prescindir de sus servicios”.

Pero en las últimas semanas algunos vecinos observaron maniobras extrañas en el templo y, según diversas fuentes, se vieron en la necesidad y obligación de denunciar dichos movimientos al considerar que el sacristán podría estar ocultando dinero y bienes.

De ahí que hace dos días se presentase en el templo de San Cipriano un grupo especializado en Patrimonio de la Guardia Civil para determinar qué objetos habían desaparecido de la parroquia.

La actuación del equipo se produjo el pasado miércoles por la tarde y, muy pronto, la noticia sobre la implicación del ayudante del cura en un supuesto desfalco corrió como la pólvora por la localidad.

De hecho, los agentes no solo entraron en el templo para determinar los bienes existentes a día de hoy sino que luego procedieron a un registro en al menos dos viviendas de la localidad, una de ellas la residencia habitual del detenido.

Una vez en el interior de estos pisos, los agentes localizaron además de una importante cantidad de dinero varias piezas de orfebrería como candelabros antiguos e incluso un cáliz, así como valiosas vestimentas de las imágenes que se veneran en la localidad.

También se encontraron joyas de oro, plata y metales preciosos, así como libros y documentos, pasamanerías, manteles y otros.

Cabe admitir que en la localidad era sobradamente conocido que el sacristán custodiaba bienes de la iglesia desde hacía varios años, con la autorización del párroco Antonio Sineiro del que se había ganado su absoluta confianza.

De hecho, era vox populi que en la casa del sacristán se conservaban diferentes piezas religiosas, algunas de ellas de enorme valor histórico, no en vano muchas de las piezas procedían de la iglesia antigua, con referencias de hace varios siglos.

Precisamente por su enorme valor histórico, la investigación se encomendó a especialistas.

En libertad tras su declaración


El sacristán vilanovés se encuentra en libertad después de prestar declaración ante los agentes de la Guardia Civil que intervinieron en el operativo de esta semana en la iglesia parroquial. Los hechos por los que se le investiga podrían ser considerados como una apropiación indebida ya que tenía encomendada la custodia y optó por guardar distintas piezas en su domicilio. Cabe señalar que este proceder era conocido en la localidad pues el propio sacristán había confiado dicha forma de actuar a personas de su entorno.

Explican quienes le conocen que esta práctica era habitual, incluso cuando ayudaba al anterior sacerdote, si bien en alguna ocasión recibió ciertos reproches respecto a la conservación de algunas piezas, señalan en fuentes oficiales.

Tras el fallecimiento de Sineiro, el nuevo sacerdote de la localidad le mantuvo alejado en cierto sentido de las funciones que realizaba anteriormente. El sacristán siempre indicó que guardaba las reliquias debido a que la iglesia y la casa del cura habían sufrido robos en varias ocasiones. Y tampoco era partidario de depositarlas en el Arzobispado, sobre todo por la burocracia complicada a la hora de recuperarlas.

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