La juez bloquea el dinero a la ex y a la hija del chófer asesinado y pide a las partes que acusen

Las familiares presas por el crimen de Verín retiraron miles de euros desde dentro de la cárcel - Las acusaciones temen que lo usaran para sobornar al novio de la hija implicado, que las exculpó

10.05.2013 | 07:28
Brais Lorenzo
Brais Lorenzo

El Falcon Crest a la ourensana, el truculento asesinato de un conductor de autobús de Verín golpeado brutalmente y degollado, está a apenas un trámite de llegar a juicio con tribunal del jurado. La juez declara concluida la investigación del crimen perpetrado en 2011 y pide a las partes -la Fiscalía y dos acusaciones particulares- que acusen a los cuatro sospechosos presos. El ministerio público tiene ahora cinco días para reflejar en un escrito la reclamación de castigo por asesinato contra la exmujer, la hija, el novio y el sicario portugués, enmadejados en un plan sangriento para acabar con la vida de Bernardino Pousa Rodríguez a los 59 años. El violento crimen se consumó a la cuarta tras tres intentos frustrados.

En cartas manuscritas desde prisión Alberto Vázquez Luis, el joven sospechoso de contactar y colaborar con el sicario, en realidad un adicto a la heroína y cocaína de la próxima localidad de Chaves (Portugal), dio un giro a los argumentos pidiendo perdón y exculpando a su suegra y su pareja. Tras 7 meses entre rejas, acto de contrición y nuevo testimonio. Nada tenían que ver, dijo, ni María Ángeles Pousa, que según la Policía Judicial era la que guardaba en su armario el dinero para pagar al homicida, ni tampoco la madre de esta, Dolores Álvarez Álvarez, la exesposa despechada que presuntamente ideó el crimen por un afán de dinero y por celos. "Se le va a acabar la chulería; donde lo voy a mandar nadie lo va a oír", dijo la mujer a una vecina tomando un café dos meses antes del crimen. "Esa no se va a llevar nada de lo que yo sudé en Alemania", añadió Dolores.

Las acusaciones se escamaron con el cambio súbito de declaración de Alberto. La pareja compartía misas, clases y vis a vis puntuales, los jueves, entre rejas. Tras constatar movimientos de miles de euros en las cuentas bancarias -unos 30.000 retirados desde dentro de la propia cárcel después del arresto de los implicados- reclamaron a la juez que bloqueara el acceso de las presuntas inductoras del crimen, temerosos de que el dinero se esté dedicando a sostener su defensa e incluso alentara el cambio de declaración del joven.

Casi seis meses más tarde de la solicitud de Fiscalía reiterada posteriormente por las acusaciones, la juez de Instrucción Número Uno de Verín, ha accedido. La resolución supone el bloque de fondos en cuatro entidades bancarias distintas. La magistrada pretende evitar, además, una "descapitalización" de los ahorros que impidiera pagar indemnizaciones si hay una condena.

6.800 euros por el asesinato

Ni la hija -cuyo primer marido se ha personado como acusación representando a sus hijos menores- tendrá acceso a las cuentas ni la exmujer podrá disponer de la mitad del dinero ahorrado en el banco, en régimen de gananciales, que aún compartía con el chófer de autobús asesinado. Las dos serán acusadas como inductoras.

La exmujer, que emigró con la víctima a Alemania en juventud amasando un porvenir, estaba separada de hecho desde el verano de 2009 pero ella no aceptaba un divorcio que la abocaría a perder los derechos principales de una herencia. Los investigadores apuntan a que la exmujer ya había retirado una remesa de unos 30.000 euros de la que fue saliendo el pago a plazos -6.800 euros finalmente- para Ilidio Magalhaes Ribeiro, alias "El Cobra", el presunto autor material del crimen, con antecedentes por robos y malos tratos. Cobró 1.800 por adelantado y exigió 5.000 más dos días antes.

Apostado a la espera, el asesino aguardó a que Bernardino Pousa regresa a la nave de su empresa en Queizás, a la entrada de Verín, a las 22 horas del 11 de septiembre de 2011. Regresaba de la última ruta del verano procedente de la playa viguesa de Samil. Los novios encarcelados se desplazaron al destino para cerciorarse de que había acudido a víctima. Luego regresaron a Verín y Alberto se encargó de avisar al asesino para que se preparar Era la cuarta vez y el asesinato tenía que llevarse a cabo.

Bernardino tenía un gran patrimonio en inmobiliarias en Ourense y Vigo, y una suma millonaria en ahorro. Cuarenta y ocho horas antes de los hechos, el fallecido habló con Dolores para repartir bienes y dinero y sellar de una vez el divorcio. Por eso la mujer presuntamente apuró el plan de acuerdo con su hija.

El sicario se acercó por detrás cuando Bernardino bajaba del autocar, le asestó un primer corte en el cuello con un cuchillo y posteriormente 16 golpes en distintas partes de la cabeza, la cara, el cuello y las extremidades, empleando una barra de hierro. El portugués gritaba a los medios mientras los guardias lo introducían en el furgón, tras una comparecencia, el pasado noviembre: "Eu non lle cortei o pescozo ó home". Al terminar, Alberto lo recogió en coche y lo dejó en la caseta de una viña mientras iba a hablar con su pareja, de terraza en un bar. El joven acudió al armario del dormitorio y cogió el dinero para pagar.

En el lugar del crimen había huellas de Alberto. Presuntamente, el joven fue el encargado de contactar, informar, reunirse y transportar al sicario, que no tenía carné. El joven solo admite haber hecho el encargo para dar "un escarmiento, un susto" al conductor. Le enseñó al supuesto asesino una foto de la víctima, le dio un adelanto y cantidades a mayores tras intentos frustrados y exigencias del portugués.

La relación entre Alberto y Bernardino era odiosa. El chófer defendió en una ocasión a su nueva pareja frente a su hija y el joven llegó a las manos. Se vieron las caras en un juicio. La hija se dejó ver e incluso lloró por su padre asesinado en una multitudinaria manifestación a los dos meses del crimen. La Policía Judicial miraba. En pocos días entre los meses de febrero y marzo de 2012 los cazó.

La ex, la avaricia y los celos - "Donde lo voy a mandar nadie lo va a oír". Dolores Álvarez decidió presuntamente el asesinato, en acuerdo con su hija. Retiró el dinero para el sicario de la cuenta con la víctima.

El novio que quería dar "un escarmiento" - Odiaba a Bernardino y se encargó de contactar con su ejecutor. Le enseñó una foto de la víctima, lo transportó en coche, le daba el dinero en mano

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