Tributo a un hombre bueno

Gonzalo J. Ordóñez Puime
Porriño

25.11.2008 | 00:00

Una de las satisfacciones que guardaré siempre como indeleble honra en el paso por el Consistorio será, sin duda alguna, el haber compartido tiempo y amistad con Jesús Romero Rodríguez, nuestro inolvidable “Chinchin”, como a él le gustaba ser llamado, más por homenaje a su querida Maruja que por delirios propios, de los que siempre huyó y en donde nunca fue encontrado. Concejal con mi padre, de lo que siempre se vanagloriaba, aunque puedo dar fe de que lealtad, afecto y cariño eran absolutamente recíprocos; pero fue sobre todo concejal de Porriño y para Porriño.Conocedor de sus gentes y por lo tanto de sus necesidades que, junto a una afabilidad innata y sólo dable en nuestra tierra, le hacía llevar a la Corporación de turno la voz de cuantos a él acudían en demanda de una acuciante necesidad o de una eventual pertinencia. Con todos hablaba y a todos atendía porque de todos era amigo, sin diferencias de credo, edad o situación. ¡Le era indiferente! Cuando estamos viendo como en tantas ocasiones a la persona se le valora y juzga por su adscripción política, su apariencia, su credo o el poder de que disponga, en cualquiera de sus facetas, supo nuestro querido Jesús distinguir, valorar y rendir el tributo de su amistad a todo aquel que se presentaba a sí mismo, ofrecía su ser con honestidad y gallardía y constituía al otro en prolongación de sí, de sus legítimas ambiciones y de la procura del bien común. Porque fue también firme pilar de sus convicciones, cuando luchaba por su familia a la que adoraba, pero también cuando se hacía oír en defensa del vecino que le había encomendado su causa. Porriño hoy se siente un poco más huérfano; con ese sentimiento que sólo aflora cuando alguien relevante y querido se nos va, pero nos queda sin duda la dicha de haber conocido y compartido inolvidables vivencias con un hombre bueno y un hombre querido por su pueblo,que es indudablemente la más importante de las alabanzas que de un vecino puede predicarse. Como homenaje a su familia pero, sin duda también, como honra de cuantos nos seguiremos felicitando de su imperecedera amistad. ¡Hasta siempre, querido Jesús!

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