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¿Cómo funciona el robot que buscará a las niñas de Tenerife?

El robot submarino Liropus 2000

El robot submarino Liropus 2000

La tecnología punta se pone al servicio de los investigadores para desentrañar la misteriosa desaparición de las niñas desaparecidas junto a su padre en Tenerife. Cuando está a punto de cumplirse un mes sin noticias del paradero de Anna y Olivia y su progenitor Tomás Gimeno, la Guardia Civil necesita recabar pistas que ayuden a arrojar algo de luz sobre lo ocurrido esa noche del 27 de abril. Con todos los medios a su alcance y sea donde sea; incluso bajo el mar. Pero si ningún rastreo submarino es fácil, esta misión canaria dispondrá de un buen aliado y con experiencia: el robot Liropus.

Este sumergible viaja a bordo del buque oceanográfico con base en Vigo, ‘Ángeles Alvariño’, perteneciente de Instituto Español de Oceanografía (IEO). El buque lanzará al agua al Liropus en un área concreta delimitada por el geoposicionamiento del móvil del padre de las niñas, de 1 y 6 años de edad. ¿Pero qué características tiene este robot, cómo funciona y sobre todo qué resultados podría obtenerse de su exploración en un fondo superior a los 1.000 metros? ¿Tan determinantes pueden ser estos para infundir en los responsables de la investigación la convicción de poder hallar algún dato que les ayude a dar con las pequeñas o a entender qué pudo haberles sucedido?

Adquirido por el IEO en 2010, este Vehículo de Operación Remota (ROV) fue fabricado por la empresa escocesa Sub-Atlantic. Valorado en cerca de 1,8 millones de euros, la institución científica española le cambió el nombre original, Super Mohawk, por el de Liropus 2000 en homenaje a un crustáceo marino. De su manejo se encarga una de las empresas punteras del sector, la viguesa ACSM, que desde sus oficinas en la calle Doctor Cadaval declinaron la petición de FARO de explicar las particulares características de la misión en Tenerife. Entre las numerosas asumidas por esta compañía figura la realizada en 2011 en la isla de El Hierro para observar la erupción del volcán submarino Tagoro en La Restinga.

Puesto de mando del Liporus y de visualización de las imágenes que capta en el fondo

"En Canarias cerca de la costa ya hay más de 1.000 metros de fondo"

En la actualidad hay en el mundo sumergibles tecnológicamente más avanzados que el Liropus 2000. Sí destaca en la categoría de los no tripulados por la profundidad de alcance y otras prestaciones. Es capaz de llegar a los 2.000 metros, la cota máxima en el área por donde Tomás Gimeno navegó esa fatídica noche. “Eso no significa que esté muy alejado de la costa, porque en Tenerife como en casi todas las Canarias, basta con distanciarte apenas 100 metros de tierra y ya tienes 1.000 metros o más de fondo, además de unas corrientes fortísimas”, razona Luis Gago, capitán del ‘Ramón Margalef’, el oceanográfico que protagonizó la misión al volcán Tagoro.

Sub-Atlantic fabricó este ROV con las especificaciones indicadas por los técnicos del instituto español. Fruto de estas aportaciones, el robot está preparado para realizar recorridos lineales en hábitats vulnerables, cañones o promontorios rocosos. Sus seis motores le permiten combinar una gran potencia y capacidad de carga para recoger muestras, además de portar seis tipos de cámaras e instrumentos de medición sin que se resienta su velocidad ni la definición de sus grabaciones.

"Lo vi operar en El Hierro y es impresionante"

Viaja dentro de una carcasa de más de dos metros de altura por un metro de ancho. Entre sí están unidos por una especie de “cordón umbilical” y a su vez toda la estructura permanece conectada a través de un cable con el buque, donde se visualizan las imágenes que va emitiendo el Liropus desde el fondo. Quienes lo han visto operar destacan la precisión de sus maniobras hasta en condiciones de mar adversas. "Vi lo que hacía en El Hierro y es impresionante", rememora Gago.

Un vehículo submarino que ofrece todo lo que los científicos pueden necesitar. Pero no hace milagros. Y salvo que vaya a por algo muy concreto, de cierta dimensión y dentro de un área no muy extensa, “es como dar palos de ciego”.

El ejemplo lo pone el capitán Gago aunque no hace falta ser científico para imaginarse que la misión que encara el Liporus supera con mucho lo razonable. Ni siquiera el apoyo de otro equipamiento del ‘Angeles Alvariño’, el sonar de barrido lateral, serviría para dar con un móvil, una prenda o un cuerpo humano. Salvo que el objetivo de la Guardia Civil sea el de encontrar otro objeto de mayor tamaño, otra pieza para ayude a cuadrar este enrevesado puzle en el que se ha convertido la desaparición de estas niñas, puede que la misión del oceanográfico vigués contribuya solo para mantener viva la esperanza de encontrar respuestas.

Comenzará el rastreo esta semana

El 'Angeles Alvariño' estará "dentro de poquito operativo". Así lo ha anunciado hoy el delegado del Gobierno en Canarias, Anselmo Pestana. "Llega esta semana", declaró a los periodistas convencido que en cuanto esté en aguas tinerfeñas "se empezará a utilizar" en la búsqueda de las niñas. Pestana ha recalcado que la incorporación del oceanográfico vigués a las pesquisas que hay en marcha en torno a ese caso "reforzará una de las líneas de investigación", gracias a la capacidad de rastreo que ofrecen su sonar y el robot submarino que lleva a bordo. El delegado del Gobierno no ha precisado, sin embargo,, la fecha exacta de la llegada de la nave, que se estima se producirá a finales de la presente semana, según han avanzado a Efe fuentes de la investigación.

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