La Navidad altera la ansiedad social

Las personas que padecen este trastorno sufren especialmente en esta época, en las que crece la interacción con familiares o amigos: “Estas fechas son un estresor significativo”

La Porta do Sol de Vigo, 
abarrotada de gente para
ver el árbol de Navidad. | // MARTA G..BREA

La Porta do Sol de Vigo, abarrotada de gente para ver el árbol de Navidad. | // MARTA G..BREA / m.gonzález

M. González

M. González

La llegada de fechas como la Navidad provoca un aumento de relaciones sociales con amigos y familiares. Ante este panorama, hay quien sufre especialmente si padece ansiedad social, que, según Vanesa Hernández Santos, CEO de Norba Psicólogos, consiste en “experimentar miedo ante situaciones sociales en las que la persona cree que puede ser juzgado, avergonzado o humillado”: “Viven las situaciones sociales con una ansiedad elevada, lo cual les lleva a evitarla o resistirlas a costa de un gran malestar, llegando incluso a interferir en su vida diaria en algunos casos”.

Pilar Conde, directora técnica y de operaciones de Clínicas Origen, añade que “en las épocas navideñas, dado que hay un aumento de interacciones tanto familiares como sociales, puede suponer un estresor significativo” para estas personas que padecen ansiedad social.

En los útlimos tiempos, Vanesa Hernández afirma que “percibimos un aumento de dificultades en la interacción social”. Una de las causas podría ser “el ritmo de vida”: “Cada vez llevamos días más cargados de actividades, de cosas que hacer, y el pararse a charlar con alguien se ve como una pérdida de tiempo, cuando en realidad, la interacción social es una necesidad para el cerebro humano”.

También “los cambios en la forma de comunicación”: “Hablar por mensajes escritos o de voz no es lo mismo que la interacción cara a cara, porque se pierden las claves de la comunicación no verbal, como el tono de voz o la expresión facial. También se pierde la espontaneidad y fluidez en la conversación. En una conversación por Whatsapp tengo más tiempo para pensar la respuesta y cómo expresarla, en la interacción cara a cara es más fluida, más espontánea, y eso se está perdiendo”, advierte.

“En el actual sistema de interacción, las redes sociales pueden influir respecto a la manera de relacionarse, las redes permiten un acceso mayor a personas e interacciones, pero no son relaciones de contacto directo, lo que podría dificultar el desarrollo de habilidades sociales tradicionales”, añade Pilar Conde.

La ansiedad social puede afectar a “todos los ámbitos”, dice Conde: “Dado que la persona evita las interacciones, esto impacta en el bienestar emocional, a la parte social, personal y a la parte laboral”.

Vanesa Hernández constata que la ansiedad social afecta a diversas esferas de la vida, “desde acudir a una entrevista de trabajo, una consulta médica, una cita de pareja o ir la clase”. “Puede ocurrir que en una persona la ansiedad se manifieste más en unos entornos que en otros”, puntualiza.

En cuanto al perfil de las personas que pueden padecer ansiedad social, la CEO de Norba Psicólogos indica que “hay personas que tienen mayor vulnerabilidad a la ansiedad, y podrían, por tanto, tener más riesgo de sufrirla”. También las personas que “en su crianza no han tenido muchas oportunidades de interacción social o han crecido en un entorno de aislamiento social”, añade.

¿Cómo afrontar entonces este problema? “Lo primero sería identificar los entornos en los que la ansiedad se manifiesta, así como las posibles causas (si la persona ha sufrido algún evento que le haya “marcado” a nivel social, por ejemplo). Asímismo, exploraríamos cuáles y se entrenaría a la persona en estrategias concretas para poder exponerse a situaciones sociales que está evitando, con un nivel de malestar asumible”, subraya Vanesa Hernández.

“En terapia, la ansiedad social se trabaja desde la psicoeducación acerca de la ansiedad y por qué se mantiene su problema. La persona tiene que entender cómo funciona la fobia social y cómo se retroalimenta. Una vez comprendido este tema, se trabaja la gestión emocional, la gestión cognitiva en relación a las creencias que puedan limitar esas interacciones y se empiezan a realizar planes de acción para que la personas vaya exponiéndose de manera progresiva a las situaciones sociales”, añade Conde.

El aislamiento es una de las consecuencias más frecuentes de la ansiedad social. “La persona va evitando cada vez más situaciones sociales, lo cual, paradójicamente, le va a provocar más ansiedad ante las mismas”, dice Hernández. “Este aislamiento puede contribuir al desarrollo de otras patologías como episodios depresivos u otros cuadros de ansiedad”, advierte.

“Las interacciones sociales y el soporte emocional, de actividad, que aportan son un factor de protección para el desarrollo de problemas emocionales; por lo que la ausencia o dificultad en las mismas se puede convertir en un factor de riesgo para el desarrollo de otro tipo de problemas psicológicos, como pueden ser síntomas depresivos”, coincide Pilar Conde.