Entrevista | Nacho Playón Exjugador de fútbol americano, paciente de diálisis

“Al quirófano se le pierde el miedo, pero no el respeto”

Nacho Playón ha sido intervenido 25 veces, ha escrito su biografía médica para “entretenerse” en diálisis y espera un segundo trasplante de riñón

Nacho Playón, el día que acabó el libro, junto a la máquina de diálisis.

Nacho Playón, el día que acabó el libro, junto a la máquina de diálisis. / Cedida

M. González

M. González

“Si crees que estás pasando una mala racha, te lees el libro y se te arranca la tontería...; y alguna sonrisa, también”. Así habla en sus redes David Amor sobre el libro de su amigo Nacho Playón (Madrid, 1971), exjugador de fútbol americano afincado en Pontevedra desde hace 20 años, titulado “Viviendo de prestado” (Círculo Rojo), una autobiografía médica que, en realidad, es una oda a la vida, por muy dura que sea.

–¿Qué le llevó a escribir este libro?

–Principalmente, el puro aburrimiento de estar enganchado a la máquina de diálisis. Empecé yendo a un centro para las sesiones, pero luego pude hacerlas en casa. Al principio las hacía en cama y leía libros, veía series... Pero cuando me ampliaron las sesiones de dos horas y media a tres esa media hora se me hacía eterna. Fue mi mujer la que me animó a escribir, para entretenerme, para matar los minutos en la diálisis.

–En el libro se remonta, incluso, a antes de haber nacido, donde cuenta que los médicos llegaron a decirle a su madre, en su sexto embarazo, que lo que tenía era “un tumor maligno”. Nueve meses después nacía usted.

–Sí. Es una historia que siempre contaba mi madre. Siempre lo digo: mi libro no es una crítica hacia la sanidad o hacia los profesionales de la salud, todo lo contrario, yo les estoy muy agradecido; pero, al igual que en todos los sitios, hay médicos buenos y médicos malos. Parece que en mi vida ha habido varias decisiones que me han causado problemas a la larga por eso, por temas como cuento del de mi nacimiento o de cuando me dejaron manco. Por suerte, he ido saliendo de ellas y se me ocurrió hacer esta lista de errores médicos, salpicada con mucho humor, incluyendo también los aciertos.

–Ha pasado 25 veces por quirófano. ¿Ya le ha perdido el miedo? 

–Bueno, van a ser 26. No es el trasplante, pero tengo mis riñones tan grandes que no tengo sitio para poner el tercero. Así que han decidido que van a sacarme uno de los míos.

–¿Y cómo se afronta una nueva operación?

–El miedo lo pierdes; el respeto, nunca. Son piedras que hay que ir superando y es lo que te queda. Tampoco puedes hacer un drama por todo lo que te pasa, sobre todo porque hay gente que está muchísimo peor que tú y que tira para delante con alegría y con muchas ganas de vivir.

–¿De dónde saca esa resiliencia?

–Mi mujer siempre dice que soy el “niño positivo”. En las peores situaciones siempre puedes sacar cosas positivas. Eso siempre me ha valido para seguir peleando.

–Pero habrá flaqueado también en algún momento.

–Sí. Los dos peores momentos fueron el mes que, después del trasplante, no me arrancaba el riñón. Fue duro ya no solo porque no funcionara, sino porque mi mujer había hecho el sacrificio de darme el suyo. El otro, cuando estaba esperando para el trasplante e iba a trabajar en unas condiciones horribles, aunque yo las veía normales. Ahora me doy cuenta: ese cansancio, esa hinchazón... La enfermedad renal te va comiendo poco a poco, te va debilitando, y no te estás dando cuenta.

–Ya es todo un experto en asuntos médicos.

–Me tendrían que convalidar 1º de Medicina, 2º de Nefrología y un doctorado en huesos. El mundo del trasplante, además, es muy desconocido para la gente y los inmunodepresores son una guerra de por vida, con efectos secundarios impresionantes.

–Dice que “las cicatrices van dando forma a tu personalidad y a tu físico”.

–Yo tengo puntos de todos los tamaños y colores. Llega un momento que las cicatrices te dan igual. Yo tenía un tío que decía que las cicatrices son las medallas que te pone la vida. Y, realmente, me lo tomo así. Hay que llevarlas con dignidad. 

El piloto Marc Márquez, con el libro de Nacho Playón.

El piloto Marc Márquez, con el libro de Nacho Playón. / Cedida

–También afirma que “no empiezas a vivir hasta que mueres un poco”.

–Cuando te viene un buen ‘ostión’ en la vida, lo valoras todo mucho más. Con todo lo que tengo, es precioso vivir. La vida es una putada, pero es tan bonita que no te queda otra que tirar para adelante.

–¿Por eso dice que no darse por vencido es una religión?

–Creo que eso me lo inculcó mi etapa en el fútbol americano. Siempre jugabas con algún dolor, siempre estabas tocado de algo, pero siempre tirabas para adelante.

–Cuando descubrió su enfermedad, ¿todavía jugaba?

Me di cuenta de la enfermedad porque me dieron un golpe por la espalda en un partido y empecé a orinar sangre. Fui al médico y al hacerme una ecografía vieron que tenía quistes en los riñones. Me dijeron que era una enfermedad hereditaria y, con 23 años, me anunciaron que iba a tener que ir a diálisis y que pasar por trasplante sí o sí. ¿Cuándo? No lo sabían, pero que me iba a tocar, seguro. Tuve la suerte de que hasta los 40 hice una vida normal, plena.

–¿Es este libro una oda a la vida, a la lucha?

–Cuando mandé el manuscrito a la editorial me dejaron claro que no me iba a forrar con él, pero sí que iba a ayudar a mucha gente; eso no hay dinero que lo pague. Es la mejor recompensa.

–La vida le ha recompensado también con ese “ángel en vida” que le acompaña.

–He tenido mucha suerte. Siempre está a mi lado. Es increíble sentir que alguien haga por ti algo tan grande como donarte su riñón. Le estaré agradecido eternamente, pero es increíble que ella piense que no es algo extraordinario, que es lo normal.

“En la tercera ola, el COVID se cargó el riñón que me donó mi mujer”

–Ese riñón que le donó ya no funciona tampoco...

–Lo perdí con el COVID. Tuve un rechazo y lo superé, pero en la tercera ola famosa de febrero lo que creíamos que era una infección de orina resultó que era COVID, que se cargó el riñón que me donó mi mujer.

–¿Y cómo vive ahora esta nueva espera para un segundo trasplante?

–En este caso es diferente al primero, que fue una donación en vida. Llevo ya dos años en lista de espera. Para los que somos segundos trasplantados, o de dos órganos, está muy parada la lista. Para un primer trasplante, si el riñón tiene un 30% de compatibilidad contigo, te lo ponen. En el segundo, con una compatibilidad menor de 70%, no.

–Pero mantiene la esperanza de que suene el teléfono convocándolo para ese trasplante.

–Sí. Me da rabia porque cuando recibo una llamada de números raros pico en todas. Por ahora, no me han llamado ni de reserva.

–Dice que su obra no es una crítica al sistema sanitario en absoluto.

–No sabemos la suerte que tenemos. Puede funcionar a veces muy mal, a veces muy bien, pero es que la gente está equivocada porque se cree que es una ciencia exacta. En Estados Unidos, por ejemplo, yo no viviría por problemas económicos, no podría costearme todos los tratamientos que estoy recibiendo ahora mismo. Yo, sin diálisis, en diez días estaría fuera; imagínate estar en un país que no la cubra.

–¿No valoramos lo que tenemos?

–No lo valoramos desde el momento en el que llegas a una consulta, se ponen a llamar a gente y no aparece. Me da mucha rabia eso. Si no vas a ir, ¿qué te cuesta llamar? El principal punto negro del sistema somos nosotros, nuestro egoísmo.