Estímulos sensoriales y salas “a la antigua” para el alzhéimer

En Galicia se utilizan habitaciones de reminiscencia, espacios interactivos y realidad virtual contra el avance de la enfermedad

Una paciente, en una sesión dentro de una sala multisensorial ‘snoezelen’.

Una paciente, en una sesión dentro de una sala multisensorial ‘snoezelen’. / M. González

M. González

M. González

El alzhéimer es una enfermedad neurodegenerativa que cursa principalmente con deterioro cognitivo progresivo y, en muchos casos, trastornos conductuales. Suele manifestarse con alteraciones que inicialmente afectan sobre todo a la memoria inmediata y episódica, viéndose comprometida la capacidad de aprender nueva información y de recordar sucesos autobiográficos recientes. En Galicia existen cerca de 70.500 personas con alzhéimer o algún otro tipo de demencia.

Se trata de una enfermedad que “evoluciona de forma distinta en cada persona”, indica Beatriz Riadigos Leal, psicóloga en el centro Orpea A Coruña, que señala tres fases en su avance: “Una etapa temprana, en la que la persona puede desenvolverse de forma independiente pero en la que la persona puede sentir que tiene episodios de pérdida de memoria; una etapa intermedia, que puede durar años, en la que se acentúan la pérdida de memoria y la desorientación, y en la que se añade la frustración, cambios de humor o de forma de actuar. Y una etapa final, donde las personas pierden la capacidad de responder a su entorno, de mantener una conversación e incluso de controlar sus movimientos”. En este contexto, las terapias no farmacológicas “son fundamentales”, dice la psicóloga, para retrasar el avance de la enfermedad lo máximo posible.

La neuropsicóloga del área de Santiago de la Asociación Galega de Axuda aos Enfermos con Demencia Tipo Azlhéimer (Agadea), Taida Sánchez Rego, destaca que “lo que se busca con este tipo de terapias es tratar de reducir los síntomas, frenarlos o estabilizarlos, y que la curva, la caída que la enfermedad degenerativa presupone, sea más paulatina y que, dentro de las dificultades que tengan, su calidad de vida mejore: que se mantengan autónomos el máximo tiempo posible o que tengan estrategias compensatorias que les permitan paliar esos déficits cognitivos” asociados a la enfermedad.

Desde las terapias más tradicionales a las más novedosas, gracias a las nuevas tecnologías, existe un valioso abanico de opciones destinado a mejorar la calidad de vida de estos pacientes. Así, desde las terapias que incluyen el entrenamiento en actividades de la vida diaria, tanto básicas como instrumentales, o las que trabajan la orientación a la realidad, la estimulación psicomotriz (gerontogimnasia) o la estimulación sensorial, existen opciones tan interesantes como la reminiscencia. “Se trata de una técnica que favorece la evocación de recuerdos y sucesos del pasado conectándolos con el presente para trabajar la memoria episódica autobiográfica”, explica Beatriz Riadigos: “Esta terapia tiene como objetivo principal mejorar la calidad de vida y el bienestar emocional de las personas mayores, especialmente de aquellas con trastornos cognitivos como la demencia y el alzhéimer”.

“Una manera de rememorar, de evocar la memoria episódica biográfica, es a través no tanto de recuerdos verbales, a los que les puede costar más llegar, sino a través de ciertos objetos o elementos que les provoquen sensaciones propias”, indica Taida Sánchez Rego.

Una paciente, en una sesión 
dentro de una sala
multisensorial ‘snoezelen’.

Una sala de reminiscencia ambientada con motivos marineros y muebles antiguos. / ORPEA A Coruña

“Esta forma de terapia de estimulación ayuda a los individuos a reconectarse con su pasado y a reafirmar su identidad personal. También puede facilitar la comunicación y la interacción social, a la vez que estimula la memoria a largo plazo, que es, a menudo, menos afectada en las etapas tempranas de la demencia”, dice la psicóloga de Orpea A Coruña, donde cuentan con una sala atrezada que incluye motivos marítimos y muebles de época. “En estas salas usamos fotografías, música u olores que evocan la juventud de los residentes, pero cada centro tiene su ‘librillo’: algunos han llegado a recrear Navidades de los años 60, a organizar exposiciones de coches antiguos...”, explica.

Esta terapia se emplea “con un objetivo en dos fases”: “Ayudarles a recordar y dar un nuevo significado a dichos recuerdos y las sensaciones que evocan, desde la perspectiva actual y ayudando a fortalecer la autopercepción de uno en el momento actual, proporcionando una sensación de continuidad”.

El uso de nuevas tecnologías también está siendo un gran aliado en las terapias no farmacológicas. “Están siendo fundamentales en la investigación y en la atención sanitaria. En personas dependientes están aportando conectividad, inmediatez y sociabilidad”, dice Riadigos. “En cuanto a programas y aplicaciones, los programas de realidad virtual y los videojuegos ayudan a mejorar el funcionamiento cognitivo. Los hay de muy distintos tipos, desde lúdicos a los asociados a distintas actividades, con distinto grado de complejidad”, afirma.

“En internet existen cantidad de recursos y aplicaciones –como NeuronUp– que cuentan con ejercicios adaptados a distintos tipos de situaciones”, dice la neuropsicóloga de Agadea: “En general, toda la parte tecnológica funciona muy bien, también a nivel preventivo”.

Una de las terapias realizadas en Agadea.

Una de las terapias realizadas en Agadea. / Agadea

De la mano de las nuevas tecnologías han surgido también las salas snoezelen, estancias específicas e innovadoras de estimulación de sentidos. “Son muy curiosas y suscitan mucho interés en los residentes. La recreación de atmósferas se lleva a cabo mediante tecnología: luces, colores, sonidos…, y se basan en el empleo de distintos elementos en relación con los sentidos. Por ejemplo, la vista se estimula con fibras luminosas, tubos de burbujas que cambian de color, discos de efectos que se proyectan... El tacto, con paneles de texturas, cajas con distintos productos de diferentes tamaños o formas. El olfato, con un difusor de aromas. El gusto, con mordedores y masticadores. El oído, con paneles musicales, instrumentos, música ambiental, cama de agua con vibración al compás de la música...”, describe la psicóloga del centro coruñés.

Las terapias con animales también aportan múltiples beneficios. “La interacción con animales les proporcionan bienestar, tranquilidad, compañía, seguridad, etc. El contacto físico y la interacción con los canes no sólo estimulan la movilidad de los ancianos, sino que también les proporcionan cariño y calman su ansiedad. Les sorprenden, les divierten, incluso emocionan. También refuerzan su autoestima y autoconfianza, pues sienten que adquieren un rol de cuidador”. Además de con perros, estas terapias también se pueden realizar con otros animales como gatos, caballos o, incluso, aves rapaces.

Una participación activa en la sociedad también va a aumentar las habilidades de estos pacientes, así como aumentará sus conocimientos y les ayudará a sentirse útiles. “El ser humano es un ser social por naturaleza y tiene que seguir siéndolo también en las últimas etapas de la vida”, dice Sánchez Rego, que destaca como algo fundamental “la parte de las actividades lúdicas y la participación en el entorno, en la sociedad”.

“Musicoterapia, laborterapia, realidad virtual... Si tienen un fundamento detrás, es muy interesante trabajar con todas ellas”, dice Taida Sánchez Rego, que matiza que “no a todas las personas les va bien lo mismo, hay que probar y descartar qué es lo que nos sirve o nos va mejor y qué no”.

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El alumnado del Divino Maestro de Santiago y las personas mayores de Agadea han plantado un centenar de árboles para crear “O Bosque da Lembranza”, en homenaje a las personas que sufren alzhéimer en Galicia. Está ubicado en una zona cedida por la Cidade da Cultura y que entra a formar parte el Bosque de Galicia.