Cuando uno deja de reconocerse en el espejo

El uso excesivo de filtros de “embellecimiento” en las redes sociales genera ansiedad, insatisfacción corporal y baja autoestima en los adolescentes

Una joven, haciéndose un selfi.

Una joven, haciéndose un selfi. / FREEPIK

La aplicación Snapchat revolucionó las redes sociales cuando introdujo sus famosos filtros fotográficos, que el resto de plataformas no tardaron en emular. Lo que comenzó como un efecto inocente y hasta simpático para lucir orejas de perrito, bigotes de gato o cara de enfado no tardó en ampliar su catálogo de opciones y hoy estas herramientas de edición fotográfica son capaces de cambiar el aspecto físico de una persona por competo. ¿No te gusta tu nariz? ¿Te gustaría tener los ojos almendrados? ¿Azules? ¿Crees que tienes poco pecho? ¿Quieres que tus abdominales sean la envidia de tus amigos? ¿Deseas lucir un cuerpo más estilizado o ganar unos centímetros de altura? No hay nada que un filtro no pueda hacer.

Pero estos recursos no sólo modifican el aspecto físico; puede cambiar la percepción que la persona tiene de sí misma, generar expectativas irreales acerca de uno mismo y de los demás, y provocar una búsqueda de la perfección que genera ansiedad, insatisfacción corporal y baja autoestima, especialmente en el caso de los adolescentes, el colectivo más vulnerable y que más tiempo pasa en las redes sociales. Según un estudio de Dove, el 23% de las niñas y jóvenes de 10 a 17 años no se ven lo suficientemente bien si no editan sus fotografías y el 20% se sienten decepcionadas por no tener en la vida real el aspecto que tienen en sus fotos de internet. Asimismo, el 69% de las niñas aseguran que intentan cambiar u ocultar al menos una parte de su cuerpo cuando se van a hacer una foto para sus redes sociales.

Alba Alonso, docente y creadora de Realkiddys, advierte de que en casos extremos se puede desarrollar un tipo de trastorno de dismorfia corporal denominado “síndrome del selfi” o “dismorfia de Snapchat”, un trastorno de salud mental que lleva a quienes lo padecen a compararse continuamente con sus propias fotos editadas con las herramientas de las redes. “Los filtros son capaces de cambiar nuestros rasgos hasta conseguir una imagen que es prácticamente imposible, pero que hoy parece ser el canon de belleza exigido. Esto es algo que nos afecta a todos, pero sobre todo a los adolescentes, que aún están buscando su identidad y cuyo cerebro se está aún desarrollando, por lo que son más vulnerables a acabar identificándose más con esa imagen editada que con la real”, alerta.

“Tenemos que trabajar para que los niños vean que su cuerpo es perfecto”

Alba Alonso - Docente

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Este divorcio entre la imagen perfecta que proyectan las redes sociales y la real aumenta a medida que lo hacen los filtros que median entre una y otra. “Los adolescentes dejan de mirarse al espejo porque no se reconocen en la imagen que ven y, además, no les gusta. No les gustan las fotos que les sacan porque no se reconocen en ellas y sólo se ven bien en aquellas en las que se han editado la forma de los ojos, los muslos, los abdominales en el caso de los chicos...”, comenta.

Según Alonso, el constante bombardeo en las redes sociales sobre los modelos o estereotipos de belleza que poco tienen que ver con la realidad provoca que cada día sean más los chicos y chicas que rechazan su apariencia física. “Todo esto nos vende que nuestro cuerpo está mal, que somos un error y que tenemos que arreglarlo. Y lo hacemos a través de filtros, hasta que dejamos de reconocernos en el espejo”, afirma

De hecho, según la Sociedad Española de Medicina Estética (SEME), la edad de los primeros retoques estéticos en el país ha bajado de los 35 a los 20 años, siendo los rellenos de ácido hialurónico en labios y la toxina botulínica (bótox) los servicios más demandados.

Otro problema de los filtros fotográficos está relacionado con las construcciones de género que hacen. “Promueven la hipersexualización en la infancia, ya que tanto los niños y como las niñas quieren tener cuerpos no sólo perfectos, sino que no se corresponden con su edad: ellos quieren parecer más altos y más fuertes, y ellas tener el pecho y la cadera de una mujer adulta”, señala.

Por su parte, la socióloga social Diana Rodríguez explica que los menores que presentan rasgos como el perfeccionismo, una alta deseabilidad social, expectativas irreales y mapas mentales confusos, entre otros, están más expuestos a que estas herramientas sean contraproducentes para su desarrollo como personas sanas mental y físicamente.

El uso de filtros puede hacer que se asocie el atractivo físico con la valía personal y que, si una fotografía no está editada ajustándose a unas determinadas expectativas, el adolescente sienta miedo a ser rechazado por su aspecto real, lo que, según la psicóloga, genera problemas de inseguridad y afecta a la autoestima y a la valoración que tiene de sí mismo.

Según Rodríguez, en las redes sociales mostramos lo mejor de nosotros mismos y de nuestras vidas, lo que convierte en casi una exigencia plasmar la mejor imagen ocultando los defectos y las experiencias negativas. “Todos conocemos nuestros defectos y virtudes. Vivimos en una sociedad en que la imagen es un valor. Está comprobado científicamente el ‘efecto halo’ de las personas guapas, por el que se da por hecho que por ser guapa una persona también es más sociable, más inteligente y más sana que una persona menos agraciada”, asegura la psicóloga.

“Vivimos en una sociedad en la que la imagen es un valor”

Diana Rodríguez - Psicóloga social

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Tanto Alonso como Rodríguez coinciden en señalar que el acompañamiento de los padres es fundamental para proteger a los menores de los riesgos del uso habitual de filtros. “Tenemos que trabajar desde las familias para que los niños no los usen para cambiar su imagen, porque su cuerpo es perfecto tal y como es, y porque hay muchas maneras de entender la belleza. Y si eres un adulto que tiene las redes sociales, no los uses tampoco para quitarte arrugas ni poses de espaldas, algo muy de moda ahora, porque no te gustas como sales. Posa, sonríe y muestra tus talentos y tus experiencias más que tu cuerpo”, afirma la creadora de Realkiddys.

Por su parte, Rodríguez reivindica la alternativa que presenta el movimiento “body positive” o “body positivity” (cuerpo positivo o positividad corporal, en expañol), una corriente que está llegando con mucha fuerza a las redes sociales y que reivindica la belleza de todos los cuerpos y de las personas sea cual sea su físico, y que ensalza el gustarse a sí mismo, la autenticidad y la aceptación de la naturalidad rompiendo los patrones estéticos. “Creo que es una corriente sana y generosa que va a dar una vuelta en unos años a esas estadísticas tan demoledoras”, vaticina esta experta.

La página Educación Conectada que desarrollan BBVA y Fad Juventud ofrece un videotutorial con una serie de consejos a los padres sobre cómo ayudar a sus hijos a gestionar el uso de filtros y a mantener una autoestima saludable que les proteja del mundo irreal que muestran en muchas ocasiones las redes sociales.