Entrevista | Mario Casas Actor y director de "Mi soledad tiene alas"

“Quería vivir este primer viaje como director con mi hermano”

“Si la película camina y el espectador la acoge, me gustaría seguir dirigiendo, compaginarlo con la actuación”, dice

Mario Casas, durante la presentación de su película en Paterna.

Mario Casas, durante la presentación de su película en Paterna. / Fernando Bustamante

M. González

M. González

Mario Casas (A Coruña, 1986) lleva 17 años en el mundo de la interpretación. Hasta ahora siempre se había colocado delante de las cámaras, ganando incluso un Goya por su magistral papel en “No matarás”, pero esta semana Casas da un pasó más en su carrera y estrena su primera película como director, que lleva por título “Mi soledad tiene alas” y en la que su hermano Óscar Casas es el protagonista.

–¿Cómo vive un estreno (que será este viernes) desde la vertiente de director?

–Promocionar una peli, que es casi como un hijo después de casi tres años y medio de proceso, es algo que abarca muchísimo más que cuando lo haces como actor. Y lo cierto es que lo vivo con muchísimos nervios, aunque son nervios bonitos, con mariposas en el estómago. Tengo ganas de que llegue el día y que la peli sea ya del público, porque para eso hacemos cine; pero, al mismo tiempo, no, porque como que me voy a despedir finalmente de la película. Seguirá ahí, tiene semanas todavía de vida y luego pasará a Netflix, pero es cierto que significa que ya me tendré que despedir de todo este proceso.

–Ya ha podido presentarla en Paterna, en el Festival Antonio Ferrandis, ¿qué sensación ha tenido de la respuesta del público?

–Yo he hecho “Mi soledad tiene alas” para entregársela al público, para intentar emocionarlo y que empatice con la historia y con los personajes; es para ellos. En Paterna estaba muy nervioso. Es cierto que la presenté y tuve que irme corriendo porque tenía promoción al día siguiente en Madrid, pero veía a la gente animada y con curiosidad por verla.

–¿Qué se lleva de ese proceso en el que ha dado el paso de ponerse al otro lado de la cámara?

–Empecé a escribirla en la pandemia junto a Déborah François, coguionista de la película, con algo de inconsciencia, de “vamos a intentar esto”. El mundo se había detenido y era algo por lo que hacía tiempo que tenía curiosidad, así que nos pusimos a escribir. Y fue como una máquina que se empezó a engrasar casi como si fuera cosa del destino. Si ahora miro hacia atrás casi ni me creo que haya hecho una peli, que la haya rodado y que se vaya a estrenar en unos días. Y, además, con mi hermano. Todo caminó de una manera preciosa y lo único que me queda es dar gracias de que me hayan apoyado tanto para sacar “Mi soledad tiene alas” adelante.

–Es una película que tiene mucho de su esencia, ¿es todavía más especial por eso?

–No es la historia de mi vida, peso sí que tiene mi esencia. La he escrito, además, y está en mí la película constantemente. La zona periférica de Barcelona es un lugar que conozco, donde he estado y donde he pasado mucho tiempo, por lo que podía escribir sobre ello. Luego, ese viaje que hacen a Madrid tiene mucho que ver con ese viaje que yo hice con 18 años y que me cambió la vida y tras el que nunca más pude volver, en mi caso por cumplir un sueño; en el suyo, por una huida; pero, quieras o no, hay algo que ver con lo que me pasó a mí en ese cambio de vida y que harán los personajes también.

–¿Desde un primer momento pensó en su hermano Óscar para este proyecto?

–Siempre. Tiempo atrás, antes de empezar a escribir, le decía que si algún día hacía una peli, la haría con él. Lo tenía claro antes ya de empezar a escribir las primeras palabras. Quería trabajar con él, quería vivir este primer viaje mío con alguien tan querido como mi hermano pequeño. Yo sabía también que podía llevarlo a lugares distintos dentro de la interpretación, que no había vivido antes. Y yo creo que Óscar en esta peli ha evolucionado mucho; ya era un gran actor pero me parece que ha dado un salto, ha subido un escalón más en su carrera.

Mario Casas, durante el rodaje de la película.

Mario Casas, durante el rodaje de la película. / Luis Millan

–¿Ha resultado más fácil el trabajo con su hermano, o al contrario?

–Óscar es un chaval muy bueno, no es un niño con egos. Es una persona que brilla, es un chaval de luz, y sabía que no me iba a dar problemas en eso. En el rodaje y en los ensayos lo hablamos y le dije que iba a tratarlo como a un actor más, que no iba a tener diferencias con nadie. Es cierto que cuando rodamos la peli hemos vivido momentos donde él se ha preocupado porque quizá a mí me ha visto en un lugar más serio, haciendo mi trabajo, más de director, y a él le ha podico confundir y ha tenido alguna inseguridad, pero yo he intentado simplemente guiarlo, trabajar lo máximo con él y tiene que estar muy orgulloso de lo que ha hecho porque se ha dejado la vida, ha trabajado muchísimo. Veo lo que ha construido y estoy muy orgulloso de lo que ha hecho.

–Sus compañeros de reparto Candela González y Farid Bechara no eran actores profesionales, ¿le ayudó su experiencia como actor a la hora de dirigirles?

–Yo he intentado, sobre todo, que tuvieran confianza en mí. Les he intentando guiar por mis vivencias y ha sido más fácil porque yo he pasado por esos lugares. Sé lo que se siente cuando llegas a un primer ensayo, en el primer día de rodaje... Intentaba que estuviesen tranquilos y que disfrutasen de este viaje, porque es único. Al final, no querían que se acabara. Les he intentado cuidar mucho.

–Tras esta experiencia afirma que ha aprendido a amar mucho más la profesión. ¿Repetirá la experiencia?

–Si la película camina y el espectador la acoge, me gustaría poder seguir dirigiendo. Es verdad que es un proceso mucho más largo, pero a mí me gustaría compaginarlo con la actuación. Yo soy novel en la dirección y metes mucho la pata, pero me imagino que en esa inconsciencia hay también muchos aciertos, pero he aprendido mucho y veo el cine de otra manera. Creas un proyecto desde cero y es un viaje que acapara lo que es la palabra cine. Ojalá pueda algún día volver a dirigir.

–Como actor también tiene importantes proyectos en marcha...

–Justo he acabado ahora una película con Rodrigo Cortés (’Escape’), que es la primera película que Martin Scorsese produce en España, y tengo otro proyecto en noviembre entre Barcelona y Holanda con un director novel, Gerard Oms, que me lleva acompañando como coach todos estos años.

Óscar Casas y Candela González, durante una escena de "Mi soledad tiene alas".

Óscar Casas y Candela González, durante una escena de "Mi soledad tiene alas". / @LauBacanal

–Pese a tener una carrera consolidada como actor, ¿sigue con ese miedo a que el teléfono deje de sonar?

–Eso siempre está. Si crees que tienes todo hecho y todo contado me parece que entonces hablamos de un estancamiento. Siempre tienes que tener miedo, porque puede pasar en cualquier trabajo que hoy estés haciendo lo que te gusta y te esté yendo bien y quizá mañana no. La vida es así. Lo única labor que yo puedo hacer es intentar esforzarme al máximo y trabajar y decir: “Soy un culo inquieto, he hecho pelis, series y voy a intentar dirigir, ir un poco más allá en mi carrera, en mi profesión, y a ver qué pasa”. Para mí, el lugar es trabajar y esforzarte lo máximo posible.

–Mencionaba a Rodrigo Cortés. ¿Alguna influencia suya o del algún otro director que le haya marcado?

–Rodrigo Cortés es un director con el que estaba deseando trabajar y de él he aprendido mucho. Todos los directores me han aportado algo, todos te enseñan alguna cosa y eso se te queda. En la película yo hago guiños a otros trabajos que he hecho y el público que me sigue se va a dar cuenta.

–¿Y cuál quiere que sea su sello personal?

–La emoción. Esta es una película pequeña, de personajes, con un guion que habla de la historia de estos chicos, y lo que he querido trabajar con ellos es que emocionen, que estén vivos, que consigan llegar al público. A mí lo que me gustaba era que los personajes tuvieran constantemente emoción, carisma, aunque solo sea en la mirada, y que eso traspasara.