Entrevista | África González Fernández Catedrática de Inmunología de la Universidad de Vigo

“El estudio del envejecimiento puede ser comparado con la carrera espacial”

La reputada inmunóloga ingresa como académica de número de la Real Academia de Farmacia de Galicia con un discurso en el que habló de la inmunosenescencia

La catedrática África González, ayer.

La catedrática África González, ayer. / Xoán Álvarez

La catedrática de Inmunología de la Universidad de Vigo (UVigo) África González Fernández ingresó ayer como académica de número de la Real Academia de Farmacia de Galicia con el discurso “¿Eterna juventud?”, en el que abordó los factores que afectan a la edad biológica y de la inmunosenescencia, es decir, de los cambios en el sistema inmunitario debido al envejecimiento, un campo que cada día despierta un mayor interés de la ciencia. Según la catedrática, hay en marcha líneas de trabajo muy interesantes y esperanzadoras, que van desde el desarrollo de fármacos con diferentes dianas a distintas terapias para intentar ralentizar este proceso e incluso llegar a evitarlo, entre las que se encuentra la reprogramación celular. África González hizo el postdoctorado con el doctor César Milstein, premio Nobel en 1984 por la técnica de obtención de los anticuerpos monoclonales. En 1996 se incorpora a la UVigo, donde lidera un grupo de investigación multidisciplinar en inmunología básica y aplicada considerado grupo de referencia competitiva. La profesora María José Alonso, académica de número, pronunció el discurso de contestación.

–¿Estamos cerca de entender el proceso de envejecimiento?

–Se está invirtiendo mucho dinero y hay muchas empresas que están trabajando para entender el proceso de envejecimiento y si es posible enlentecerlo o, incluso, evitarlo. Incluso hay científicos españoles participando en esta nueva misión, que puede ser comparable a la carrera espacial, el proyecto del genoma humano, la lucha contra el cáncer, el estudio del cerebro y la inteligencia artificial. El problema del envejecimiento es que todavía es un proceso que no es del todo conocido. No sabemos, por ejemplo, cómo calcular la edad biológica de un individuo, que no siempre coincide con la cronológica. Es decir, una persona puede tener 60 años cronológicos y biológicamente puede estar mucho peor o mucho mejor.

–¿De qué depende?

–El envejecimiento es un proceso muy complejo al que le afecta toda una serie de factores: la edad, el estilo de vida, la genética... Especialistas como el doctor David Sinclair opinan que el envejecimiento es una enfermedad más que un proceso que entendemos como normal y que habría que tratarlo como tal e incluso curar, por lo que podríamos ser inmortales en determinadas circunstancias.

–Esto suena a ciencia ficción.

–Una de las cosas que planteé en el discurso es si es posible enlentecer o incluso reprogramar nuestras células para volverlas más jóvenes. El premio Nobel de Medicina Shinya Yamanaka describió cuatro factores de transcripción que podían transformar una célula ya diferenciada en células inmaduras pluripotentes, es decir, que podían dar lugar a células del corazón, renales, de piel o neuronas. Esto abrió la puerta a pensar que el envejecimiento no era ya un proceso finalista desde la célula joven a la envejecida, sino que podíamos darle la vuelta.

–Entonces, ¿podríamos vivir eternamente?

–Se han hecho ensayos en distintos modelos animales y se ha podido revertir su edad biológica e incrementar su vida media: en vez de vivir 1,5 años pueden vivir 2 o más. El problema de esta reprogramación es que pueden producirse tumores. Lo importante sería poder controlar de forma más precisa esta reversión para evitar este problema y hay investigadores trabajando en ello, pero, por el momento, no es extrapolable al ser humano. Se ha aumentado la esperanza de vida de las personas en base al tratamiento del agua, antibióticos, vacunas, y al control sanitario alimentario. Todo esto ha hecho que de una esperanza de vida media cercana a los 40 años hayamos pasado a más de 80. Pero, ¿tenemos un tope biológico? Algunas personas decían que nuestro tope eran los 120 años. Ahora se está hablando de que se podría alargar.

“El envejecimiento es un proceso muy complejo que se ve afectado por numerosos factores”

–¿Cómo?

–Por una parte, haciendo una vida lo más sana posible, con ejercicio moderado, un buen descanso, una dieta equilibrada, no tomar tóxicos como drogas, alcohol o tabaco y evitar el estrés. Se ha visto también que la restricción calórica incrementa la vida media de todos los animales que se han estudiado. Por otra parte, como conocemos una serie de características relacionadas con el envejecimiento, como que hay células senescentes, inflamación e oxidación celular, se han desarrollado fármacos senolíticos, antiinflamatorios, antioxidantes para combatir esto. Ahora mismo hay muchos ensayos clínicos combinando distintas sustancias y en algunos casos se ha demostrado que recuperas uno o dos años de edad biológica.

–¿Cómo afecta el envejecimiento al sistema inmunitario?

–La inmunosenescencia es el deterioro del sistema inmunitario con la edad y es lo que hace que las personas mayores tengan más infecciones (en número y gravedad) y fallezcan por el SARS-CoV-2, por ejemplo; desarrollen más enfermedades autoinmunitarias y cánceres, y que activen una respuesta inferior en intensidad y duración a nuevas vacunas. Todo esto es debido a este proceso de inmunosenescencia, en el que nuestro sistema inmunitario deja de hacer esa vigilancia tumoral y de controlar adecuadamente los patógenos.

–¿Se puede paliar la senescencia?

–Sí, incrementando la respuesta inmunitaria y actuando sobre el envejecimiento del sistema inmunitario. Lo primero, vacunándonos en las etapas tempranas de la vida con las vacunas correspondientes a cada edad para tener memoria inmunitaria y poniéndonos las vacunas frente a patógenos nuevos para evitar reinfecciones. Como la eficacia de las vacunas es menor en esta población, hay que diseñarlas de forma que puedan activar de forma más potente el sistema inmunitario. Lo segundo, como dije antes, es, por un lado, evitar los agentes que se sabe que inducen inmunosenescencia: tabaquismo, alcohol, drogas, infecciones crónicas, sedentarismo, sobrepeso, hipertensión, diabetes; y, por otro, cuidar y favorecer aquello que sabemos que mejora la inmunidad: correcta nutrición, exposición al sol, ejercicio, interacción social y horas de sueño.