EE UU destina 5.000 millones a acelerar las nuevas vacunas contra el coronavirus

La Casa Blanca apoya así proyectos en marcha de fórmulas nasales que atajen los contagios | También impulsa inyecciones “pancoronavirus” contra futuras variantes

Investigadores de vacunas de la compañía BioNTech.

Investigadores de vacunas de la compañía BioNTech. / BioNTech

Rafa López

Rafa López

Estados Unidos destinará más de 5.000 millones de dólares (4.585 millones de euros al cambio actual) a los proyectos de vacunas de nueva generación contra el coronavirus, destinadas a evitar no solo la enfermedad grave y la muerte, como las que se administran ahora, sino a crear una inmunidad en la mucosa nasal que evite los contagios. Además, se impulsa la creación de anticuerpos monoclonales de larga duración, ya que la evolución del coronavirus SARS-CoV-2 en más de 1.100 subvariantes de ómicron hace ineficaces este tipo de tratamientos en la actualidad. También se financian futuras inyecciones “pancoronavirus”, que protejan contra todos los coronavirus, incluidas las futuras variantes del patógeno que provoca el COVID, y el coronavirus del MERS, que tiene una letalidad muchísimo más alta (en torno al 39 por ciento).

Este plan de la Casa Blanca, avanzado por “The Washington Post” y denominado “Project NextGen”, continúa de alguna forma la “Operación Warp Speed”, el proyecto de la administración Trump de 18.000 millones de dólares para tener una vacuna segura y efectiva para enero de 2021, y que, como sabemos, dio sus frutos y benefició no solo a la población estadounidense, sino a personas de buena parte del mundo, España incluida.

De nuevo se confía en la colaboración público-privada que tan buenos resultados arrojó con las vacunas de ARN mensajero de Pfizer y Moderna, las más administradas en España, así como la de Novavax, fabricada en Porriño por Biofabri, del grupo Zendal.

Estados Unidos tiene en marcha proyectos prometedores como la vacuna nasal de Akiko Iwasaki, inmunóloga de la Universidad de Yale, y su equipo. La idea es similar a la que desarrolla en España el veterano virólogo del CSIC Luis Enjuanes, pero está mucho más desarrollada. Los altísimos costes, especialmente cuando hay que realizar ensayos clínicos, hacen que sin una financiación adecuada los proyectos se queden estancados.

El médico estadounidense Eric Topol, que lleva muchos meses reclamando otra operación “Warp Speed” para acelerar vacunas más avanzadas contra el COVID, señaló en su blog de medicina y ciencia que es una buenísima noticia: “Esta es una asignación sustancial que debería marcar la diferencia para acelerar el desarrollo de vacunas nasales y pancoronavirus que pueden ser más protectoras y duraderas (tanto respecto al tiempo como contra nuevas variantes), junto con terapias como anticuerpos monoclonales y píldoras antivirales más allá del Paxlovid”, apuntó el director del prestigioso instituto de investigación Scripps de California.

Topol, uno de los científicos de referencia en esta pandemia, recuerda que “para bloquear mejor las infecciones, debemos inducir inmunidad local a través de las vías respiratorias superiores, mediante administración nasal u oral”, en contraste con las inyecciones intramusculares actuales. Ya hay una primera vacuna nasal contrastada por un ensayo clínico aleatorizado, fabricada por Bharat Biotech en la India con una patente de la Universidad de Washington en San Luis (Estados Unidos).

Además, una vacuna “pancoronavirus” eliminaría la amenaza de nuevas variantes más virulentas. No se descarta otro “evento ómicron”, la irrupción de una variante del SARS-CoV-2 muy mutada, posiblemente derivada de una infección de larga duración en un paciente inmunocomprometido, o incluso de un animal. “Se estima que la probabilidad de que veamos otra variante altamente problemática sea del 10 al 20% en los próximos 2 años, y mayor a medida que avanzamos más allá de esa línea temporal”, recuerda Eric Topol.

Además, una vacuna que fuese totalmente (o casi) esterilizante, es decir, que bloquease las infecciones en su punto de entrada (la mucosa nasal), evitaría muchos casos de COVID persistente y otros efectos a medio o largo plazo de un virus del que cada día se publican más estudios científicos sobre daños que puede provocar en todos los sistemas del organismos, no solo el respiratorio.