Suscríbete

Faro de Vigo

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Coronavirus

"Las mutaciones del covid se ven con tres meses de antelación y ahora no hay ninguna preocupante"

"Las nuevas vacunas tendrán un impacto importante sobre la mortalidad y el virus persistente, pero no tendrán la frescura de las anteriores"

Amalio Telenti Asensio, ayer, en La Fresneda (Siero). FERNANDO RODRÍGUEZ

Amalio Telenti Asensio (1959) estudió en el Instituto Alfonso II y, más tarde, Medicina en la Universidad de Oviedo. Gran aficionado a las carreras de montaña, es el menor de los cuatro hijos de una conocida familia ovetense. Su padre, Amalio Telenti Rodríguez, también médico, falleció en 1982 al ser atropellado cuando circulaba en bicicleta. Lleva fuera de España desde 1983. Ha pasado por la Clínica Mayo (Rochester, EE UU), la Universidad de Berna, el Albert Einstein College of Medicine de Nueva York y el Hospital Universitario de Lausana (Suiza). Además, fue director científico de la empresa Human Longevity Inc., donde estuvo a cargo del análisis de los primeros 10.000 genomas humanos estudiados con alta resolución e investigó los mecanismos por los que variaciones genéticas acortan la vida. En el momento actual es responsable de datos científicos en Scripps Translational Science Institute, así como profesor de genómica en The Scripps Research Institute, entidades ubicadas en San Diego (EE UU).

Experto en enfermedades infecciosas, entre ellas el sida y el covid, Amalio Telenti es una de las figuras mundiales invitadas al I Encuentro Internacional de Microbiología Clínica y Enfermedades Infecciosas (AIMID 2022), que hoy y mañana se celebra en el Palacio de Congresos Ciudad de Oviedo, organizado por la Fundación para la Investigación y la Innovación Sanitaria del Principado (FINBA-ISPA) y el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA).

Ha cambiado de trabajo varias veces en su vida...

No, no tantas. Ahora trabajo en una compañía farmacéutica. Me dedico al análisis de datos enfocados a la salud y el desarrollo de fármacos. Investigamos, diseñamos, fabricamos y comercializamos medicamentos para enfermedades infecciosas. Es un campo muy abierto, en continua progresión. Buscamos la manera de acortar los plazos de descubrimiento y desarrollo.

Ahora parece que todo se basa en los datos, en el big data...

Los datos invaden nuestras vidas y la actividad de las empresas. Las compañías generan cantidades abrumadoras de datos. La calidad de esas compañías depende de la manera de manejar esos datos. Si dejas correr los datos, como corre el agua, nunca vas a tener un depósito. Y tener un depósito de datos permite venderlos, porque esos datos van adquiriendo valor.

¿Cómo se gestionan bien los datos?

La gestión de los datos requiere infraestructuras. Es como si tienes muchas locomotoras pero no tienes vías para que circulen. Yo me dedico a instalar las vías, y dejo pasar las locomotoras y estudio cómo funcionan. En el procesamiento de datos de una compañía, el 80 por ciento del esfuerzo es para la infraestructura y el 20 por ciento para la explotación de esos datos. ¿Problema? Que a nadie le interesa hacer esa inversión en la infraestructura.

¿Usted ya ha construido esa infraestructura?

Ya la he construido en dos compañías. Las herramientas cambian muy rápido.

De ejercer la medicina ni se acuerda...

(Risas) La ejercí hasta hace ochos años. De hecho, aún tengo una licencia válida para California. Ahora soy un gestor de personal, de equipos que abarcan muchas profesiones y que necesariamente han de funcionar. En mi grupo tengo desde astrofísicos, ingenieros mecánicos, especialistas en computación y en software, biólogos, bioinformáticos, epidemiólogos... Alguno viene del mundo del automóvil. Somos una empresa de 500 personas y bajo mi mando directo tengo 17. Después tengo una responsabilidad transversal en la compañía y puedo ser el gestor de algunos proyectos.

Usted qué aporta.

Pues, por ejemplo, el conocimiento biomédico. A estos especialistas multidisciplinares alguien tiene que explicarles qué es una célula. Al mismo tiempo, recibo conocimientos de otros campos.

Explique algún proceso.

Uno llamativo. En la fabricación de medicamentos empleamos bio-reactores. Lo más parecido son los tanques en los que se produce cerveza. Encender un tanque de éstos cuesta un millón de euros. Incuba el proceso durante doce o trece días y ahí medimos muchos parámetros. Nos sucedió una cosa produciendo medicamentos para el covid...

¿Qué medicamentos?

En concreto, tratamientos monoclonales, que se emplearon durante unos meses, entre las variantes delta y el principio de ómicron. Antes y después, hubo otros monoclonales.

En la viruela del mono, con 80.000 vacunas se acabó con el brote de Nueva York; ha sido memorable

decoration

Disculpe, le había interrumpido.

Pues en ese proceso de producción, al final vimos que había un margen de mejora del cinco por ciento. Puede parecer poco, pero a la hora de la verdad significa que en cada bio-reactor producimos 3.000 dosis menos de medicamento, o sea, 3.000 personas menos que pueden tratarse. Pongamos esto durante la pandemia, con escasez de medicamentos. Y luego el dejar de producir tiene un precio de mercado. Nos dimos cuenta de que al tercer día ya había diferencias entre unos reactores y otros. Se identificó el problema, se corrigió y se aumentó la producción un 5 por ciento.

La pandemia de covid-19 parece estar en una fase de indefinición. ¿Qué va a suceder a medio plazo?

Uf, hay muchos factores involucrados. Hay un antes y un después de la variante ómicron. Antes, las sorpresas eran continuas, porque cada variante que venía no era la hija de la anterior, era un nuevo experimento. Después de ómicron, casi todos tenemos experiencia del virus y por eso siempre encuentra algo de respuesta. Con ómicron, el SARS-CoV-2 ha conseguido infectar prácticamente al planeta entero. En muchísimos países ya todo el mundo ha experimentado el covid de una manera o de otra.

¿Cómo evalúa la respuesta que se ha dado a la pandemia?

Hay varios niveles. El mayor éxito lo ha marcado la industria, que hizo lo que se esperaba de ella: fármacos, vacunas, anticuerpos... Ciertamente, con mucha inversión pública. Pero esto rompe con los estereotipos de la industria como el malo de la película. Segundo mayor éxito: los profesionales de la sanidad. Tercero, mucho más abajo: el sistema sanitario en su papel de realizar estudios clínicos y clasificar a los pacientes. Aquí se cometieron muchos errores, se dieron tratamientos a unos en los que no funcionaban y se dejaron de dar a otros en los que podían ser útiles. Hay alguna excepción, como el sistema sanitario británico. Se tiró mucho dinero en investigaciones de pacientes mal hechas. Era cuestión de que los grandes sistemas de salud y hospitales dedicaran a algunas personas a analizar lo que estaban haciendo. Cuarto, en el punto más bajo, los sistemas de salud pública de todo el mundo. No fueron capaces de comunicar a la sociedad el riesgo real de lo que venía y de explicar los motivos por los que se hacía a lo que se hacía.

¿Y ahora?

Hay que revisar lo que se ha hecho, corregir los errores y clasificar los pacientes por grupos para darles los tratamientos que más les benefician.

¿Cómo analiza el momento actual de la pandemia?

El covid se ha calmado. Pueden pasar dos cosas. El virus puede entrar a través de la naturaleza, captar innovación y volver a una fase agresiva. Esto es posible porque tiene capacidad y lugares para mutar. O puede pasar a una fase en la que el virus esté domesticado y no haya más innovación.

¿El virus está domesticado ahora mismo?

Sí. El problema es que está domesticado con una agresividad importante. En Estados Unidos hay 400 muertos diarios por covid, el doble o el triple que por gripe. No es un nivel confortable, pero quizá sí tolerable. Eso de que sea tolerable o no tiene que decidirlo la sociedad. ¿Es aceptable que un señor de 70 años muera de covid? ¿Y un señor de 80 años? Hay que dar una respuesta, y debe darla la sociedad. Y debe reconocerse abiertamente.

¿Qué riesgo existe de que llegue una mutación agresiva?

Es difícil predecirlo. Las nuevas mutaciones se ven dos o tres meses de antelación. Ahora mismo, no se observa ninguna variante novedosa.

¿Y si el virus vuelve fuerte?

Ahora conocemos el enemigo. Hemos llegado a una situación estable. Y disponemos de herramientas para resolver los problemas que puedan venir. Hay terapias muy diversas. La industria tiene en marcha una maquinaria inmensa. Habrá fármacos orales, una nueva generación de monoclonales, vacunas... En Estados Unidos vas a la farmacia, pides un test, das positivo y en la misma farmacia te dan el tratamiento directamente.

El lunes que viene empieza a administrarse en España la segunda dosis de refuerzo. ¿Usted recomienda ponerla?

Las vacunas han funcionado bien. Las primeras se diseñaron con arreglo a las primeras variantes, y eso genera una especie de memoria. Por eso previsible es que esta segunda generación de vacunas funcionen bien, pero no con la frescura de las anteriores.

¿Usted va a vacunarse de nuevo?

Por supuesto, porque el impacto sobre la mortalidad y el covid persistente van a ser importantes.

¿Cómo ve la viruela del mono?

Se ha avanzado mucho gracias a la experiencia del covid. En Nueva York, con 80.000 vacunas y un cambio en las conductas de riesgo, se han llevado por delante el brote. Ha sido memorable.

Compartir el artículo

stats