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Santa Marta no llena sin ataúdes

Por primera vez, tras las restricciones de la COVID, en la procesión de la romería no hay ataúdes por la decisión del cura de la parroquia

Procesión de Santa Marta de Ribarteme, que por primera vez tras la pandemia de COVID, no desfilan los ataúdes con personas dentro. A. Gutiérrez

Sin ataúdes y con cuatro patrullas de la Guardia Civil velando para sostener la “calma tensa” que se respiraba ayer en la parroquia de Santa Marta de Ribarteme. Así es como transcurrió la primera romería de Santa Marta en la que el cura Fransico Javier Ramírez Crespo no ha permitido que salieran en la procesión los tradicionales ataúdes en los que las personas se metían para hacer cumplir una promesa que le habían realizado a la santa.

El primer año, después de las restricciones de la pandemia, en el que no desfilan los “cadaleitos” y el primer año, según explican los vecinos, en el “que hay tan poca gente; en otras ocasiones aquí no cabía nadie y no es el caso de este año”. Con todo, centenares de personas se congregaron en Santa Marta de Ribarteme para escuchar la misa solemne de las 12.00 horas y que acabó por pasar el día en la parroquia.

El cura Francisco Javier Ramírez sigue la misa solemne desde la puerta de salida de la iglesia. A. Gutiérrez

Todo ello en un contexto en el que se respiraba cierta calma tensa puesto que los vecinos y las vecinas de la parroquia de As Neves no están conformes con la decisión del cura. De hecho, en mitad del trayecto de la procesión se pudo escuchar algún “cura, dimisión”. Los jóvenes de Santa Marta se acercaron también a vivir “nuestro día” pero “con desilusión”, apunta una de ellas, “parece que el cura lo hace a modo de castigo, él no entiende que este días es algo muy importante para nosotros no sólo es una fiesta más” y criticaron también “que no hayan sacado los tres santos que siempre salia con Santa Marta, eso nos duele de igual forma”.

Muchos de ellos han crecido con esta tradición “y ahora que somos ya mayores, que tenemos 18 años, no podemos vivirla como lo hacían nuestros antepasados” e inciden en que “si nos duele a nosotros, imagínate a nuestros abuelos o bisabuelos, que lo han vivido durante décadas y décadas”.

“Si nos duele a nosotros, imagínate a nuestros abuelos o bisabuelos, que lo han vivido durante décadas y décadas”

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Pero el pesar por no celebrar, en su forma tradicional, la Romería de Santa Marta de Ribarteme no solo ha calado entre los vecinos de la parroquia. También así lo sienten las personas que acudían a esta cita religiosa con asiduidad. Una de ellas, que fue dentro de uno de los ataúdes hace cuatro años, cuenta que “no me lo creía cuando escuché que esta vez no habría, no entiendo el mal que hace”. Niega que se trate de hacer un carnaval de la romería, tal y como apunta el cura, porque “uno viene aquí con la santa fé y a cumplir una promesa, cuando una persona viene aquí no lo hace por gusto lo hace porque ha pasado una enfermedad muy grave y finalmente se ha curado”.

En Santa Marta había otros ojos tristes en medio de la misa solemne. Dos vecinas de Tui habían hecho la promesa de ir dentro de los ataúdes para pedirle a Santa Marta que les ayudara en un proceso grave que tiene que ver con la salud, “pero no ha podido ser, aunque iremos igual en la procesión”. Sobre uno de los argumentos del cura que apunta a que la romería se convirtió en un acto carnavalesco o, incluso, de brujería, las tudenses apuntan que “no es para nada una pantomima, es una cuestión de fe, cada uno tenemos nuestras creencias y cada uno de nosotros somos libres para hacerlo, no lo hacemos por la gracia o por salir en una televisión porque es algo que va mucho más allá que todo eso”. A su lado, unas vecinas de la Louriña se resignaban apuntando que “aunque no haya ataúdes la promesa tiene que ir sí o sí, porque la Santa cumplió y bien con lo que le pedimos”.

“No es para nada una pantomima, es una cuestión de fe, cada uno de nosotros tenemos nuestras creencias y somos libres para hacerlo, no lo hacemos por la gracia o por salir en una televisión, es algo que va mucho más allá que todo eso”

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En la romería se encontraban numerosos medios nacionales e, incluso, internacionales pues había cámaras que emitirían una pieza informativa para el canal ruso RT. Los periodistas le preguntaban al cura sobre su decisión de prohibir la salida de los ataúdes y a las cuestiones que le realizó FARO ayer sobre ello la uncia argumentación que apuntó es que no hay ataúdes “porque no me da la gana y ya está”.

La misa solemne no la ofició el cura que ha decidió romper con una tradición que se remonta, según los especialistas, a la Edad Media. Fue el párroco de Mondariz el encargado de impartirla bajo la mirada, desde una de las puertas de salida de la Iglesia, de Francisco Javier Ramiro Crespo, el párroco de la discordia. Si salió en la presidencia de la procesión. Una procesión en la que, a los lados, se encontraban las personas mayores que por sus circunstancias físicas no podían seguir el paso, pero que vigilaban el trayecto de la Santa mientras reconocían, que “aunque así no es lo mismo” , lo cierto es que ”la vida siempre cambia”.

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