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Faro de Vigo

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Adiós a una romería gallega de las más ancestrales, la procesión de ataúdes de Santa Marta en As Neves

El párroco de Ribarteme y la Diócesis de Tui-Vigo cancelan el cortejo fúnebre de los “no muertos” al entender que “no tiene sentido; en tiempos de Jesús no se enferetraba” | Se acaba con una tradición que se remonta a la Edad Media

Procesión de Santa Marta, en As Neves, a medidados del siglo XX. | // D.P.

Una de las romerías más ancestrales y famosas de Galicia; posiblemente la más extraña de España y considerada por el diario británico The Guardian como la segunda más curiosa del mundo, está en peligro de extinción. Se trata de la romería de Santa Marta de Ribarteme de As Neves, cuya particular procesión de ataúdes de los “muertos-vivos” atrae a una muchedumbre de personas cada 29 de julio. No sucederá lo mismo hoy, pues ningún devoto recorrerá la procesión en el interior de una caja mortuoria al suprimir el párroco dicha tradición por entender que “no tiene ningún sentido”.

Es el final de una romería cuyos orígenes se remontan a 1700, aunque hay quien dice que ya existía en la Edad Media. “En 2020 y en 2021 no se hizo por la pandemia y este año la hemos suprimido totalmente”, confirmó ayer a FARO el párroco, Francisco Javier de Ramiro, asegurando que “ni el Obispado la quiere, ni yo la quiero”. De Ramiro justifica esta decisión en los orígenes de la misma. “En tiempos de Jesús no se enferetraba. Se cubría con una sábana el cadáver después de haberlo lavado con unos aromas. Esta tradición es una deformación, no sé de dónde vino y no tiene ningún sentido”, explica De Ramiro.

No obstante, este no es el mismo discurso que defendían el año pasado, cuando la procesión ya pendía de un hilo al existir cierto escepticismo desde que en 2013 un reportero del National Geographic se infiltrara como un ofrecido más dentro de un ataúd para hacer un reportaje, poniendo en entredicho el significado religioso de la celebración. Así pues, en 2021, con el rumor de su desaparición rondando el santuario, el entonces cura titular de la parroquia, Sergio Gómez, aclaró que “la procesión con ataúdes no corre ningún riesgo, pero sí debe contar con unos límites para evitar que se convierta en un Carnaval”. Lo que sí se acabaría, según anunció don Sergio, sería con el alquiler de féretros para la ocasión.

En la misma línea se pronunció también hace un año el Obispado de Tui-Vigo, refiriéndose a que una simple lectura del Directorio de Pastoral “invita a evitar que la procesión sea un espectáculo folclórico y no devocional” y que correspondería al párroco decidir sobre el futuro de la procesión. En este sentido, la pandemia ha sido un punto de inflexión, pues, dos años sin desfile de “cadaleitos” por las restricciones sanitarias del COVID-19 invitaron a “reflexionar acerca de cómo purificar y mejorar en el futuro, el culto y la verdadera devoción a Santa Marta”.

La de 2019 habría sido, sin saberlo, la última procesión de “cadaleitos”

Si nada hace cambiar de opinión a la iglesia, la de 2019 habría sido, sin saberlo, la última procesión de “cadaleitos”. Ese año desfilaron en el interior de los féretros siete personas, una de las cuales lo hizo para agradecer a la Santa de los desahuciados que su perro Jeremías había sobrevivido a un tumor inoperable; algo que ayudó a extender entre un sector de la Diócesis la sensación de que la cita se había convertido en una celebración con tintes folclóricos. Y es que la única motivación para procesionar en el interior de un ataúd debería ser religiosa. Los que se ofrecen lo hacen para agradecerle a Santa Marta la cura de un familiar en estado muy grave o seguir vivos cuando ya veían la fina línea que separa ambos mundos.

Aunque sin su extravagante y característico cortejo fúnebre, el párroco de Santa Marta de Ribarteme aclara que la procesión se hará igual, “pero sin los ataúdes”. Así, hoy, festivo local en As Neves, habrá misas en el santuario cada hora desde las siete de la mañana. A mediodía tendrá lugar la procesión acompañada por la Banda Popular de Rubiós, quien a continuación ofrecerá un concierto. En ella podrán ofrecerse los “amortajados”, que son los devotos y peticionarios de favores a Santa Marta que acuden a las celebraciones eucarísticas enfundados en sudarios o mortajas para caminar durante la procesión junto a la Santa con sus velas de cera en mano, algunos de rodillas e incluso descalzos, poniendo en valor su sacrificio.

Será el primer año que la romería se celebre sin restricciones sanitarias y con el título de Fiesta de Interés Turístico de Galicia, pues la Xunta la declaró como tal en 2020, justo el año en el que dejaron de salir en procesión los “no muertos”, que, son, contra todo pronóstico, el alma de esta fiesta.

Devotos ofrecidos a Santa Marta de Ribarteme en una de las últimas procesiones celebradas entrono al santuario de As Neves. D.P.

Crispación vecinal: “Es una medida dictatorial, no se pueden cargar una de las romerías más singulares del mundo”

La decisión de la iglesia de prohibir los ataúdes en la procesión de Santa Marta de Ribarteme hace que se cumplan los peores presagios de los vecinos y vecinas de As Neves, que ya se lo veían venir atendiendo a los cambios producidos los últimos años en el santuario de Ribarteme, como el traslado de la imagen de la Santa, lo que desató una revuelta vecinal. El enfado es generalizado, pues pierden la romería que ha hecho famosa a la aldea. “La religión católica la están estropeando los propios evangelistas”, acusa una joven de Ribarteme, haciendo alusión al clima de crispación que sobrevuela la parroquia desde hace un par de años entre los feligreses y la curia, teniendo que intervenir en alguna ocasión la Guardia Civil.

“¿Quiénes son ellos para impedir que alguien se ofrezca a Santa Marta en un ataúd?”, se pregunta otra vecina, apuntando que “hay que verse en la situación”. Otro devoto reconoce que “fue una burla que se metiera un presentador de televisión en un ataúd, pero esta es una medida extremista y dictatorial, no se pueden cargar una de las romerías más singulares del mundo”; e invita al párroco y a la Diócesis a “recapacitar y devolvernos nuestra procesión”.

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