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El coronavirus sí juega a los dados

Los científicos advierten que la evolución selecciona los cambios que favorecen la propagación del SARS-CoV-2 | Si eso aumenta o disminuye la gravedad de la enfermedad es una cuestión de azar

Simón Espinosa

Que la variante ómicron produzca generalmente una enfermedad menos grave que delta es una afortunada casualidad. Eso advierten virólogos y expertos en genética, que además avisan que al coronavirus SARS-CoV-2 le resta todavía un amplio espacio para mutar y tratar de eludir así la inmunidad que confieren las vacunas. El grado en que este virus nos produce síntomas graves “es lo más difícil de predecir –señalan los investigadores estadounidenses Sarah Cobey, Jesse Bloom y Tyler Starr en un artículo en “The New York Times”–, porque la evolución selecciona los virus que se propagan bien, y si eso aumenta o reduce la gravedad es sobre todo una cuestión de azar”.

La doctora Cobey indaga en la interacción de la inmunidad, la evolución y la transmisión del virus en la Universidad de Chicago, mientras que los doctores Bloom y Starr estudian la evolución del virus en el Centro de Investigación del Cáncer Fred Hutchinson de Seattle. Los científicos recuerdan que ómicron es significativamente más infeccioso y más resistente a las vacunas que la cepa original de Wuhan, y que no hay razón, al menos biológica, para que el virus no siga evolucionando. “Las variantes del coronavirus que han surgido hasta ahora solo muestran una fracción del espacio genético que probablemente esté disponible para la exploración evolutiva”, avisan.

Todos los virus mutan buscando causar el mayor número posible de infecciones. Pueden lograrlo volviéndose más contagiosos y eludiendo el sistema inmunológico. Al igual que destacados virólogos, Cobey, Bloom y Starr subrayan el notable éxito con el que este coronavirus ha respondido a la presión evolutiva: tanto delta como ómicron son varias veces más transmisibles que la cepa que se propagó por primera vez en todo el mundo a principios de 2020. Es mucho más contagioso que la gripe, aunque algo menos que el sarampión, según los investigadores.

La velocidad de transmisión tiene un límite, apuntan, pero el virus todavía puede mutar de múltiples formas para eludir los anticuerpos. Y el modo en que lo ha hecho dando como resultado la variante ómicron ha sido una sorpresa para los expertos: “Hace seis meses, muchos científicos, incluidos nosotros, pensábamos que la siguiente variante descendería de delta, que era dominante en ese momento –admiten los investigadores–. Pero la evolución desafió nuestras expectativas y apareció ómicron, que tiene una gran cantidad de mutaciones y no desciende de delta”.

Mientras que el árbol filogenético (“genealógico”) de otros coronavirus tiene forma de escalera, con variantes que evolucionan de las previas, el del SARS-CoV-2 se parece más a una estrella de mar, con ramas saliendo en varias direcciones diferentes.

Un estudio –aún sin revisión por pares– de investigadores de varias universidades británicas y de la sanidad pública de Reino Unido, refuerza la idea de que la evolución del virus y sus variantes, incluida la virulencia de las mismas, es altamente imprevisible. “La heterogeneidad en la virulencia entre las variantes, junto con la emergencia evolutiva independiente, demuestra que la gravedad asociada a las futuras variantes del SARS-CoV-2 es inherentemente impredecible”, concluyen los investigadores, adscritos a las universidades de Cambridge, Glasgow y Edimburgo, entre otras.

De los 201 aminoácidos que permiten al virus aferrarse a las células humanas, y que puede reconocer el sistema inmunitario con ayuda de las vacunas, solo dos mutaron en la variante delta. En ómicron mutaron 15. Entre todas las variantes, las mutaciones suman 479. Los científicos calculan que en total son posibles un total de 2.361 mutaciones. Y cuantas más personas infectadas haya, más tiradas de dados realiza el virus, más probabilidades de que aparezcan variantes potecianlmente más graves. "Dios no juega a los dados", reza la frase atribuida a Albert Einstein, pero en la evolución sí que juega un papel importante el azar.

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