Suscríbete

Faro de Vigo

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

El COVID persistente suma pacientes a las consultas de neurología

Chis Oliveira, durante una caminata. FDV

El COVID persistente cobra peso en las consultas de neurología y ya supone tres de cada diez nuevas consultas en los servicios de esta especialidad. Los motivos de consulta más frecuentes de los pacientes con post-COVID son por cefaleas, síntomas cognitivos, persistencia de la anosmia/ageusia y trastornos sensitivos. Además, diferentes estudios establecen la relación entre el coronavirus y distintas enfermedades neurológicas como el ictus, el alzhéimer y la epilepsia, ya sea como posibles complicaciones del COVID o como factores de riesgo si se contrae la infección.

Según la Sociedad Española de Neurología (SEN), el COVID-19 no solo ha aumentado la mortalidad de los pacientes neurológicos, sino que también ha producido un incremento en el número de nuevas personas que presentan afectación neurológica. De hecho, señala que el síndrome post-COVID supone ya el 3% de las nuevas consultas en esta especialidad.

La catedrática viguesa de Filosofía Chis Oliveira forma parte de ese 3%. Sobrevivió a un COVID grave durante la primera ola de la pandemia, pero arrastra aún algunas secuelas.

Cuando ella comenzó a sentir que tenía dificultades para mantener la concentración y que sufría lapsus de memoria que antes no tenía, el COVID persistente o post-COVID estaba aún por descubrirse. Por ello, además de con estos síntomas, tuvo que lidiar con la incertidumbre: demasiadas preguntas y muy pocas respuestas.

“Hay síntomas emocionales que la gente no entiende”

Chis Oliveira -

decoration

Hoy, más de un año y medio después, aún presenta algún síntoma del post-COVID. “Todavía siento grima cuando la manga del jersey me roza el dorso de la mano, por ejemplo, y sigo teniendo niebla mental: problemas de concentración y problemas de memoria que antes no tenía, además de trocanteritis (inflamación de los tejidos blandos de la cadera), que aún no se sabe si está relacionado o no con el COVID aunque hay mucha gente que ha pasado el COVID y que tiene este mismo problema”, afirma.

Sin embargo, lo que más le preocupa actualmente no son las secuelas neurológicas, sino la debilidad emocional, un problema que reportan también muchos otros afectados por COVID persistente con quienes mantiene comunicación. “No puedo con los problemas emocionales que me generan estrés, como una discusión, por ejemplo, y es algo que mucha gente no entiende”, afirma.

Oliveira se infectó con el virus SARS-CoV-2 en marzo de 2020 y estuvo ingresada en cuidados intensivos un mes, del cual nueve días estuvo en coma. Salió con los pulmones como cartón piedra, en palabras de su neumóloga, y con un trombo en un pulmón, que le descubrieron el mismo día que abandonaba el hospital, y que requirió ocho meses de tratamiento anticoagulante. Los síntomas del post-COVID no tardaron en sumarse a una capacidad respiratoria muy mermada, que Oliveira se afanó en recuperar a base de largas caminatas, solo interrumpidas cuando los mareos le imposibilitaban salir de casa, y rehabilitación pulmonar.

En mayo de este año, el mismo día que su neumóloga le comunicaba que sus pulmones apenas presentaban cicatrices y que estaban prácticamente recuperados del todo, sufrió un ictus. “Llamé a mi familia para decirle que todo estaba genial y cuando llegué me esperaban con una mariscada para celebrarlo. No pude ni acabarla”, recuerda. Estuvo veinte días ingresada, cinco en la UCI.

Diferentes estudios establecen la relación entre el ictus y el COVID-19 ya sea como complicación o como factor pronóstico de la enfermedad que provoca el SARS-CoV-2. Según un estudio del Hospital del Mar de Barcelona, tener antecedentes de ictus (tanto isquémico como hemorrágico) aumenta 3 veces el riesgo de fallecer por COVID-19, mientras que en 2020, los ictus fueron la tercera causa de muerte más habitual en personas con COVID-19 identificado y sospechoso. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), las muertes por ictus aumentaron un 0,4% en 2020. Según la SEN, la razón es que, aunque el coronavirus no fue el desencadenante del fallecimiento, sí fue un factor que contribuyó a él por encontrarse entre las comorbilidades de la persona que falleció.

“El coronavirus atacó como una guadaña por los enfermos de alzhéimer”

Antonio Pato - Neurólogo

decoration

Antonio Pato - Neurólogo

Cefalea, síntomas cognitivos (alteración de la memoria y de la atención), anosmia/ageusia, trastornos sensitivos, dolor muscular y mareos son los síntomas más frecuentes que refieren los pacientes con síndrome post-COVID que acuden a neurología, donde ya representan un 3% de las nuevas consultas de este servicio. Según una investigación realizada en Galicia, más del 45% de los pacientes que han superado el COVID-19 y sin sintomatología neurológica previa presenta disfunción cognitiva leve y un 8% moderada-grave tres meses después del alta hospitalaria. Asimismo, el 31% presenta cefalea, un 20% anosmia/ageusia persistente y un 16% mareos. La buena noticia, según el neurólogo del Hospital Ribera Povisa de Vigo Antonio Pato, es que en la gran mayoría de los casos, remiten al cabo de unos meses.

–Según la Sociedad Española de Neurología (SEN), el 3% de las nuevas consultas de la especialidad corresponde a pacientes con post-COVID. ¿Qué síntomas suelen referir?

–Los síntomas que más refieren son la niebla mental, es decir, pérdida de memoria, es decir, confusión y dificultad para concentrarse, dolor de cabeza y/o muscular y cansancio. Hay un estudio realizado en Andalucía, que realizó una evaluación y seguimiento a cerca de 800 pacientes, que concluye que el síndrome de COVID persistente es parecido a una fibromialgia.

“Estamos viendo que los síntomas post-COVID remiten con el tiempo”

decoration

–¿Cuál es el perfil de este paciente?

–El síndrome post-COVID es más frecuente en mujeres. Suele presentarse mayoritariamente a partir de los 50 años y en mujeres previamente sanas y activas, que empiezan con esos síntomas de cansancio, dolor y niebla mental, síntomas que, por otro lado, les deprime.

–¿Cuál es el manejo?

–No hay indicado ningún medicamento específico para el COVID persistente. Lo único que podemos hacer es tratar los síntomas. Yo les prescribo vitaminas para fortalecer la memoria y terapia psicológica. Pero muchas veces lo que necesitan es que se les escuche y se les dé respuestas. Por desgracia, todo lo referente a esta enfermedad es nuevo y muchas veces no las tenemos. Sin embargo, estamos viendo que en la mayoría de los casos, pasados unos meses, estas secuelas remiten, aunque también tenemos algún caso en las que persisten un año después. Pero son los menos. Se está investigando mucho y yo confío en que terminemos sabiendo por qué se da el COVID persistente y, lo más importante, que podamos tratarlo mejor.

–Estudios recientes sugieren una relación entre el COVID y enfermedades neurológicas como el ictus.

–Sí, fundamentalmente en la fase aguda de la enfermedad. El COVID produce una alteración del sistema inmune y de la coagulación de la sangre, por lo que se ven más ictus ahora que antes.

–Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) correspondientes a 2020 revelan que la mortalidad por alzhéimer aumentó un 6,4% ese año y se cree que, aunque el COVID no fue el desencadenante del fallecimiento, sí contribuyó.

–El COVID pasó como una guadaña por los pacientes con alzhéimer. El alzhéimer es una enfermedad que debilita mucho el sistema inmune, por lo que el COVID se cebó con ellos. Además, de una manera rapidísima. Muchos pacientes con demencia estaban acostumbrados a ir a los centros de día, y, de repente, estar siempre en casa, incidió en la evolución de la enfermedad. También el aislamiento que supuso para quienes estaban en las residencias, que de un día para otro dejaron de saber de sus familiares. 

Compartir el artículo

stats