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FERNANDO SUÁREZ | Presidente del Colexio Profesional Enxeñaría en Informática de Galicia (CPEIG)

“Estamos perdiendo el control de nuestros datos, pero aún no es tarde para recuperarlo”

“Ahora podemos aceptar, rechazar o configurar las ‘cookies’, pero estoy seguro de que el 99% de la gente en el 99% de los casos acepta las que vienen por defecto”, afirma

Fernando Suárez. | // FDV

Empleamos la tecnología en todos los ámbitos, desde el trabajo a las relaciones sociales, para comprar o para pedir cita con el médico. Nuestros datos circulan por internet, y cada vez que visitamos una web o descargamos una aplicación y aceptamos las “cookies”, estamos dando permiso para su uso por terceros. La información personal se ha convertido en el oro del siglo XXI, aunque la mayoría de la gente aún lo desconoce y, mientras, las grandes corporaciones hacen su agosto. Sin embargo, según Fernando Suárez, presidente del Colexio Profesional Enxeñaría en Informática de Galicia (CPEIG), todavía no es tarde para recuperar el control de nuestra privacidad.

–¿Hemos perdido el control sobre nuestros datos?

–Hay una cosa que no me gusta cómo fue trasladada a la normativa española: el término ‘protección de datos’. No tenemos que proteger los datos, sino a las personas del uso de sus datos. Si lo hubiésemos llamado como deberíamos haberlo hecho habría calado más. Usamos la tecnología en todos los ámbitos y, al final, no somos conscientes o no percibimos los riesgos que esto puede entrañar. Sí, estamos perdiendo el control de nuestros datos, pero aún tenemos opciones de arreglarlo.

–¿Cuáles son esas opciones?

–Lo más importante es la formación y la concienciación. Tenemos que ser conscientes de que, primero, los datos son nuestros, por eso son personales, y segundo, tenemos que saber el valor que tienen estos datos. A nadie se le ocurre hacer ciertas concesiones en otros ámbitos; en cambio, no hemos sabido trasladar a la sociedad la importancia que tienen los datos personales. Tenemos que concienciemos todos de esa importancia, todos: administraciones públicas, empresas y, sobre todo, ciudadanos. Y aquí hay que tener en cuenta que tenemos colectivos especialmente sensibles, como son los mayores y los más pequeños.

–Europa tiene un reglamento general de protección de datos, que España incorporó a su legislación en 2018. ¿Esto es suficiente?

–El reglamento europeo da un marco común a Europa e incluso nos protege de actividades de empresas que no son europeas. Por lo tanto, creo que la ley es, en cierto modo, suficiente. Ahora bien, hay que aplicarla en toda su extensión, y aquí la dificultad está en que las implicaciones son globales. Podemos estar operando en internet desde España, pero hacerlo a través de saltos por distintos países, con lo cual la trazabilidad es muy complicada. La norma era necesaria, pero tiene que estar acompañada de una formación. Si cedemos nuestros datos y damos el consentimiento al uso por parte de terceros, la ley poco puede hacer.

–¿No podría lograrse un marco global?

–Esto es prácticamente imposible porque hay muchos intereses, distintas percepciones de la ética y de la privacidad, y gobiernos de todo tipo. En Europa lo que trasciende es que los datos nos pertenecen a las personas; en Estados Unidos, a grandes corporaciones como Google, Amazon, Facebook, Apple...; y en el mundo más oriental, como China, a los gobiernos.

–¿No percibimos los riesgos o no nos importa demasiado nuestra privacidad?

–Ambas cosas. Hay una cierta despreocupación en aceptar todo en internet, esa mentira de ‘he leído y acepto’, pues no leemos los términos de privacidad y hay experimentos que lo demuestran. Y luego, pensar que no pasa nada por que haya cámaras de videovigilancia en las calles, por ejemplo, porque no tengo nada que ocultar es erróneo. Una cosa es la privacidad y otra la seguridad, y los gobiernos no deberían jugar con ‘te voy a dar más seguridad a cambio de tu privacidad’.

–¿Qué papel juega la publicidad dirigida en esta pérdida de control?

–¿De qué viven estas grandes empresas que usamos sin pagar? De la publicidad dirigida. Estamos siendo dirigidos en base a esos datos que nosotros damos de forma consciente o inconsciente y, en cierto sentido, somos pequeñas marionetas de estas grandes corporaciones. Se dice que Google nos conoce mejor que nosotros mismos. Y es cierto que más o menos nos conoce y que lo que nos ofrece nos va gustar, aunque no necesariamente sea lo mejor.

–-¿Hay aplicaciones más respetuosas que otras con la privacidad?

–Hay algunas empresas que han tenido tradicionalmente unas políticas en las que la privacidad de los usuarios no ha importado demasiado. El caso de Facebook es bastante claro: ha jugado con la comercialización de datos a espaldas o de forma incluso directa a los usuarios. Appel, por ejemplo, vende privacidad, e incluso se ha negado a colaborar con los cuerpos de seguridad estadounidenses y a romper la encriptación de ciertos datos porque quería poner al usuario por delante, pero también se vio que con los altavoces inteligentes cedía información a terceros. El problema de Europa es que tenemos una carencia de grandes empresas tecnológicas y esto nos hace dependientes de productos de otros países que tienen más facilidad para saltarse las limitaciones legales.

–¿Por qué a pesar de todo seguimos usando estas herramientas?

–Porque la herramienta es una parte importante, pero lo que determina que usemos una u otra es el resto de personas con las que nos comunicamos. ¿Por qué a pesar de todo lo que está pasando seguimos utilizando WhatsApp? Porque todo el mundo tiene WhatsApp. ¿Por qué seguimos en Facebook? Porque todo el mundo tiene Facebook.

–¿Habría que prohibir redes como Instagram a los menores?

–Prohibir nunca es la solución con los menores. Tenemos que ser conscientes de que los hábitos de relación, de entretenimiento han cambiado. Para los menores, la televisión es un electrodoméstico que no tiene ningún interés. Ellos se comunican y consumen contenidos por otras vías. Lo importante, una vez más, es educarlos y aquí las autoridades tendrían que dar un paso al frente e introducir asignaturas con peso específico en el currículo educativo para que los chavales supieran utilizar la tecnología de un modo seguro.

–Ahora no tenemos que aceptar todas las ‘cookies’, por ejemplo...

–Ahora podemos aceptarlas, rechazarlas o configurarlas, pero estoy seguro de que el 99% de la gente en el 99% de los casos acepta las ‘cookies’ que vienen por defecto. Vivimos en la sociedad de la inmediatez y pararnos a leer no nos permite esa inmediatez.

–Uno de los últimos escándalos de Amazon tiene que ver con el control de sus trabajadores a través de dispositivos inteligentes y la creación de un algoritmo para controlar las cargas de cada empleado. ¿Este es el futuro que nos espera?

–No tenemos que bajar los brazos y pensar que ese es el futuro que nos espera. Tenemos que ejercer nuestros derechos y del mismo modo que no podemos asumir que haya cámaras de videovigilancia en la calle porque no tengo nada que ocultar, tampoco podemos asumir que nos controlen en el trabajo porque como trabajadores pertenecemos a la empresa.

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