¿Y si se hermanaran lo mejor del Novo Cinema Galego y la realización cubana? En el ámbito del sonido en el cine, la simbiosis se da en el vigués David Machado (formado en Galicia y Cuba y que entre sus premios ha cosechado un Goya). Pero desde ahora,una nueva figura entre los realizadores ha surgido: el cubano-vigués Pablo Villalobos que estos días ha inaugurado el Festival de Cine de Bogotá con su opera prima, “Altar”.

El director Villalobos, que vive entre Vigo y La Habana.

En el arranque del mismo, señalaba el director del certamen, Henry Laguado, “de 1.800 películas recibidas de diversas partes del mundo, (“Altar”) nos parecía que era la que merecía la pena. Queríamos comenzar con una película distinta. Es diferente. Es una experiencia realmente. Por eso la escogimos y porque es un nuevo director. Esperemos que Pablo Villalobos surja y sea importante en el mundo cinematográfico”.

Efectivamente, el filme supone un poema visual de más de una hora y 20 minutos aproximadamente donde el silencio y la voz en off o de un personaje va vertebrando la historia de dos protagonistas, un hombre y una mujer, en un relato rico en simbología que plantea las fricciones en la pareja, la soledad o la importancia esencial del arte pero también la culpa y la esperanza de seres atormentados que buscan redimirse de ese sufrimiento.

Desde Cuba, Pablo Villalobos –que no pudo volar a Colombia por las limitaciones debido a la pandemia en la isla caribeña– explicaba días atrás a este diario que”Altar” es una “alegoría sobre la vida, el amor y la muerte. Trata de una pareja, ella, pintora (interpretada por Laura Carralero) y él, pianista (interpretado por el propio Villalobos). Van a presenciar un acontecimiento sobrenatural y cada uno va a tener que enfrentarlo recurriendo a sus instintos más primitivos. Yo propongo recurrir al ritual, al encuentro con la muerte”.

“La película añade– comienza mostrando los rituales que cada protagonista tiene en su vida personal. Ella está enfrascada en sus pinturas y el hombre, en la música. Cada uno tiene una meta a la que llegar. Eso conlleva un sacrificio personal y no se sabe a dónde llevará. Ese mundo da un giro completamente y cada uno tiene que afrontar ese giro a su manera”, completa.

Respecto a la selección para el festival de Bogotá, confiesa que fue “una noticia inesperada. Es un festival muy importante y reconocido en Latinoamérica. Para mí, supone un paso muy importante profesionalmente que mi película abra el festival”.

“Altar” , con un pie en Galicia y otro en Cuba, conserva del NovoCinema Galego el idilio de las imágenes con la naturaleza así como el uso del tempo lento.

Es también heredera del cine de Tarkovski a la hora de alejarse de los convencionalismos narrativos cinematográficos para centrarse en el existencialismo humano y echar mano de elementos como el agua para ligarnos a la memoria o la pérdida de esta.

Sobre el genio ruso del celuloide, Villalobos –hijo del artista Nelson Villalobos– recuerda que el primer encuentro que tuvo con la obra de Tarkovski (uno de los autores predilectos también de Óliver Laxe) fue a la edad de diez años con una película propuesta por su progenitor y que al verla quedó tatuado por la atmósfera del filme.

“Se me abrió la cabeza, me di cuenta de que había otro cine”, reflexiona. Esa puerta se abrió y desde entonces no se ha cerrado. “Él se rompe la cabeza buscando una manera distinta de contar historias. Siempre me va a servir de aprendizaje”, añade.

El onirismo de Tarkosvki con la necesidad de incluir el sueño en la película también está presente; así como la necesidad de mostrar un texto diferente.

No obstante, la plasticidad de los planos en “Altar” –que tuvo una première para calibrarla en el Museo do Mar de Vigo– hace pensar también en el peso del arte con imágenes que son como cuadros fotográficos. Villalobos explica que la película está articulada en capítulos aunque la historia se muestra por fragmentos. “Es un puzzle que cada uno puede armarse a su manera. Cada capítulo está presentado por imágenes de una obra, que es ‘El descendimiento”’ de Van der Weyden (del Museo del Prado). Tanto la película como el cuadro los presento como fragmentos de la realidad”, señala.

El cineasta habla también del título:“Altar es donde se ofrendan los sacrificios. Para mí, no tiene que ver con el dios cristiano, tampoco quise eludir a una religión concreta. Tiene que ver más con el misticismo, con la creencia de que cada uno tiene de su realidad. Sí hay una persona que habla a algo que no conoce, que puede ser la naturaleza, dios... pero yo no lo concreto”.

Villalobos ya se encuentra pensando en su nueva película, un filme que parte del poema “Mala sangre” de Rimbaud.