El compositor y director de orquesta Cristóbal Halffter falleció el domingo, en Villafranca del Bierzo (León), a los 91 años. La música española pierde a uno de los principales defensores de su carácter distintivo, pero no sobre el cliché nacionalista que siempre rechazó, sino acudiendo a las bases para modernizarla.

A este respecto, reconocía la paradoja: “Soy un músico de vanguardia que reclama la tradición”, comentó el dos veces ganador del Premio Nacional de Música (en 1953 y en 1988) y Medalla de Oro al Mérito de Bellas Artes (1981) y medalla del Palau de la Música de Valencia (2005), entre otros.

Hijo del también director de orquesta Pedro Halffter, con él desaparece uno de los más notables representantes de la llamada Generación del 51, la de Luis de Pablo, Manuel Moreno-Buendía o Antón García Abril, fallecido también este mismo año en el mes de marzo. Con base en Madrid y Barcelona, se propusieron romper la estética nacionalista imperante hasta entonces e introducir la modernidad en la música, en línea con las demás vanguardias artísticas y apostando en sus orígenes por la música atonal.

Suya fue una de las dos obras que en 1959 marcaron el futuro y empuje de sus tesis, Sonata de Barce, Sonata para violín solo, caracterizada ya por un uso concienzudo del serialismo.

Los momentos previos a que se levantara el telón con cada nueva obra decía vivirlos como “una señora antes del parto”. “El momento del estreno es el de la confrontación de la realidad con la imaginación, la ocasión de vivir el espacio mágico, aunque uno ya imagina cómo es aquello que ha creado”, explicaba.

En las más de cien obras que compuso, como Fanfarria para la paz, afirmaba que no existía “ningún compromiso político ni social, sino humano y humanista”. “Y eso es así porque creo profundamente en el ser humano por encima de todo”, precisaba.

Amante de la obra de Cervantes, Dalí, Machado o los fandangos del padre Antonio Soler, solía decir que nuestros oídos se habían acostumbrado a la “vulgaridad” en la música impuesta por los medios de comunicación. “Me quedo con la poesía de Machado, no necesito de la música de Serrat”, llegó a comentar al respecto.

De su obra solía decir que era “muy española”, pero alejada del cliché que desde fuera se tenía de ello, es decir, “de la tarjeta postal” de Maurice Ravel o de “la Carmen, lo torero, la faca y las castañuelas”.

Sobre su figura se han publicado varios libros, entre los que destaca Cristóbal Halffter, este silencio que escucho, de Justo Romero.