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Tragedia en África

Beriain, un periodista sin barreras psicológicas ni techos de cristal

El reportero asesinado rompía tabús y superaba censuras entrevistando a líderes talibanes cuando las tropas españolas participaban en la guerra de Afganistán

David Beriain, en un hotel de Herat Afganistan junto con el periodista Marc Marginedas, al fondo.

Los reporteros conocemos, trabamos amistad y trabajamos a lo largo de nuestra vida profesional con un buen número de colegas. Con muchos colaboramos, compartimos datos y experiencias, investigamos temas, hacemos entrevistas... Pero hay una pequeña parte de ellos que dejan en nosotros una huella intensa y duradera, quedándonos con la sensación de que, además de camaradería y buenos momentos, a su lado hemos aprendido cosas y maneras de hacer que ignorábamos hasta el momento. En mi personal y subjetiva taxonomía, David Beriain pertenecía a este segundo grupo de periodistas a los que un buen día, por alguna razón, tomé como referencia. Y ahí se ha quedado desde entonces.

Nuestros caminos ya se habían cruzado brevemente en 2003, en Irak, después de la controvertida guerra que derribó al régimen de Sadam Husein. David trabajaba entonces para La Voz de Galicia, y pese a ser más joven que la mayoría de nosotros, demostraba una resiliencia y empeño fuera de lo común. A diferencia de los reporteros veteranos, instalados en la (relativa) comodidad de Bagdad, el navarro residía en uno de esos polvorientos hoteluchos de Diwaniyah, la población chíí a unos 200 kilómetros al sur de la capital donde habían sido desplegadas las tropas españolas. Y fue todo un acierto. Porque gracias a esa cercanía con las fuentes se convirtió en el primer periodista español en entrevistar a los líderes religiosos locales, palpar su descontento ante la presencia de nuestros militares y desmontar las patrañas y los bulos que en Madrid diseminaba el Gobierno de José María Aznar, cuando aseguraba que los soldados patrios eran recibidos como liberadores por los lugareños.

Enorme talento

Pero no fue hasta tres años más tarde, concretamente hasta el otoño de 2006, cuando tomé conciencia del enorme talento que exudaba el navarro por todos sus poros. A petición de la dirección de El Periódico de Catalunya, acompañé a David y al fotógrafo Sergio Caro, colaborador entonces de este diario, durante dos semanas en un viaje por Afganistán, visitando no solo Kabul, la capital, sino también regiones con fuerte presencia insurgente como Farah, en el oeste, o Nuristán, junto a la frontera con Pakistán. Ahí, el reportero de Artajona demostró que carecía de límites, logrando entrevistar por vez primera en España a líderes talibanes y rompiendo una barrera psicológica que todos los informadores, de forma inconsciente, nos imponemos en cuanto nuestro país participa en un conflicto armado: conversar con el 'bando enemigo', con los 'otros', dar a conocer su versión de los hechos y contrastarla con los sesgados y edulcorados relatos ofrecidos por los gobernantes del momento, aquí ya pertenecientes a un Ejecutivo de diferente color político encabezado por José Luis Zapatero.

Afganistán fue la primera de una serie de coberturas conjuntas que nos llevaron, primero de vuelta al país centroasiático, y luego a lugares como el Kurdistán iraquí o Libia. En todas ellas, David siempre se mostraba como un periodista tenaz, una suerte de perro de presa, que no soltaba una historia e insistía e insistía hasta que lograba su objetivo. Fue esta obstinación la que permitió a nuestra pequeña comitiva de periodistas entrevistar cerca de Shindand, en el oeste afgano, a un señor de la guerra a cuya cabeza el mando militar estadounidense acababa de poner precio, fotografiar en Kandahar, durante su exposición pública, el cadáver de un prominente líder talibán recién abatido por las fuerzas de seguridad o conversar en las montañas del norte iraquí con los rebeldes kurdos en un momento en que Turquía había lanzado una ofensiva militar contra ellos.

David era un hombre de mundo que consideraba a Artajona, un precioso pueblo amurallado de la comarca navarra de Tafalla, el "centro del universo". Allí celebró su boda hace poco más de un decenio con la venezolana Rosaura Romero, al frente de 93 metros, la productora que habían montado conjuntamente. Formaban un equipo redondo, compenetrado y lleno de amor. Una de esas raras combinaciones, difíciles de lograr, en las que vida afectiva y profesional se funden de forma exitosa.

David, te has ido. Pero tus documentales, tu carisma, tu legado y tu ejemplo, tanto profesional como personal, siempre nos acompañarán a todos nosotros.

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