Dos grandes símbolos para una jornada simbólica. La Constitución y el Quijote. Palabras mayores para la Princesa de Asturias en su primer acto oficial en solitario. La sede del Instituto Cervantes de Madrid fue el escenario elegido para un esperado estreno sin la presencia de los Reyes en el que, a diferencia de sus dos últimas presencias en los premios asturianos que llevan su nombre, no hubo discurso oficial aunque sí hubo unas palabras que no se esperaban. Los hechos, en cualquier caso, fueron harto elocuentes: la norma suprema del ordenamiento jurídico español y la obra cumbre de la Literatura.

Leonor, de quince años, depositó ambos símbolos en la Caja de las Letras de la cámara acorazada de la sede de la entidad cultural –que cumple treinta años de existencia–, un lugar donde reposan legados de grandes creadores y representantes de la cultura española e hispanoamericana, entre ellos nombres asturianos como el de la filósofa Amelia Valcárcel o el de la científica Margarita Salas, que fue la primera mujer en hacerlo, en 2008. Leonor utilizó el cajetín 2021, ubicado –precisamente– entre el del Nobel Severo Ochoa y el del escritor Miguel Delibes, el último que, de manera póstuma, dejó guardado un manuscrito hace pocos días.

En presencia del director del Instituto, Luis García Montero, y de la vicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo, la Princesa introdujo los dos ejemplares y García Montero le entregó la llave del tesoro. Un matiz respecto al resto de legados: su recuerdo posee un carácter permanente, a diferencia de la mayoría de personalidades que han depositado el suyo desde 2007 con fecha de apertura.

No estaba previsto que Leonor de Borbón pronunciara un discurso, pero la hija de los Reyes cogió por sorpresa el micrófono para lanzar, con nervios reales, “un comentario y una pregunta” a la secretaria general del Instituto Cervantes, Carmen Noguero, después de escuchar su explicación sobre los planes de digitalización que tiene en marcha la institución.

–Gracias a todos los trabajadores del Instituto Cervantes por estos 30 años.

Después apeló a su condición de estudiante de cuarto de la ESO para dar su enhorabuena por “lo muy útil” que le resulta para sus estudios a ella y a sus compañeros la herramienta virtual del Cervantes. Por último, haciendo honor a los genes de periodista heredados de su madre, se interesó por los trabajadores de la institución que no pudieron regresar a España debido a la pandemia.

–Qué tal están, si ha mejorado su situación y si han podido venir. Nada más, muchas gracias –dijo la Princesa sin abandonar su asiento.

Dentro de la cámara acorazada, García Montero agradeció “un compromiso con la cultura. Aquí conservamos el legado de grandes artistas y representantes de la cultura española e hispanoamericana. Por eso es muy importante su presencia aquí. Siempre decimos que la verdadera riqueza de un país es su cultura y la defensa de su lengua y de sus artes, y los legados representan ese compromiso con la cultura”. García Montero destacó el detalle de que la heredera haya dejado como recuerdo la Constitución, que define a España como “un país democrático, plural y de derecho”.

El escenario y los ejemplares allí depositados son familiares para la Princesa. El Instituto Cervantes acogió sus primeras palabras en público en octubre de 2018, el día de su cumpleaños, con la lectura del artículo 1 de la Constitución, texto que ahora alberga la Caja de las Letras junto con el Quijote, la novela infinita de la que recitó un fragmento con su hermana, la infanta Sofía, en una lectura dedicada a quienes luchan contra el coronavirus. Fue en abril del año pasado cuando se escuchó a Leonor: “Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años; era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza...”

En su primera aparición tras hacerse público que estudiará los dos cursos del bachillerato en un internado en Gales (Reino Unido), la Princesa de Asturias escuchó vírores y gritos de apoyo tanto a la llegada como a la marcha de la sede del Cervantes en la calla Alcalá de Madrid. “¡El futuro es Leonor”, gritaron docenas de personas reunidas en el exterior. “¡Viva el rey y viva la princesa!”, corearon. La heredera de la corona –florido vestido de volantes de estilo abiertamente primaveral y zapatos de leve tacón– les saludó con la mano.

Sin sus padres al lado, la Princesa estuvo acompañada por el jefe de la Casa del Rey, Jaime Alfonsín, y la única mujer ayudante de campo con la que cuenta Felipe VI.

La visita, de 45 minutos, se completó con un recorrido por el vestíbulo de la sede con la exposición de algunos libros escritos en catalán, gallego y euskera por autores como Ramón Llull, Ausiás March, Martí i Pol, Martín Codaz, Manuel Rivas o Bernardo Atxaga. Leonor cogió entre sus manos los poemas gallegos de Rosalía de Castro –“Pasa río, pasa río, co teu maino rebulir”...– mientras escuchaba la explicación de García Montero.

Ella misma se llevó tres libros como agradecimiento por su vista: “Joana”, del poeta recientemente fallecido Joan Margarit; “Quisiera tener”, un poemario en distintas lenguas; y “Antología poética”, obra traducida al catalán del propio director del Instituto Cervantes.

Fue el de ayer un paso más en la compleja travesía institucional iniciada por la Princesa de Asturias desde hace tres años para ganar visibilidad ante la ciudadanía.