13 de octubre de 2014
13.10.2014

La memoria viva de los tejeros

El investigador Manuel Dorado González ensalza el sacrificado oficio

13.10.2014 | 01:49
Manuel Dorado observa a cabaqueiros en la demostración de la Romancha celebrada en O Rosal.

En el siglo XVI el Baixo Miño tenía seis tejeras o telleiras. Pasado el tiempo, los tejeros eran tan buenos y rápidos en el trabajo que hasta A Gándara, Salcidos y O Rosal llegaban patrones para contratar cuadrillas que organizaba un oficial. Desde el siglo XVIII hay datos de tejeros o cabaqueiros que trabajaban como máquinas en tierras de Castilla y León y tenían jerga propia.

La Romancha do Cabaqueiro de O Rosal es una cita anual que rememora el oficio de tejero o cabaqueiro que muchos vecinos de la zona ejercieron hasta entrada la década de los años 70 del siglo pasado en telleiras de Castilla, León, Ferrol.... El investigador y director de Aenor Laboratorio, Manuel Dorado González, rosalino de nacimiento que conoció ya de pequeño el trajín de la tejera que tenía su padre, fue el pregonero, presentado por el alcalde Jesús Mª Fernández Portela y la concejal Charo Tabales.

Dorado habló desde el corazón, con el recuerdo vivo del duro trabajo que realizó su padre en una tejera de Ferrol. "Trabajaban desde la mañana hasta que se ponía el sol. Las madres son quienes se encargaban de cuidar a los animales, de coger el argazo, de cuidar la casa para cuando llegase el cabaqueiro...", relató como homenaje a las mujeres que sufrían el sacrificio de vivir sin sus maridos, cargadas de trabajo y responsabilidad. "Mi madre y yo, en junio, íbamos a ver a mi padre, que trabajaba junto a mi tío. Ellos conocían todas las fases para elaborar tejas y ladrillos, utilizando máquinas", recordó. Describió al detalle el delicado proceso de cocción en una versión innovadora de horno para cerámica. El color del humo era el indicador que les guiaba en esa fase crucial, "un auténtico arte".

No olvidó retratar los momentos entrañables que disfrutaban juntos los cabaqueiros, sobre todo cuando llegaba el verano y disfrutaban comiendo melones. El ejercicio de este oficio es una muestra del valor del hombre gallego "que se enfrentaba a todo, sin miedo a nada". Destacó la importancia de ser digno de confianza y de la unión, para ser más fuertes. Muy cerca del orador, Xoán Martínez Tamuxe relataba, en la jerga del cabaqueiro, cada paso de los participantes en su demostración. Allí estuvieron los oficiales Juan Vicente Armán y Luis Vicente Martínez, además de los tendedores Avelino Villasenín, Alfredo Pérez Pérez, Francisco Fernández Costas y Bernardino Ferreira Ferreira, entre otros.

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