13 de agosto de 2013
13.08.2013
Series

Penúltima cena con Los Soprano

En la mafia se come y se bebe abundantemente, sirva de ejemplo la obra maestra de la HBO

14.08.2013 | 07:46
Los Soprano. / PABLO GARCÍA

El capocollo, también conocido por coppa, es un embutido italiano originariamente calabrés que se elabora con carne curada de cerdo procedente del cuello. Quienes estén familiarizados con los salami de producción transalpina lo recordarán por su sabor ligeramente salado y especiado y la característica veta de tocino que le proporciona ternura grasa. El capocollo es, junto con los ziti de Carmela, la pièce de résistance en cuanto a comida se refiere de Los Soprano, el gran clásico de la HBO y la serie que posiblemente más ha contribuido al gran cambio que introdujo la televisión de pago a finales de la década de los noventa y principios de siglo.

Por si se me olvida, los ziti, por los que el padre Intintola, confesor de Carmela Soprano, estaría dispuesto a pecar, son un tipo de pasta dura de forma cilíndrica y de calibre considerable parecidos a los macarrones pero que se distinguen de ellos por tener una superficie lisa, no estriada. Se consumen principalmente en el sur de Italia acompañados de cualquiera de esas espesas salsas de tomate alimentadas por las salchichas y la albahaca.

La presencia del capocollo es capital en el frigorífico, uno de los grandes protagonistas de la ficción creada por David Chase. Tony Soprano, interpretado por el inolvidable James Gandolfini, se dirige a él con determinación en todos y cada uno de los episodios de la serie. Abre y allí se encuentra con unos paquetitos con el nombre del fiambre indicado. La doctora Melfi ( L o r r a i n e Bracco) compara el capocollo con la magdalena de Proust al confesarle Tony que al comer una loncha le vino a la memoria el día en que, siendo un adolescente, vio a su padre cortarle los dedos de una mano al carnicero Satriale por no pagar sus deudas de juego.

Satriale, que proveía de embutidos y distintos cortes de carne a la familia, acabó cediendo el negocio donde acostumbran a reunirse los mafiosos y, de vez en cuando, despiezan a algunas de las víctimas antes de hacerlas desaparecer. Si no hay cuerpo, no hay muerto. El equipo de producción de la serie alquiló un edificio que convirtió mediante el atrezo en la carnicería Satriale´s. En la actualidad es un solar que los conductores utilizan como aparcamiento en Kearny Avenue, a continuación de Newark, el mayor núcleo de población de Nueva Jersey, también conocida por "la ciudad de los ladrillos".

Cuento esto, aprovechando como se suele decir que el Pisuerga pasa por Valladolid y por si les resulta de algún provecho a los interesados en la geografía del crimen o alguno de los cientos de seguidores de la aclamada obra maestra de la televisión. Otros lugares de referencia son en cambio perfectamiente visibles. Piazzaland, que los telespectadores se habrán hartado de ver en la introducción de la serie, es realmente un local minúsculo que sirve pizza y ha sabido aprovechar el poderoso reclamo de la popularidad, en North Arlington para ser precisos en el 260 de la carretera de Belville.

Los Soprano, como sucede con todos los clanes criminales, comen y beben abundantemente. La comida es parte del hilo argumental de la serie: en los cuarteles del Bada Bing! o en el citado Satriale´s; en la casa familiar de North Caldwell; en el Vesuvio, de Artie Bucco, o en cualquier otro lugar hasta el famoso fundido final con los aros de cebolla en Holsten´s. Hay pitanzas por docenas. Ríndanle el penúltimo homenaje póstumo a Gandolfini, que según dicen murió después de un atracón, y si ya la han visto vuelvan a ver de nuevo la memorable serie de la HBO; con ella resulta imposiblemantenerse inapetente.

Y por si quieren ampliar conocimientos, el recetario Family Cookbook, con una compilación de los platos de Bucco, escrito por Allen Rucker y asesorado por Michele Scicolone, no está mal. Desconozco si lo han editado en España, en cualquier caso resulta fácil de adquirir a través de internet. La comida acompaña, además, algunas de los diálogos más graciosos de la serie. Bobby Bacala, soldado de la familia, ayudante personal durante un tiempo del tío Junior, se está zampando un filete con patatas de Newport cuando Tony le pregunta por su madre.

Bacala le responde que se siente perturbada tras el atentado del World Trade Center. Dice:" Quasimodo predijo cosas así".Y el boss le corrige:" Fue Nostradamus. Quasimodo era el jorobado de Notre Dame"."Eso, Notredamus", dice Bacala interrelacionando inconscientemente el personaje y el lugar. Tony Soprano se enfada:" Nostradamus y Notre Dame son dos cosas distintas". Pero lo hace con la boca llena.

Otra gran ocasión, entre mil: Carmine Luppertaci, si recuerdan uno de los jefes de las cinco familias de Nueva York, acaba de comer cuando Johnny Sack, su underboss, le pide permiso para cargarse a Ralph Cifaretto, capitán del clan de Nueva Jersey, que contó un chiste grosero en público a propósito de la obesidad de su mujer.

El boss no se lo concede. Mantiene que será suficiente con una multa. Doscientos de los grandes. Sack, profundamente dolido, protesta."¿Ahora todo se resuelve con dinero? ¿Si se la folla será un millón?", pregunta. Luppertaci responde, a su vez, preguntando:"¿Se la quiere follar?".

Recuerden, las barrigas gordas sirven para guardárselo todo. Consta en un dicho sobre la omertá, la ley mafiosa que ampara el silencio. Así se lo reprochó Bernardo Provenzano al capo catanés Antonino Calderone, que acabaría colaborando con la justicia en el arresto de 200 mafiosos sicilianos.

Buonanima, Tony, por Gandolfini al que siempre tendré en la memoria abriendo la puerta del frigorífico en busca de capocollo.

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