La ansiedad, la depresión, los trastornos de evitación son algo habitual entre la población adulta. Pero no debemos olvidar que también pueden afectar a los niños, incluso en edades muy tempranas.

Y los problemas emocionales en los niños, cuando aparecen, suponen un verdadero quebradero de cabeza para los padres, que ven con impotencia que algo está ocurriendo a su hijo pero no saben ni a qué se debe, ni cómo actuar. 

Para resolver las muchas dudas que pueden surgir ante un comportamiento extraño del niño, y también para reconocer cuándo estamos ante un verdadero problema, hemos hablado con la psiquiatra infantil del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús, de Madrid, doctora Goretti Morón Nozaleda

Algunas cuestiones básicas sobre los problemas emocionales en los niños

Lo primero que hay que saber en este tema es que los signos de los problemas emocionales en niños y en adultos son muy distintas, y por eso, en el caso de los más pequeños hay que interpretar las señales de forma distinta a como lo haríamos con un adulto. 

Tampoco hay que olvidar que estas señales o síntomas de los trastornos emocionales son muy cambiantes en los niños.

La doctora Morón Nozaleda pone de manifiesto esta variabilidad comentando que:

  • “Los diagnósticos en los niños deberían escribirse a lápiz para corregirlos fácilmente, porque algo que comienza como un trastorno de ansiedad puede transformarse en un problema de conducta y luego desaparecer sin más”.

Los problemas psicológicos en los niños son especialm,ente complicados de tratar Foto Mohamed Abdelghaffar

Origen multifactorial

Por último, también es importante que entendamos el origen multifactorial de estos problemas anímicos:

  • La vulnerabilidad genética (antecedentes de ansiedad, depresión)
  • Los factores psicológicos propios de cada niño (temperamento, carácter)
  • Los factores sociales que le rodean (familia, colegio, amigos). 

Y un poquito de cada uno de estos factores puede causar un problema emocional.

La psiquiatra infantil nos pone un ejemplo muy visual: “Imagínate una bolsa de pelotas: las genéticas son rojas, las psicológicas azules y las sociales verdes. Habrá niños que tengan muchas pelotas rojas y tendrán mucha vulnerabilidad genética, habrá otros con muchas pelotas azules en las que sus rasgos psicológicos pesarán más y habrá otros a los que un aumento de pelotitas verdes les puede afectar”. 

  • “La pandemia disparó todo esto. Los niños que ya iban cargados de pelotas rojas y pelotas azules recibieron una cantidad considerable de pelotas verdes (confinamientos, medidas de restricción), disparando los trastornos emocionales”, explica Morón. 

Las señales de que un niño tiene problemas emocionales son diferentes Photographer: Anastasiya Nedohonova

¿Cómo detectar los problemas emocionales en los más pequeños?

Teniendo en cuenta todas estas características y condicionantes propios de los problemas emocionales infantiles, la experta en psiquiatría infantil nos ofrece algunas claves para identificar las señales de que nuestro hijo tiene algún problema, algo que no siempre es fácil. 

“La forma que tienen los niños de manifestar los problemas emocionales son de dos tipos: los internalizantes y externalizantes.

  • Los internalizantes "son unos síntomas que pasan más desapercibidos y que pueden ocultar un problema. Son los que se pueden identificar más con emociones (ansiedad, introversión, dificultades para relacionarse, tristeza, depresión)”, explica la doctora.
  • Los externalizantes "son los que se manifiestan hacia fuera y son más fáciles de detectar. Por ejemplo, las alteraciones de conducta, el oposicionismo, las rabietas, pegar a otros niños, no ser capaces de mantenerse sentados…” Estas señales externas son más habituales entre los niños que entre las niñas. 

Conforme a esto, algunas de las señales más habituales que debemos conocer son: 

  • Cambios en la conducta o en su forma de hacer las cosas que no se corresponden a su momento evolutivo. Cuestiones como las rabietas, la negación de todo o la timidez son parte del proceso evolutivo del niño y no significa que siempre haya un problema detrás.

“Lo que tenemos que plantearnos es si ese comportamiento se corresponde con la edad del menor y pensar si ha habido algo que haya desencadenado estas conductas, porque en este caso estaríamos hablando de un proceso adaptativo más que de un problema emocional”.

  • Que el niño esté más llorón
  • Aumentan los miedos.
  • El niño sufre regresiones, “por ejemplo vuelve a hacerse pis por la noche”.
  • Si deja de disfrutar de cosas de las que antes lo hacía, “como por ejemplo dejar de ir contento al colegio o al parque cuando antes lo hacía”.
  • Trastornos en la alimentación, bien ingiriendo más comida de la normal o menos. 
  • Si tiene problemas de sueño.

No pocas veces la tristeza de un niño es sintoma de que algo no va bien Foto de Ivan Samkov

¿Entonces, cualquiera de estas señales me debe hacer acudir al pediatra?

Goretti Morón nos aclara esta cuestión.

“Probablemente en un primer momento cualquiera de estas señales no sea motivo para llevarle al pediatra, pero hay que estar atentos puesto que la permanencia de estos síntomas. Porque si son tan llamativos que alertan a padres y a profesores, se debería consultar con el médico y no dejarlo pasar más de entre 1 y 3 meses”. 

“Todo va a depender de la repercusión real en la vida del niño y de su grado de sufrimiento”, añade la psiquiatra infantil. 

¿Qué hacer en casa ante estas señales?

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En muchas ocasiones no va a ser necesario buscar ayuda especializada, pero para que el problema no vaya a mayores, la doctora Morón nos da algunas claves para tratar en casa esos problemas emocionales: 

  • Entender lo que el niño está pasando y hacérselo entender a él es clave para afrontar el trastorno”.
  • Transmitirle tranquilidad y hacerle entender que no está solo ante ese problema. 
  • “Transmitirle que su entorno está bien, aunque no esté bien. Esto no es nada fácil, pero hay que intentar plantearle el problema de tal manera que lo pueda integrar en su vida”.
  • Que se sienta mirado, porque para los niños que los miren es fundamental para sentirse acompañado y atendido”. 
  • Y por último y a pesar de la atención que el niño precisa en esos momentos, no se debe olvidar que los padres han de seguir poniendo límites. “Los niños necesitan los límites porque son fundamentales para ordenar su celebro. Además, no hay que olvidar que para los pequeños perder los límites es una forma de perder a los padres”, concluye la psiquiatra.