Una estatua viajera con una hermana en Cartagena

Montero Ríos trasladó la escultura de Colón, tallada en Roma, desde el Palacio de Santa Cruz, en Madrid, a su Pazo de Lourizán

La estatua de Colón, ubicada en los jardines de Vincenti.   | // RAFA VÁZQUEZ

La estatua de Colón, ubicada en los jardines de Vincenti. | // RAFA VÁZQUEZ / Susana Regueira

No figura entre las estatuas más fotografiadas de la ciudad (un protagonismo que asumen a diario en miles de selfies otras como la de Valle Inclán o el Fiel contraste) pero con seguridad es la más viajera de ellas. Se trata de la dedicada a Colón, en los jardines de Eduardo Vincenti, precisamente uno de los hombres ligados a la ya larga historia de nuestra protagonista.

Fue el artista santiagués Juan Sanmartín y Serra quien recibió el encargo de realizar la escultura. En el último tercio del siglo XIX el Ministerio de Ultramar, desaparecido tras la pérdida de las colonias americanas, buscaba una obra que adornase su sede, ubicada en el bajo del Palacio Real de Madrid.

Sanmartín talló la obra en Roma, empleando mármol de Carrara, tan apreciado por su blancura, la ausencia de vetas y su finísimo grano. Retrató al navegante con sayo y manto de su tiempo. Dirige la mirada al frente, en la mano derecha porta una bandera de Castilla, en la izquierda un pergamino e incluye otros símbolos como un globo terráqueo.

La propuesta fue tan del gusto de la administración que poco después el Ministerio de Marina le encargó a Sanmartín realizar otra escultura dedicada a Colón. Ésta fue tallada en Génova, y posteriormente trasladada a Marsella por un barco militar francés. En la ciudad gala la hermana de nuestra protagonista fue embarcada en un vapor español con destino al arsenal de Cartagena.

Se suponía que la escultura adornaría algún punto del arsenal, pero en realidad “nunca la montaron”, explica el arquitecto e historiador Rafael Fontoira, “es muy parecida a la de Pontevedra, incluso con el globo terráqueo, y estuvo siempre en una caja hasta que el Ayuntamiento le buscó un emplazamiento adecuado, en un jardín mirando al mar”.

En el último tercio del siglo XIX el Ministerio de Ultramar, desaparecido tras la pérdida de las colonias americanas, buscaba una obra que adornase su sede, ubicada en el bajo del Palacio Real de Madrid

En el último tercio del siglo XIX el Ministerio de Ultramar, desaparecido tras la pérdida de las colonias americanas, buscaba una obra que adornase su sede, ubicada en el bajo del Palacio Real de Madrid. Encargó la escultura al artista santiagués Juan Sanmartín y Serra

Por su parte, nuestra protagonista también viajó. Extinguido el Ministerio de Ultramar, fue trasladada al Palacio de Santa Cruz, actual sede del Ministerio de Exteriores, que en aquel momento era propiedad del Ayuntamiento de Madrid.

El Palacio de Santa Cruz fue remodelado y aquí es donde entra en escena el político y periodista gallego Eduardo Vincenti. “Era el alcalde de Madrid y el yerno de Eugenio Montero Ríos”, recuerda Rafael Fontoira, convencido de que la escultura estaba en el primer patio del palacio (cuenta con dos, dedicados a Colón y a Elcano) “y cuando el edificio fue remodelado, porque estaba en muy mal estado”, el entonces presidente de Gobierno lo compró para su mansión de Lourizán.

“Estoy convencido de que Eugenio Montero Ríos aprovechó la renovación del palacio y se trajo varios muebles que iban a ser retirados”, señala el que durante décadas fue arquitecto de Patrimonio, “los compró y se trajo algunas cosas, entre ellas la escultura”.

La situó en el bellísimo invernadero del Pazo de Lourizán, que como sabemos tampoco sería su ubicación definitiva. La mansión de Montero Ríos fue abandonada y Remigio Hevia Marinas, el conocido alcalde Hevia, pidió a la Diputación trasladar la obra.

La mansión de Montero Ríos fue abandonada y Remigio Hevia Marinas, el conocido alcalde Hevia, pidió a la Diputación trasladar la obra. Con ella, también viajaron a Pontevedra dos fuentes que estaban en los jardines del Pazo de Lourizán

Rafael Fontoira también conoce bien esta parte de la historia, ya que fue su padre, Manuel Fontoira Peón, entonces presidente de la Diputación de Pontevedra, quien autorizó el cambio. Indica que “mi padre puso como única condición para el traslado que la escultura tendría que ocupar un espacio público”, y el emplazamiento elegido fueron los jardines de Vincenti.

Con la escultura, también viajaron a Pontevedra dos fuentes que estaban en los jardines del Pazo de Lourizán y que fueron reubicadas a unos metros de la estatua, en las inmediaciones de la sede central de la Diputación.

El historiador coincide con los vecinos de San Roque en que la obra tendría que realizar un tercer viaje. “Ellos pidieron en varias ocasiones que la obra se sitúe en la rotonda al final de la calle Paseo de Colón”, recuerda Rafael Fontoira, “y estoy de acuerdo en que debería ser trasladada a ese emplazamiento, sobre un pedestal más alto que le diese más visibilidad. Y mirando al mar” como, recuerda, seguramente le gustaría al marino.