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El rastro oculto de la masonería en Pontevedra

El Archivo Histórico conserva una sala vinculada a la sociedad

La guía explica la historia de la masonería a los visitantes.

La guía explica la historia de la masonería a los visitantes. Rafa Vázquez

La ventana semicircular que vigila el Paseo de Colón desde el edificio del Archivo Histórico Provincial habría sido testigo de reuniones y ritos masónicos en la ciudad a finales del siglo XIX. Eso parece indicar, al menos, la estructura de una de las salas del edificio, con la típica distribución de la época, una especie de retablo con barandilla presidiendo la sala. La realidad, es que dada la discreción de los archivos privados de la masonería no hay manera de constatarlo. Sin embargo, como explican en las visitas guiadas de la Semana del Patrimonio Invisible, todos los elementos del edificio indican que así fue.

Y es que antes de que el edificio se convirtiera en el Archivo Histórico en los años 60, fue el hogar de la familia Fonseca, construida en 1910. De estilo neoclásico, sus esfinges de granito, grifos y columnas hacen referencia a figuras mitológicas de protección a lugares a espacios de sabiduría.

A lo largo del recorrido recuerdan que la masonería estuvo prohibida, era una sociedad muy discreta en sus contenidos y normalmente estaba formada por libres pensadores. Esta sociedad llegó a la ciudad en torno a 1870, cuando la burguesía comenzó a acceder a la política e instituciones culturales, ganando espacios en la sociedad. Así se fundó en la Boa Vila la primera logia masónica, llamaba helénica, que se mantuvo activa hasta principios del siglo XX.

Caballero de Rosacruz

En ese momento, la masonería se enfocaba como un proyecto de vida en el que las personas realizaban un ascenso a través de los ritos masónicos, puliendo aspectos morales e intelectualmente y adquiriendo nuevos conocimientos. Eulogio Fonseca, propietario de la vivienda, formó parte de ella e incluso llegó al grado 18, de la masonería el más alto que se podía alcanzar, nombrándose caballero de Rosacruz.

Además, también en 1910, se fundó en la ciudad la Sociedad Teosófica Marco Aurelio, con muchos miembros masones, pero con un enfoque más espiritual. Este grupo entendía que religión, ciencia y filosofía buscan una verdad universal, pero que había cosas inexplicables y creían que tras la muerte había un proceso en el que el espíritu debía ser guiado por una especie de médium a través de rituales que también se podrían haber realizado en esta sala. Y es que uno de los máximos representantes de la sociedad fue Javier Pintos Fonseca, sobrino de Eulogio y constructor de dicha vivienda.

Sala de investigadores del archivo. Rafa Vázquez

La estructura de la vivienda de la época fue alterada cuando el edificio se dedicó al Archivo, sin embargo aún se conserva dicha sala. Actualmente, el archivo cuenta con un segundo edificio anexo realizado en la ampliación del archivo en los 60, cuando también era biblioteca. También cuenta con dos bajos contiguos con acceso independiente. La documentación guardada en total es el equivalente a 11 kilómetros de estanterías lineales y el archivo se encuentra casi al 100% de su capacidad. Todo ello conservado a una humedad del 45% y a unos 21 grados.

El edificio guarda documentos datados desde 1541 con archivos tan especiales como planos del anteproyecto de la casa de correos, el contrato para realizar la portada mayor de la iglesia de Santa María, una Cantoral del siglo XVI o la relación de pasajeros embarcados en Vigo a la Habana.

Estas visitas, que comenzaron ayer y se realizarán hasta mañana recorren espacios cotidianos que guardan increíbles historias sobre lo que fue la vida de Pontevedra en los siglos pasados.

Además del Archivo Histórico, donde los usuarios pudieron preguntar a los trabajadores a cerca de su funcionamiento, la Semana del Patrimonio Invisible recorre también el Colegio del Sagrado Corazón de Placeres, el Depósito y cementerio de San Amaro, los jardines de Lourizán y Villa Pilar. Las entradas se agotaron a las pocas horas de que salieran.

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